jueves, 24 de marzo de 2011

Francia es un país literario.

Pierre Assouline es escritor, biógrafo, periodista cultural en la prensa y en la radio, crítico literario y autor del muy seguido blog La république des libres, alojado en el periódico Le Monde. Fija la cita en un café literario situado a un paso de la Comédie Française, en el corazón de París, y espera a su interlocutor con un libro, un vaso de agua y un ordenador portátil frente a un gran ventanal.

Francia es la patria de los intelectuales. El intelectual moderno nació aquí, en París. Y han seguido teniendo importancia. En Inglaterra y en Estados Unidos no es así.
P: Muchos sociólogos y estudiosos aseguran que Francia es, en la actualidad, un país pesimista lleno de pesimistas ¿Está de acuerdo?

R: Bueno, comprendo que estén pesimistas, aunque no creo que sea su temperamento. Lo que sí es verdad es que la sociedad se ha endurecido: sobre todo contra los inmigrantes y contra los extranjeros. Pero mire, yo, por ejemplo, soy optimista incluso en ese aspecto. Francia es el país que mejor ha llevado a cabo eso que se denomina la integración, y que aquí tiene que ver con el espíritu republicano. Francia optó por la integración, y en Europa se han dado cuenta. Hay, claro, franceses de muchas etnias porque hoy en día los franceses vienen de todas partes. Pro no se puede ser multicultural. Tiene que haber una cultura común para todos. Si no, la cosa no funciona.

P: Francia ha sido durante muchos años un faro cultural para el mundo. ¿Lo continúa siendo?

R: Ya no tiene esa condición de faro que tenía. Es normal. El mundo cambia. Inglaterra dominó el mundo y ahora no es nada. Francia dominó culturalmente Europa en su tiempo, gracias al francés. Pero hoy el francés retrocede en el mundo y ha dejado su puesto al inglés. Aunque todavía hay franceses que considera que aún dominan Europa.

P: ¿Qué tipo de franceses?

R: Los que viven encerrados y no viajan. Aunque, eso sí. Le diré que Francia aún tiene Pero Francia todavía tiene una influencia cultural, consecuencia de su prestigio y de su herencia.

P: A lo largo del siglo XX, muchos movimientos culturales se gestaron y se sucedieron en Francia: cubismo, dadaísmo, existencialismo... ¿Percibe usted algo parecido?

R: Esos movimientos respondían a una efervescencia intelectual muy fuerte. Y todos tenían en común una cosa. Nadie decía: "Venga, vamos a montar algo". Eso no se hace así. Incluso durante el surrealismo. La gente trabajaba, creaba, y luego salía algo. Picasso trabajó y luego se dio cuenta de que había llegado al cubismo.

P: ¿Esa efervescencia existe todavía?

R: Yo diría que sí. Pero sobre todo existe una herencia. Francia es una nación literaria. El libro tiene aquí mucha importancia. Si usted se monta en el metro o en el autobús, se dará cuenta de que todo el mundo lee. Eso no pasa en Inglaterra, por ejemplo. Otra cosa: Francia es la patria de los intelectuales. El intelectual moderno nació aquí, en París, con el caso Dreyfus. Y los intelectuales han seguido y siguen teniendo importancia. En Inglaterra y en Estados Unidos no es así. En Estados Unidos sólo se les da importancia a los intelectuales en la costa Este, en algunas universidades.

P: ¿Y ese culto al intelectual, no está en retroceso, como el francés?

R: Bueno, eso se dice. Pero si uno va a las universidades americanas, los intelectuales de los que se habla son todavía los franceses: Michel Foucault, Claude Levi Strauss, Julia Kristeva... En Francia, además, existe lo que se llama la excepción cultural, y eso es primordial. Por ejemplo, está regulado el precio único de los libros gracias a una medida que se instauró en los tiempos de François Mitterrand y que hace que los libros cuesten lo mismo en una librería que en un supermercado. Esto permite que las librerías sobrevivan. La medida va a ser adoptada pronto por la Unión Europea.

P: ¿Y la literatura francesa? ¿Hacia dónde va? ¿Por dónde se mueve?

R: Por lo general, se le acusa a la literatura francesa de no ser muy buena, de interesarse sólo a su propio ombligo, de reflejar un mundo cerrado, centrado en un pequeño mundo. Y es verdad. Aunque no en todos los casos. Además, lo que cuenta es que cuando uno entra en una librería francesa puede elegir entre una oferta extraordinaria porque Francia es la nación que más libros traduce. El 20% de lo que hay en una librería procede de una traducción.

P: ¿Se traducen porque se venden mucho los libros extranjeros?

R: Sí. Pero también pasa al revés: se venden porque se traducen. Para saber si son interesantes es necesario traducirles. Cuando se tradujo Anatomía de un instante, Javier Cercas no era muy conocido y ahora ha tenido un gran éxito. Juan Manuel de Prada también lo ha tenido. Pérez Reverte tiene tantos lectores en Francia como en España. Y hay escritores norteamericanos, como Paul Auster o John De Lillo, que tienen más lectores en Francia que en Estados Unidos. Auster vende aquí 200 mil ejemplares y en Estados Unidos 100 mil.

P: ¿Qué escritores franceses recomendaría?

R: Yo elegiría, entre muchos, Pierre Michon, Pascal Quignard y Patrick Modiano.

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