Uno de los serios problemas que me han tocado enfrentar en las terapias para parejas en conflicto, se reduce a las expectativas no cumplidas. Hay una especie de engaño, al menos, a sí lo sienten las parejas, el otro no cumplió a cabalidad lo esperado de él o de ella. Algunas mujeres dicen: "Y en cuanto a la intimidad, quiero que mi hombre esté a la altura de todas mis expectativas..." Eso a veces no se puede cumplir cabalmente. Y viene el desengaño, como si se hubiera comprado algo adulterado o poco genuino.
Pero mucho ojo con esto, las parejas, en general, no dicen explicítamente cuáles son las expectativas que tiene del otro. Se las callan, se las guardan, y después se convierten en armas mortíferas de alta destrucción.
Luego entonces, las expectativas, por más descabelladas que parezcan, hay que decirlas abiertamente a la pareja, para evitar decepciones posteriores y conflictos innecesarios e irresolubles. Todo ser humano dentro de la pareja tiene la obligación de decirle al otro: "Yo espero de ti, esto y esto, y más allá".
Los maestros budistas, dirían: Quien nada espera, mucho encuentra".
Las parejas amorosas, bien podrían decirle al otro: "Gracias por aparecer en mi vida. Pase lo que pase, hagas lo que hagas a partir de ahora, quiero que sepas que me has dado los años más felices de mi vida y que nunca lo olvidaré". Todas las parejas necesitan el reconocimiento del otro, la admiración inclusive, agregaría yo.
Cuando la pareja amorosa es sana, el nivel sentimental donde arranca el matrimonio no es ni la mitad de importante que el nivel sentimental que se alcanza al final, tras muchos años de compañerismo.
En la época posmoderna que nos ha tocado vivir, resulta que los matrimonios por amor son tan frágiles como el amor mismo. No hace mucho tiempo los hombres ofrecían a su esposas, protección, manutención, compañía, y crear una familia con hijos. Todo eso no tiene sentido alguno en estos tiempos posmodernos.
Veamos lo que piensa una mujer occidental, al respecto: "Yo no necesito a un hombre casi en ninguno de los aspectos en que las mujeres han necesitado han necesitado a los hombres durante siglos. No necesito que me protejan físicamente. No necesito que me mantenga económicamente. No lo necesito para ampliar mi círculo social. No lo necesito para que me de estatus de "mujer casada". No lo necesito como padre de mis hijos, porque he decidido no tenerlos. Pero si qusiera hijos puedo prescindir de un hombre, la tecnología me permite tenerlos sin su intervención directa, y criarlos sola."
¿Para qué se necesita a un hombre, ahora? Simplemente porque su compañía proporciona alegría y placer, y esto no es para menos. A veces la vida es demasiado dura para estar solo y a veces demasiado buena para estar solo.
Buda dice que todo sufrimiento humano tiene su origen en el deseo. todos los que hemos deseado algo sin conseguirlo (o peor aun, lo hemos perdido después de conseguirlo), sabemos bien cuál es el sufrimiento del que hablaba Buda.
Quizá lo más torturante de todo sea desear a una persona. Cuando deseas a alguien en verdad es como si cosieras tu felicidad a su piel con hilo quirúrgico. A partir de ese momento toda separación produce un dolor sangrante.
No hay droga más potente que comenzar una relación en forma apasionada. Los primeros seis meses de la mayoría de los enamoramientos son solo una simple proyección.
Goethe lo explicó muy bien: " Cuando dos personas están muy contentas una con la otra, generalmente podemos dar por hecho que ambos están equivocados". Pero este genial autor, en contra de lo que pensaba, cuando él tenía 71 años, se enamoró perdidamente de una damita de 19 años que lo rechazó.
Goethe ante el descalabro amoroso de un rechazo violento de su dama joven, escribió: " He perdido el mundo, me he perdido a mi mismo".
Esta historia continuará...
Muy interesante reflexión sobre el amor y lo que sutilmente lo envuelve.
ResponderEliminarNo solo lo que se desea da sufrimiento, lo da también los apegos que por supuesto implican al amor.
Me gustó mucho esta columna, Bolivar.