Dentro del contexto de desfasamiento que experimentan las instituciones de enseñanza de la comunicación en el proceso de desarrollo básico de la sociedad en el nuevo milenio mexicano, es necesario cuestionarnos, por una parte, ¿cuál podría ser el papel que deberían jugar las escuelas de comunicación en el ciclo histórico de transformación social que osciló entre 1810-1910-2010 en México?; y por otra, ¿cuál debe ser el contenido de una agenda de las escuelas de comunicación al iniciar la segunda década del siglo XXI para colaborar al cambio estructural del país?
En este escenario de transformación histórica debemos contemplar que debido a los poderosos intereses de poder con los que está entretejido el convencional sistema de comunicación nacional; desde el punto de vista comunicativo, a corto plazo, no va a cambiar nada o muy poco en el país, pues el Estado, los partidos políticos, los poderes públicos le tienen un enorme miedo a la fuerza y a la reacción agresiva del gigantesco poder mediático contra éstos, si intentan cambiar el orden establecido en este terreno.
Por consiguiente, dichos sectores políticos no están dispuestos a pagar el alto costo político que significa enfrentarse a este poderoso poder ideológico-político para realizar las transformaciones comunicativas estructurales que requiere el avance comunicativo de la sociedad.
Es por ello que si desde las instancias de poder anteriores no se logra modificar las anteriores condiciones sociales desiguales, desde las escuelas de comunicación tampoco se puede cambiar el mundo, ni el país, ni las relaciones de dominación milenarias que se han establecido sólidamente sobre las comunidades nacionales durante décadas anteriores, etc. pues dichas instituciones de enseñanza no tienen una capacidad político-cultural omnipotente para poder corregir por si solas tales entornos complejos y muy arraigados que se han gestado en el país.
Sin embargo, pese a la acción de los límites reales anteriores las escuelas de comunicación si pueden aportar elementos comunicativos estratégicos para que la sociedad inicie su propia transformación comunicativa hacia dónde quiera o necesite orientarla mediante la práctica de nuevos procesos de interacción comunitaria que les sirvan de herramientas a los diversos agentes sociales para convocar a la sociedad a discutir el proyecto global de desarrollo y los programas particulares de crecimiento colectivo.
Debemos tener presente que la construcción pacífica de un nuevo cambio civilizatorio en el país, no podrá existir si no se edifica un constante proceso de comunicación plural de la sociedad consigo misma, con las estructuras de poder y con el resto de los conjuntos comunitarios.
Dentro de las muchas aportaciones que pueden ofrecer las escuelas para crear condiciones estratégicas de comunicación que permitan alcanzar esta transformación histórica del país, destacan entre otras las siguientes 7 iniciativas:
1.- En conjunto con otros organismos civiles las escuelas de comunicación deben exigirle al Estado y a los partidos políticos que mediante la creación de una nueva ley democrática en materia de radio, televisión y telecomunicaciones, el sistema de medios de comunicación colectivos se flexibilice abriéndose a la participación social de todos los actores sociales, y deje de ser un simple instrumento para completar el ciclo de acumulación de capital y de reforzamiento de las estructuras de poder burocrático-empresarial.
Con ello, se podría lograr que el descontento colectivo se dirima en las pantallas y en los diales de los medios y no a través de la toma violenta de calles, plazas, puentes, avenidas, periféricos, instituciones, etc. que perjudican el funcionamiento cotidiano de toda la sociedad.
2.- Es fundamental que los curricula universitarios de estudio y enseñanza de la comunicación se orienten a reflexionar de qué forma la incidencia de los procesos de comunicación pueden colaborar a resolver los grandes problemas del desarrollo nacional. De lo contrario, la enseñanza y el uso de la comunicación continuarán operando como una herramienta decorativa en los procesos sociales y no actuando como motor del cambio social.
3.- Mientras se da ese gran cambio legislativo en el Congreso de la Unión las escuelas deben participar sistemática y activamente mente desde una posición crítica fundamentada en la discusión pública de los diversos aspectos que intervienen en la creación cotidiana de las políticas y modelos de comunicación para el país.
4.- Construir observatorios académicos sobre el comportamiento de los principales medios de difusión masivos para medir el grado de respeto que guardan éstos frente a la ley establecida y señalar las penas que el Estado debe aplicarles cuando violan el orden del derecho vigente.
5.- Elaborar indicadores cuantificables para medir el grado de existencia o de ausencia de verdaderos procesos de comunicación colectivos en México que colaboren a superar la simple cultura de la difusión de información que hoy se expande en el país y que permitan encarar las diversas crisis sistémicas que nos rodean.
6.- Es necesario contemplar que al final de la primera década del siglo XXI, hoy nos encontramos en una nueva etapa silenciosa de evolución del paradigma tradicional de la comunicación donde el antiguo modelo de “medios abiertos” ya no es el hegemónico, sino que ahora ha surgido rápida y versátilmente otro nuevo modelo de comunicación alrededor de la interacción de la red que se está convirtiendo en el articulador diario de la sociedad contemporánea, especialmente de los jóvenes. Así, si el siglo XX fue el siglo de la macro información dónde algunos emisores dominantes enviaron a través de la prensa, la radio y la televisión billones de informaciones a las comunidades que fueron condicionantes culturales para crear la sociedad mexicana moderna, pero sin permitir que a través de los “medios abiertos” la sociedad se comunicara consigo misma, con el Estado, con los partidos; ahora en el siglo XXI es posible que vía la incorporación de las nuevas tecnologías de interacción social que ha introducido Internet, emerja el siglo de la comunicación donde la sociedad produzca la comunicación que necesita para sobrevivir.
Dentro de esta perspectiva para evitar regresar a la etapa histórica de la imposición de un pensamiento único del partido dominante, de los monopolios comerciales o del gobierno en el poder, es necesario crear condiciones que permitan la permanente discusión de las ideas, concepciones, cosmovisiones sobre el modelo de crecimiento a seguir y de los grandes conflictos de la agenda nacional.
Por ello, mientras se avanza en el cambio de las instancias anteriores las escuelas deben utilizar todos los progresos que aporta la revolución de la sociedad de la información, como son el nuevo sistema nervioso que construyó la presencia de Internet, el tejido interactivo de las computadoras, las redes sociales, los teléfonos celulares, etc. para facilitar que la sociedad se comunique entre sí con el fin de organizarse para resolver las grandes contradicciones que atoran su desarrollo comunitario.
7.- Finalmente, siendo que el único espacio abierto con que cuenta hoy día la sociedad mexicana para comunicarse libremente es el ciberespacio; las escuelas de comunicación en conjunto deben oponerse enérgicamente en todos los espacios públicos ante las tentaciones de control que surgen en los partidos políticos autoritarios para someter este nuevo recurso interactivo a su poder burocrático. Internet debe continuar existiendo como un espacio libre y libertario para renovar a la sociedad y refundar a la República hacia nuevos rumbos históricos.
Es por ello, que en este marco de transición histórica de un tipo de sociedad a otra, con el fin de fortalecer los Sentimientos Comunicativos de la Nación, hoy más que nunca es necesario rescatar los fundamentos de la filosofía humanística aplicada a los procesos de información y cultura y que plantea que “las técnicas de la comunicación deben estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de las técnicas de la comunicación”.
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