¿Se puede resistir la tentación?
Normalmente, ser capaz de
resistirse a la
tentación de una última copa, un cigarro, o un trozo de chocolate
provoca sensación de orgullo. Sin embargo, esto no suele ocurrir con
la tentación sexual. En tal caso, resistirse solo genera sensación de
frustración, porque lo que suele suceder es que cuanto más procuras
resistirte, más deseable se vuelve lo deseado y más grande la tentación
misma.
Recuerdo una relación en
la que el sexo no funcionaba y yo me sentía muy atraída por un ex amigo
con derecho a roce. La inclinación era mutua y mientras mantenía otra relación, decidimos no vernos para no caer vencidos y así,
no hacer nada de lo que arrepentirnos después. Nuestra amistad
la mantuvimos por email y messenger y algunas veces, nuestras charlas
se volvieron muy explícitas y acabaron en cibersexo. Al principio,
me sirvió para controlar el deseo que sentía por él sin sentirme
culpable en absoluto, ya que no habíamos estado juntos físicamente.
A pesar de que esto
funcionó durante un tiempo, llegué a un punto en que no podía
resistir más la tentación. Decidí que era hora de quedar con mi
amante cibernético en vivo y realizar todas las fantasías que
habíamos compartido por escrito durante meses. Cuando sucedió,
curiosamente, no parecía “prohibido”, porque me ayudó a poner
una fecha de caducidad definitiva a mi relación. Creo que si
hubiera estado bien con mi pareja en ese momento, podría haber resistido la
tentación sin problema.
No todos los escenarios de
tentación sexual tienen que ver con infidelidades o implican hacer daño a
terceros. Por ejemplo, nunca es aconsejado tener relaciones con los
compañeros de trabajo. Por algo dicen “donde tienes la olla....”,
como describí en Si el coqueteo en la oficina va a más. Está
claro que un coqueteo en el trabajo es muy arriesgado. Es jugar
con fuego, con tu seguridad, tus ingresos, tu reputación y tu
futuro. Es un juego extremamente peligroso, sobre todo si te enrollas
con el jefe.
Sin embargo, tener un
amante en el trabajo puede ser una experiencia muy morbosa, y hace
que los días aburridos en la oficina de repente tengan más alegría.
Aunque, cuando va mal, realmente no hay nada peor porque lo laborar
puede llegar a ser insoportable, y te preguntarás entonces si realmente
valía
la pena arriesgarse.
Venus O'Hara por Sebas Romero
La relación más
prohibida que he vivido fue con un profesor cuando era estudiante en
la universidad. Recuerdo una noche en el bar del campus que me decía que
sentía atracción por mi pero que no estaba dispuesto arriesgar
su puesto y su reputación. Como me gustan los retos, esto sólo me
dio más ganas de seducirle. Después de seis meses de coqueteo y
múltiples indirectas en mis tesis, lo conseguí. El hecho de que fuera
tan prohibido y que me costara tanto convencerle y rendirle solo aumentó
la intensidad cuando por fin nos acostamos juntos.
Nos enganchamos y acabamos teniendo una aventura secreta. Lo más
frustrante des esa experiencia era que al ser un secreto en el
campus, tuve que resistir otra tentación, la de contarlo.
Nunca es bueno privarse del placer, pero la frustración que resulta de no hacer algo que
sentimos que deseamos puede durar mucho tiempo. Está claro que
sucumbir puede complicar nuestras vidas y las de los
demás, pero, a menudo, es sólo el resultado final de una situación
que, de alguna manera, necesitaba resolución. Si el deseo y el
morbo supera el riesgo, normalmente es mejor actuar. Por supuesto,
todo depende de la dosis. En el caso del alcohol, tabaco o el
chocolate, está claro que un poquito no hará mucho daño...
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