lunes, 13 de diciembre de 2010

Los escritores y sus esposas.

En su desvencijada libreta, con los ojos anegados y espantosa caligrafía, el cartujo apunta la certeza de Mario Vargas Llosa: “El Perú es Patricia”. Con la voz quebrada, en su discurso de aceptación del Nobel de Literatura el escritor agradeció la presencia en su vida de esa mujer “de naricita respingada y carácter indomable” con quien lleva casado 45 años. Sin ella, dijo, “mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana…”.

“Es tan generosa —agregó— que hasta cuando cree que me riñe me hace el mejor de los elogios: ‘Mario, para lo único que tú sirves es para escribir’”. Las palabras de Vargas Llosa hacia su esposa avivan la imagen de otras dichosas historias conyugales y echan por tierra viejos prejuicios del huraño monje alentados por aquel aforismo de Wilde: “Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras no la ame”. No siempre es así, y la monogamia (con amor) suele ofrecer ingentes recompensas, aunque ustedes no lo crean.

Gabriel García Márquez, por ejemplo, lleva casado con Mercedes Barcha 52 años. La conoció siendo casi una niña, y desde entonces se enamoró de ella. “He sido capaz de escribir porque Mercedes llevó el mundo sobre sus espaldas”, dijo en alguna ocasión, y en Vivir para contarla recuerda cómo renunció a sus trabajos e ingresos para dedicarse de tiempo completo a su novela Cien años de soledad. “No lo dudé, porque Mercedes —más que nunca— se hizo cargo de todo cuando acabamos de fatigar a los amigos.

Logró créditos sin esperanzas con la tendera del barrio y el carnicero de la esquina”, dice García Márquez en un divertido y acaso alucinante episodio donde la voluntad de ella impide la claudicación del escritor.

En su diccionario personal En esto creo, donde a través de breves ensayos ofrece un muestrario de sus obsesiones, de sus reflexiones, de sus afectos, de su manera de ver el mundo, Carlos Fuentes habla de Silvia Lemus, con quien se casó en 1973. Escribe: “Si todas las mujeres que he querido se resumen en una sola, la única mujer que he querido para siempre las resume a todas las demás. Ellas son las estrellas. Silvia es la galaxia misma. Ella lo contiene todo.

La belleza. El placer erótico pero también el simple placer de estar juntos, sentarnos a comer, dormir, despertar, caminar, viajar juntos, compartir amigos… La alegría de tener hijos. La pena de perderlos. La comunión de la memoria. El respeto de los tiempos…

La quiero porque yo soy el hombre más puntual de la tierra y ella, puntualmente, siempre llega tarde. Es parte de su encanto. Hacerse esperar”.

Y José Emilio Pacheco, durante los homenajes por sus 70 años, reconoció la importancia de su esposa Cristina en su vida y en su carrera: “Sin ella —dijo conmovido— no sería el escritor que soy”, lo cual no es poca cosa tratándose de uno de los mayores poetas de nuestro tiempo.

1 comentario:

  1. Muy bien!! Me alegro por ese reconocimiento de Llosa, Fuentes (En eso creo es una belleza de libro) y García Marquez hacia sus mujeres incondicionales que quizas dejaron sus asuntos personales a un lado para que ellos pudiesen dedicarse a la escritura. Mujeres que aceptaron a esos hombres tal cual son ellos y no interrumpieron su creatividad (quien sabe como realmente fueron ellas correspondidas). Ese reconocimiento es más que merecido y yo brindo por ello...siempre y cuando en el camino ellas no se hayan perdido de si mismas. Hago la salvedad.

    Distinta suerte corrió Zenobia, la esposa de Juan Ramón Jimenez. Un enfermo que no supo apreciar a su compañera y se aprovechó de ella al extremo de anularla (ella lo permitió). Dejó sus aspiraciones literarias a un lado. Algunos escritos de su pluma se los acreditó Juan Ramón. Tan así era la situación que ella dejó de operarse un lipoma porque él no podía estar si ella. Un sacrificio inútil y lamentable.

    La mujer puede ser la mejor musa...el más solido apoyo. Eso es de siempre...ocurrió ayer, ocurre hoy y será mañana. Que en ello no postergue su realización personal.

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