Sucede a menudo que en una pareja amorosa, uno de los dos está más entusiasmado, "más enamorado" que el otro. La reciprocidad no es del cien por ciento, es dispareja, pero la subjetividad que envuelve al hecho lo hace difícil de interpretar.
No existe un aparato que mida el amor, sus grados y frecuencias, el famoso y deseable "amotrónomo" aun no se ha inventado, por lo que seguiremos basándonos en la intuición y el sexto sentido.
Nadie podría asegurar con certeza que las parejas se han enamorado de la misma forma y que siente todo igual. Imposible, porque las vivencias y experiencias vitales hacen de los individuos seres únicos e irrepetibles.
Sólo en la literatura el amor de los amantes tiene la misma intensidad y pasión, por ejemplo el caso clásico de Romeo y Julieta. Donde ambos mueren de pasión por el otro.
En la vida real, excepto en los jóvenes adolescentes, quinceañeros, es factible corroborar que las parejas se unen diciéndose enamoradas del otro, con todo lo que eso pueda significar en el terreno del inconsciente. El amor matizado por la razón y el sentido práctico, ocupa un sitio común en la relación de pareja. Ya que la mera pasión como resorte amoroso se concibe como una auténtica "locura", si no se sustenta en razones que garanticen un mínimo de cordura y coherencia.
El asunto es que la "locura amorosa" no tiene antídoto alguno para evitarlo y puede atacar a todos a cualquier edad.
Se considera que son las mujeres más proclives a vivir el amor en forma apasionada y loca, pero también hay ejemplos de hombres "enloquecidos" por una mujer, son los menos pero existen.
Habría que decir de inmediato que esa "locura amorosa", sustentada en el deseo sexual básicamente, es un amor pasional que se sacia al poco tiempo. Pero qué ocurre cuando el deseo no es sexual sino que va más allá, que aspira a la compañía solidaria, a la protección y cuidado del otro. Cuando el fin último es ser verdaderos "compañeros de vida".
Es verdad, tiene que tener toda relación de pareja a lo largo del tiempo, ciertas dósis de pasión (y ternura), para sobrevivir a la voragine de la vida cotidiana. Si fuera meramente una relación racional, práctica, eficaz, que funciona como una empresa productora de lo que sea...sería una relación desnaturalizada de su esencia. Estaríamos hablando de "socios" en una empresa afectiva. Muchas parejas funcionan de esta manera pero no son felices uno junto al otro. Son las parejas que viven en función del "qué dirán" y tienen que aparentar la perfección en sus vidas miserables...
Todas las parejas son imperfectas por naturaleza, porque estamos hablando de la raza humana. Finalmente, siempre lo he dicho, las parejas se juntan y se atraen, porque sus neurosis son combinables y se pueden ensamblar de una forma aceptable. Hasta que los límites neuróticos son desbordados por alguna causa interna o externa y revienta la relación de pareja. Y luego, ya se conseguirán otra pareja con neurosis similares y así hasta la eternidad de los siglos. La compulsión a la repetición nos amenaza a todos por igual, inclusive a los que nos hemos analizado por muchos años.
Siempre será más fácil y cómodo repetir que innovar, es a lo que se le llama "zona de confort", porque innovar requiere una sed de aventura a lo desconocido, perder el temor a equivocarse.
Volvamos al principio. Qué sucede si uno de los dos está más enamorado que el otro, valorado ésto en términos de la subjetividad, hasta dónde se puede llegar pensando que no se es correspondido plenamente, medido con la vara de la "sinrazón".
El horizonte es el desencanto y la desmotivación. Esa será la meta de la pareja, el llegar a aceptar las condiciones objetivas y subjetivas del amor, o dar marcha atrás y buscar nuevos derroteros afectivos. Es una encrucijada dolorosa para ambos.
No olvidemos por un instante que las bases de toda relación se refiere a la solidaridad, reciprocidad, admiración y reconocimiento pleno de la pareja, con todas sus virtudes y con todos su defectos.
El amor es de ida y vuelta, siempre. Si es unilateral, ambos se hundirán en el fango del hartazgo y la desilusión...
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