sábado, 11 de diciembre de 2010

Aura Marina, tiene un amante.

Mi querida y admirada Aura Marina, el amor de mi vida, tiene un amante que nos impide acercarnos y comunicarnos.

A mis pacientes que se hayan sin brújula en la vida, aquellos que andan dando tumbos de aquí para allá, me encantaría poder decirles que se consigan un amante, pero no puedo aconsejar a nadie sobre qué hacer con su vida, mi ética profesional me lo impide.

Tener un amante es poder vivir la vida apasionadamente, con intensidad suprema, con ganas de existir, con deseos que salga el sol para poder iniciar o continuar algo que motive la existencia cotidiana.

Aura Marina, como brillante abogada que es, trabaja en uno de los despachos jurídicos más prestigiados de la ciudad de México, donde se llevan los asuntos de la gente importante de la política, los espectáculos y los negocios.

Aura Marina es cabeza de un grupo de jóvenes abogados recién egresados de la Universidad, que se ocupan de auxiliarla en llevar y traer expedientes de los tribunales al despacho. Ese bello despacho ubicado en el elegante edificio frente al Parque España, en la Avenida Nuevo León 489, Colonia Condesa, es la envidia de otros despachos igualmente prestigiados.

Decir que mi amada Aura Marina es una "workahólica", es pensar en ella como adicta al trabajo, pero no es así. A ella simplemente le fascina su trabajo, tanto es así, que no deja espacio para atender su relación conmigo. Está ocupada de día y de noche, ni siquiera le puedo llamar a la hora de la comida porque se encierra en el comedor del despacho y no constesta el teléfono. Tiene razón en eso, ya que dicen los budistas que cuando comes, come. Solo es posible atender una cosa y ya, no varias a la vez.

Me ocurre que le hablo a la hora de la comida, si me llega a responder el teléfono, de inmediato siento su incomodidad como si perturbara una parte fundamental de su ser. Siempre está acompañada de sus subalternos, eso la hace adquirir un tono en el habla que la rigidiza demasiado, habla como militar, con frases cortas y de modo tajante corta la conversación: "Tengo mucho trabajo, nos hablamos al rato".

En lo noche pasa lo mismo, sigue trabajando en los asuntos importantes del despacho, cosa que lo hace con suficiencia y eficacia, y vuelvo a insistir en llamarle por teléfono y las respuestas son del mismo carácter, frías, secas, ninguna palabra cariñosa. No vaya a ser que pierda el encanto de profesionista exitosa que no se puede dar el lujo de enamorarse y tener un amor lejano, como el nuestro.

Cuestión de imagen pienso yo. Pero me duele el trato oficinesco que recibo, tipo memorandum, cuando ella se digna a recibir mis llamadas telefónicas.

Sin embargo, estoy enamorado profundamente de Aura Marina, y tengo que soportar estos desplantes de la abogada exitosa. Pienso que todo puede cambiar en el momento en que me haga presente en México y hagamos vida en común.

La distancia es algo que afecta a toda relación amorosa, la nuestra no es la excepción, ya que no podemos darle continuidad a las cosas, a las conversaciones, todo queda pendiente, en el aire.

Esto no puede tomarse como una queja por el amante que tiene Aura Marina, que la absorbe hasta la saciedad, tengo que acoplarme a sus ritmos de trabajo pero es algo complicado de llevar a la práctica.

Aura Marina y yo estamos planeando la boda en México en fecha próxima,pero en realidad soy yo el que está dedicado a pensar en los detalles de la ceremonia, estoy actuando como una mujer enamorada que piensa en el vestido y en los arreglos flores, en la música y en la comida. Es que mi adorada Aura Marina no tiene tiempo para pensar en esa nimiedades.

Ya faltan pocos días para que nos encontremos cara a cara, y entonces el amor se concretará de otro modo.

Por lo pronto estoy como Penélope, sentadita en la Estación del Tren, espere y espere...

2 comentarios:

  1. Tu nota me hizo pensar en el poema de Benedetti "amor de tarde", pero pronto pronto se te hara :-)

    AMOR, DE TARDE

    Es una lástima que no estés conmigo
    cuando miro el reloj y son las cuatro
    y acabo la planilla y pienso diez minutos
    y estiro las piernas como todas las tardes
    y hago así con los hombros para aflojar la espalda
    y me doblo los dedos y les saco mentiras.

    Es una lástima que no estés conmigo
    cuando miro el reloj y son las cinco
    y soy una manija que calcula intereses
    o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
    o un oído que escucha como ladra el teléfono
    o un tipo que hace números y les saca verdades.

    Es una lástima que no estés conmigo
    cuando miro el reloj y son las seis.
    Podrías acercarte de sorpresa
    y decirme «¿Qué tal?» y quedaríamos
    yo con la mancha roja de tus labios
    tú con el tizne azul de mi carbónico.

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  2. Al menos sabes a que irás Bolivar. Le has visto esa cara de su vida y tendrás que aceptarla si te casas con ella.

    Bello poema de Benedetti.

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