La victoria de Berlusconi ante la moción de censura en el Congreso ha desatado la indignación en el centro de Roma, donde se han congregado a lo largo del día una multitud procedente de toda Italia para protestar contra el Gobierno. Il Cavaliere ha sobrevivido -aunque por tan solo tres votos- pero en la calle una multitud grita no a su Gobierno, sobre todo a lo largo del corso Vittorio Emanuele.
El gentío, congregado ante el Senado y el Congreso, ha estallado en abucheos contra Berlusconi al oír por megafonía las palabras que anunciaban la victoria del primer ministro. Algunos exaltados han volcado contenedores, han lanzado objetos y pintura roja y han roto cristales de entidades bancarias. La policía ha cargado y ha lanzado gases lacrimógenos, aunque ahora la marcha discurre con cierta normalidad por la margen del Tíber.
Las protestas han discurrido por el centro de Roma. Los manifestantes han lanzado bombas de papel ante el palazzo Graziolo, la residencia del primer ministro, y el palazzo Madama (Senado) y plazzo Montecitorio (Congreso). Berlusconi ha logrado sobrevivir a la votación parlamentaria y ha conseguido insuflar algo de vida a su Ejecutivo, pero la multitud que se concentra en Roma dice no, Y son un importante trozo de Italia: estudiantes, sindicado Fiom-CGIL, comités de ciudadanos de L'Aquila, de Nápoles, los precarios, desempleados, inmigrantes, okupas de los centros sociales: se han concentrado decenas de miles a la urbe eterna para decir "Yo no confío".
Entre los manifestantes está Andre Mura, de 24 años, que estudia en Pisa para ser ingeniero. Desde allí se ha desplazado en un seiscientos hasta Roma, adonde ha llegado de madrugada. Quiere protestar contra la reforma "injusta , que piensa en el sector privado y no en el público. Un resumen de la acción de este gobierno vergonzoso".
Los estudiantes y los investigadores que llegan desde el norte de el país -de Bolonia, Pavia y Urbino, por ejemplo-, se han reunido bajo las columnas imponentes de la Sapienza, la Universidad pública más representativa de Roma, que está liderando la protesta contra la reforma de los recortes en la enseñanza, que espera definitiva luz verde en el Senado.
"Vamos a resistir un minuto más que vosotros", dice la pancarta que están portando hacia el Coliseo, con referencia a la lucha a quién es el más débil, a quien tira la toalla primero en que se ha convertido la política en estos meses.
Las facultades siguen movilizadas contra el proyecto de ley que recorta las financiaciones a la Universidad pública y las becas. En todo el país se mantienen una o más aulas ocupadas y hay asambleas continuas. Pero hoy la cita es aquí, en la capital. "Para censurar desde abajo un Gobierno incapaz y muerto", dice el comunicado de Unión de los Universitarios. Los edificios de la ciudadela de la Sapienza están forrados de carteles: "Medicina pre-ocupada", cuelga de las ventana de los futuros médicos.
Como a menudo ocurre en Italia (en 1996 antes de la caída del primer Gobierno del Cavaliere, por ejemplo), los estudiantes son los más numerosos y organizados y marcan el ritmo de la protesta y del malhumor, pero no están solos.
En las calles de una ciudad blindada por la policía, los helicópteros que cruzan el cielo, el tráfico cortado y donde es una misión imposible coger un bus o un taxi, el cartel del NO a Berlusconi, desfila por completo y compacto.
Está el Pueblo Viola, aquel movimiento heterogéneo de oposición cívica, desquiciados por el Cavaliere y decepcionados por los partidos de Izquierdas; está Rifondazione Comunista, la Izquierda que hoy no puede votar su censura porque no está representada en el Parlamento; los obreros del mayor sindicato metalúrgico la Fiom-Cgil; los ciudadanos de L'Aquila exasperados porque nadie piensa en reconstruir su casco histórico y los napolitanos que no quieren resignarse a la basura en sus calles, a pesar de las repetidas promesas de Berlusconi de solucionar el problema.
Las varias marchas han confluido en la via de los Foros Imperiales: desde el Coliseo y el monumento blanco del Altar de la Patria se mueve lento un único río de jóvenes, trabajadores, familias y ciudadanos. Cantan y deletrean motes.
El destino último de la protesta es el palazzo de Montecitorio, la sede del Congreso. Pero la Policía ha cerrado el acceso a la zona de los Palazzi de la política, creando una gran zona roja que impide el acceso al centro de la ciudad (alrededor del Pantheon y Piazza Navona). 2 mil agentes antidisturbios están desplegados.
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