miércoles, 19 de octubre de 2011

Nadie habla de paz en el Medio Oriente.

Las propagandas no dejan que nadie hable de paz en Oriente Próximo
Por: Ramón Lobo

Concluida la primera fase del intercambio por Gilad Shalit (faltan 550 presos palestinos), ambas partes se han lanzado a la celebración y a la propaganda. No hay espacio para que nadie hable de paz, más allá de la retórica. Israel, para justificar el pacto y prometer que seguirá luchando contra el terrorismo; Hamas, porque sale del ostracismo y vuelve a ganarle la partida a Mahmud Abbas.

Tras la euforia y las lágrimas -como titula The Guardian- llega la reflexión. Simon Tisdall escribe en este diario que el caso Shalit demuestra la falta de visión estratégica de Netanyahu. Jossi Verter defiende lo contrario en Haaretz: el acuerdo permite al primer ministro israelí descubrir su faceta de líder.

La web argentina El Puercoespín publica en castellano un artículo de Gideon Levy: "Israel: Gilad Shalit vuelve a una sociedad hundida en la psicosis". The Christian Science Monitor sigue esta línea, y afirma que el asunto clave es la seguridad. La web israelí YnetNews se preocupa por el estado de salud del soldado liberado. Y otro columnista de Haaretz, Yehuda Ben Meir, se pregunta por el precio pagado.

La madre de Malki Roth, israelí muerto en 2001 -junto a otros 14 civiles- en un restaurante de Jerusalén en un atentado, afirma que lo ocurrido es un fracaso descomunal. Otra víctima, la madre del soldado David Damelin, muerto en 2002, prefiere mirar al futuro: "No es tiempo de revancha".

El editor del Financial Times para Oriente Próximo, Roula Khalaf, asegura que las negociaciones para el intercambio de presos se aceleraron después de que Mahmud Abbas llevara a la ONU la petición para un Estado palestino. Tanto al Gobierno de Netanyahu como a Hamas les convenía tapar la maniobra.

El Haaretz publica un editorial en el que resume la jugada estratégica del Gobierno: "Un impulso para Hamás a costa de Al Fatah", el partido de Abbas. Esta es también la tesis de Akiva Eldar en su artículo. The Economist le daba hace días un aire económico a su titular: "Una extraordinaria tasa de cambio".

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