sábado, 30 de junio de 2012

México, elecciones transparentes.

IFE: estas elecciones, las más vigiladas y transparentes

Su consejero presidente, Leonardo Valdés, afirmó que en 99.9% de casillas habrá tres o más representantes de partidos políticos, y participarán más de 28 mil observadores electorales, así como visitantes extranjeros de 69 países.
Fabiola Martínez y Alonso Urrutia
Publicado: 30/06/2012 12:53

México, DF. El consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Leonardo Valdés, aseveró que México tendrá mañana la jornada electoral más vigilada, observada y transparente de su historia.
Informó que en el 99.9 por ciento del total de las casillas a instalar este domingo habrá tres o más representantes de partidos políticos y ninguna sin representación de este tipo; además, está registrada la participación de más de 28 mil observadores electorales, así como visitantes extranjeros de 69 países.
El concepto electoral de este domingo incluye una lista nominal de 79.4 millones de ciudadanos que podrán ejercer su voto; más de un millón de ciudadanos capacitados que podrán asumir funciones de autoridad electoral en las más de 143 mil casillas a instalarse en todo el país.
“Tantos ojos y tantas voluntades son una garantía adicional de la imparcialidad en este proceso electoral. Ello refleja la importancia del trabajo que realiza cada integrante del instituto”, señaló Valdés.
Durante un mensaje dirigido a la estructura nacional del IFE, manifestó que ha habido más de 92 mil simulacros y prácticas de capacitación; aseguró que cada componente de la jornada electoral se probó exitosamente.
Precisó que los “códigos fuente” del PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares) fueron auditados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y las pruebas de conteo rápido también fueron un éxito.
“En pocas palabras, estamos listos para celebrar la jornada electoral más grande de nuestra historia; el IFE está completamente preparado para cumplir con su responsabilidad en la consolidación de nuestra democracia”, expresó.
El consejero presidente confió en que la tensión de estos meses “está pasando ya al orgullo de la obra terminada”.
Agradeció a todo el personal del IFE, así como a los consejeros y consejeras electorales por su actuación imparcial. Comentó que la legislación electoral fue “visionaria” al brindar profesionalización y autonomía al IFE.
Pidió a sus compañeros seguir respondiendo a la confianza de los ciudadanos.

Periodistas y políticos, atracción fatal.

Periodistas y políticos, una atracción fatal

La ruptura entre DSK y Anne Sinclair se produce cuando el debate está más candente

¿Son las uniones entre gobernantes y profesionales de la información sospechosas por fuerza?

¿Incurren en conflicto de intereses los presidentes Hollande y Gauck al salir con periodistas?

El matrimonio formado desde hace 20 años por DSK y la periodista se acerca a su fin. Según la prensa francesa, la directora de Le Huffington Post invitó al político a irse de la casa común hace un mes. En la imagen, en su domicilio en la Place des Vosges, París, en septiembre. / JOHANNE LEGUERRE (AFP)

