12-0, nada que celebrar
Por: Luis Prados
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En el colegio de curas al que yo fui de tanto en tanto nos mandaban escribir lo que llamaban redacciones. Era algo que estaba a medio camino entre lo inútil y el castigo, y solía tener por tema algo abstracto como la Virgen, el ideal, el hambre en el mundo. En ningún caso se pretendía mejorar la escritura o la claridad expositiva del alumno. Los pendejos granulientos que formábamos la clase escribíamos como podíamos nuestras basurillas pero siempre había alguno que componía un artefacto dulzón que encantaba a los frailes.
Un día el tema fue la Fiesta Nacional. La clase se dividió: unos la hicimos sobre los toros, otros sobre el 18 de Julio y otros sobre la Hispanidad o como aún se oye por ahí el Día de la Raza. Ni que decir tiene que los escritos eran indigeribles. Lo imporante era que no teníamos nada claro que tuviésemos una fiesta nacional común.
Leyendo EL PAÍS veo que Evo Morales celebró el 12 de octubre como el Día de la Descolonización y que en España, en la Fiesta de la Hispanidad, a Zapatero no le insultaron o le insultaron menos esta vez. Dos formas muy raciales de celebrar la efeméride.
En la crónica de Mabel Azcui desde Bolivia, Evo Morales clamó ante sus partidarios que los españoles, ya desde 1492, "trajeron consigo egoísmo, individualismo, sectarismo y regionalismo". Nada más y nada menos. El artículo acababa recordando que una marcha indígena contra la construcción de una carretera "avanza lentamente soportando lluvias torrenciales a su paso por la zona de Santa Bárbara-Cotapata, y se acerca a las cumbres nevadas de la cordillera, paso obligado hacia la sede del Gobierno". Una protesta digna de Werner Herzog.
La celebración española no da para tanto. Al Rey, que vio el desfile sentado, al parecer también le abuchearon menos este año y Rubalcaba y Rajoy hablaron durante 15 minutos. Cuando al candidato socialista le preguntaron qué de qué habían hablado respondió que de "deportes, la campaña electoral y la vida en general". El aspirante de la derecha dijo que "solo de fútbol". Y cuando le insistieron replicó con esa aspereza tan nacional: "Él hablaría de lo que quisiera. Yo solo hablé de fútbol".
Ninguno de los dos tendrá que soportar lluvias torrenciales y cruzar cordilleras nevadas para llegar a ninguna parte. Y es que no hay nada como un buen diálogo de sordos. Esa característica española que también describió Cortázar en Rayuela.
En México el Día de la Raza, la Fiesta de la Hispanidad o el Día de la Descolonización pasó sin pena ni gloria. Las matanzas, el expolio, la onda expansiva del sufrimiento que causó la Conquista ya está en los libros de historia y en el arte. Menos conscientes son tal vez algunos mexicanos de que herederon muchos de nuestros defectos como esa tendencia a la autoflagelación, el complejo de que somos y seremos una calamidad -algo que en España solo ha cambiado con las últimas generaciones-, la redacción de leyes tan ideales como impracticables, la falta de consenso o un autoritarismo atemperado por la negligencia, entre otros. Lo dicho, nada que celebrar.
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