El uno al infinito
Por Juan José Lara.
“cuando uno fracasa no se parte de cero sino de uno”
A Manuel le decían bajo cero, porque en su adolescencia no parecía
poseer un proyecto de vida. Un profesor en un examen le manifestó
que matemáticamente le había quedado a deber puntos.
Todos hablábamos de continuar alguna carrera en la universidad, o
al menos conectarse en la docencia; pero a él nada le importaba.
Las muchachas no le interesaban mucho, porque según él podía
prescindir de su intimidad; los que dijeran que no podían vivir sin su
compañía, o los que también afirmaran que nada significaban eran
mentirosos. Las mujeres las necesitas si piensas en ellas decía.
Una vez quedamos sorprendidos cuando supimos de su noviazgo
con una chica. Pero sus relaciones no emocionaron a sus amistades
que, por conocer las bromas de él llamando a su pareja la cigarra
debido a sus crecidos senos, no tomaban en serio sus andanzas, o
pensaban que era simplemente otra de sus imposturas. Por esos
días casi lo expulsan, al haber ingresado unos instantes en la cárcel
por vestirse de colegiala y desfilar junto a nuestras candidatas a
reina sobre el capó de un viejo automóvil. Siempre tuvimos la
certeza que el uniforme se lo había prestado la cigarra.
Después de graduarnos no supe de él, hasta cuando lo vi en una
planilla de la directiva de la asociación en la universidad. Por último
lo encontré casi de clandestino, cuando habían ejecutado a sus
compañeros y él había asumido el mando de la organización. A esas
alturas era el número uno.
En mi brotaron estos recuerdos entrañables cuando vi su nombre
recientemente, en un informe de desaparecidos durante la guerra.
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