¿Qué tienen en común los jefes de Estado de Francia y Alemania, las dos locomotoras de la Unión Europea? En principio, poca cosa. El presidente de la República Francesa es elegido directamente por los ciudadanos y tiene mucho poder, más incluso que los primeros ministros de Italia o España; el de la República Federal de Alemania surge, en cambio, de cambalaches legislativos y manda aún menos que la reina de Inglaterra. Hasta hoy no había, pues, ninguna razón para hablar en una misma historia de uno y otro. Sin embargo, el socialista francés François Hollande y el centrista alemán Joachim Gauck tienen hoy un par de cosas en común: ambos tienen parejas estables con las que no están casados y en ambos casos esas parejas son periodistas.
Ahí es donde a la prensa del corazón empieza a salirle por la cabeza el humo del desconcierto. ¿Puede aplicarse esa rancia fórmula de primera dama a Valérie Trierweiler y a Daniela Schadt, que no están casadas, ni por la Iglesia ni por el juzgado, con Hollande y Gauck? Como la prensa del corazón tiene gran ductilidad, lo más probable es que lo ­sigan haciendo, siempre y cuando ellas se presten a salir en esos tontorrones saraos fotográficos que las cumbres internacionales organizan para las mujeres de los líderes.
Así que pasemos a algo más serio, algo que lleva unas semanas coleando en la prensa de referencia europea: ¿puede seguir ejerciendo el periodismo la pareja estable (hombre o mujer) de un jefe/a de Estado o de Gobierno? Y da lo mismo que estén o no casados, que se les llame esposo/a, compañero/a, novio/a o chico/a. De lo que estamos hablando ahora es de una cuestión que afecta a la esencia misma de la relación entre el periodismo y el poder político y económico: el conflicto de intereses.
Empecemos por los hechos recientes. El 12 de junio, un tuit de Valérie Trierweiler abrió una seria grieta en la “normalidad” que Hollande quiere llevar al Elíseo tras los locos años people de Nicolas Sarkozy, Cécilia Ciganer, Carla Bruni y la pequeña Giulia. En 135 caracteres, Valérie se pronunciaba a favor de la candidatura del adversario electoral de Ségolène Royal, la exmujer de Hollande y la madre de sus cuatro hijos. Todo el mundo lo entendió como un ajuste de cuentas personales.
Pero, bueno, cualquiera –no solo los periodistas– tiene acceso a Twitter. Así que ese episodio, que le ha costado a Hollande dos puntos de popularidad según una encuesta publicada el 24 de junio por Le Journal du Dimanche, puede circunscribirse a un debate no menos apasionante: el de la libertad de expresión de la pareja de un gobernante (o de un serio candidato a gobernante). “El tuit de la señora Trierweiler es un error”, sentenció un editorial de Le Monde. Este diario se pronunciaba a favor de que la pareja de un político asuma voluntariamente los sacrificios personales, incluido el morderse la lengua, que conlleva este tipo de relación. Y daba un paso más e iba a la otra cuestión: citando el precedente de Doris Schröder-Köpf, esposa del que fuera canciller socialdemócrata alemán Gerhard Schröder, le recomendaba a Valérie Trierweiler que renunciara al periodismo.
Redactora de Bild Zeitung y Focus, Doris Schröder-Köpf dejó el oficio entre 1998 y 2005, cuando Schroeder gobernó Alemania, y asumió el papel convencional de primera dama. Nunca volvió a la prensa y hoy se dedica a la política en la Baja Sajonia.
En Alemania parece regir una regla no escrita según la cual el periodista debe retirarse cuando su pareja llega al poder. Lo mismo que Doris Schröder-Köpf ha hecho Daniela Schadt, la compañera desde hace una docena de años de Joachim Gauck. A finales del pasado invierno, cuando se empezó a hablar de que el pastor luterano Gauck podía llegar a la meramente protocolaria presidencia de la República Federal de Alemania, Schadt anunció que, de ser así, y para evitar cualquier conflicto de intereses, ella abandonaría voluntariamente la jefatura del servicio político del diario bávaro Nurnberger Zeitung. Dicho y hecho, la última aparición de Daniela en su periódico fue como entrevistada: declaró que se iba a dedicar a actividades humanitarias.
Lo de Gauck, de 72 años, es curioso. Vive con Daniela Schadt, dos décadas más joven, sin haberse divorciado jamás de su esposa, Hansi Gauck, de la que se separó en 1991. La semana pasada, Hansi ha aparecido en la portada de la revista de cotilleos Bunte llamando “mi marido” al jefe del Estado alemán y expresando a lo largo de ocho páginas de entrevista una resignada aceptación de este estatuto triangular.
El presidente francés, François Hollande, y su pareja, Valérie Trierweiler, en la cumbre del G-8, en Washington, el pasado 18 de mayo. A pesar de no estar casados, ella fue tratada como una 'primera dama' más. / MIGUEL MEDINA (AFP)
Volviendo a lo del periodismo, tal vez la clave estribe en que muchas francesas son más rebeldes que las alemanas. A diferencia de sus colegas Schröder-Köpf y Schadt, Valérie Trierweiler se niega a colgar los trastos.
Cuando Hollande se separó de Ségolène y comenzó su relación con Valérie, la dirección de Paris Match advirtió a su periodista de que sus informaciones y opiniones en materia política podrían tener a partir de entonces un serio problema de credibilidad. Ella lo negó y ambas partes capearon el temporal hasta esta primavera, cuando el socialista conquistó el Elíseo. Entonces, Paris Match, el semanario para el que ha trabajado durante 22 años, fue tajante: Valérie fue forzada a dejar el área política y ocuparse de reseñas de libros e información cultural.
En la primera semana de junio, su primer texto publicado ya como pareja del presidente de la República fue un intento de toma de la Bastilla. Versaba sobre una biografía de Eleanor Roosevelt escrita por Claude-Catherine Kiejman, y recordaba que durante el tiempo que pasó en la Casa Blanca junto a su esposo, el presidente estadounidense Roosevelt, Eleanor publicó una columna con sus opiniones sobre asuntos políticos y sociales. “Ya lo ven”, escribió Trierweiler, “una primera dama que también es periodista no es una novedad”.
Pero incluso para aquellos que simpatizan con su rebeldía, resulta evidente que Valérie Trierweiler necesita aclararse. La reivindicación de su libertad personal resultaría más sostenible si hubiera renunciado a ser una primera dama tradicional: si se hubiera quedado a vivir en su casa, si no hubiera aparecido en el escenario de actos de campaña de Hollande, si no hubiera tenido un papel tan destacado en su instalación en el Elíseo, si no le hubiera acompañado oficialmente en su primer viaje al extranjero, si no se hubiera fotografiado tan contenta con Michelle Obama…
Ser la pareja de un político o un periodista no es fácil, los dos son oficios muy absorbentes que dejan poco tiempo y energía para la vida personal. Pero si la pareja está formada por un político y un periodista, la cosa adquiere una tercera dimensión, la pública. En democracia se supone que el periodismo es un contrapoder al servicio de la ciudadanía frente a los abusos de los gobernantes. “Y si los periodistas comparten la vida de los que nos gobiernan, ¿cómo creer en la independencia de sus informaciones y opiniones”, se pregunta Le Nouvel Observateur en el excelente dosier Les liaisons dangereuses que ha consagrado a este tema.
Es normal que salte el amor. Muchas parejas surgen de la convivencia en los lugares de estudio o de trabajo, y políticos y periodistas pasan mucho tiempo juntos (también ocurre con periodistas y deportistas, ahí está el dúo formado por Sara Carbonero e Iker Casillas). ¿Qué hacer entonces si el cegado Cupido dispara sus flechas? ¿Por qué debe ser siempre el periodista el que tenga que poner un paréntesis o incluso un fin a su carrera? ¿Dónde está escrito que la ambición del político es superior por antonomasia al oficio del periodista?
En Francia, Audrey Pulvar, compañera del flamante ministro socialista de Industria, Arnaud Montebourg, parece haber fracasado en su intento de ofrecer respuestas no convencionales a esos interrogantes. Hace tres años, Pulvar informó a sus jefes en la emisora radiofónica France Inter del comienzo de su relación con el entonces diputado socialista Montebourg. Le agradecieron su sinceridad y le dijeron que podía continuar haciendo información política, que confiaban en su honestidad y profesionalidad. Pero Montebourg adquirió notoriedad nacional al presentarse a las primarias socialistas, convertirse luego en un estrecho colaborador de Hollande y, por último, hacerse con una cartera ministerial. El resultado es que Pulvar ha perdido su trabajo.
El presidente de Alemania, Joachim Gauck, y su compañera, la periodista Daniela Schadt, el 21 de mayo, en la apertura de las olimpiadas especiales de Múnich. Él no está divorciado de su esposa, de la que se separó en 1991. / SVEN HOPPE (EFE)
Este caso permite abordar otra derivada. En la gran mayoría de las parejas formadas por periodistas y políticos, los primeros son mujeres, y los segundos, varones. Le Nouvel Observateur intenta explicarlo así: “La atracción por el hombre poderoso sigue siendo un fantasma femenino, y la erotización de la política, una actitud típicamente masculina”. Bueno, también cabría añadir que, aunque ya hay muchas periodistas fantásticas en el primer plano de la información (no tanto en la dirección), los gobernantes femeninos siguen siendo escasos.
¿Y por qué tiene que ser siempre la mujer la que abandone su carrera en provecho de la del marido? ¿No podría el político varón dejar de soñar con el poder para que su pareja pudiera seguir en la prensa? Montebourg dijo que así lo haría, que daría la primacía a la carrera de Audrey Pulvar, pero hele ahí convertido en ministro mientras que a ella la echan de France Inter. También es verdad que, a finales de marzo, Pulvar salió en la portada de Les Inrockuptibles con una rosa roja entre los dientes.
En sus tiempos de director de The New York Times, el legendario A. M. Rosenthal zanjó la cuestión con esta frase lapidaria. “No me molesta que mis periodistas se acuesten con los elefantes, siempre que no cubran el circo”. En 1977, cuando Rosenthal se enteró de que una de sus más prometedoras reporteras tenía una relación estable con un senador, la despidió sin contemplaciones.
Alberto Núñez Feijóo besa a Carmen Gámir en los pasillos del Parlamento justo después de ser nombrado presidente de la Xunta de Galicia. Se conocieron cuando ella trabajaba en la delegación madrileña del diario 'La Región'. / ANDRÉS FRAGA
Así que, siguiendo lo que en Estados Unidos se conoce como “la regla Rosenthal”, Maria Shriver dejó su trabajo de periodista televisiva cuando su esposo, Arnold Schwarzenegger, se convirtió en gobernador de California. Años antes, Christiane Amanpour, célebre por cubrir las guerras del Golfo y de Bosnia para CNN, había sido muy criticada por seguir haciendo información internacional para esa cadena cuando su esposo, James Rubin, era portavoz del Departamento de Estado de Bill Clinton y una de sus principales fuentes.
En los noventa, los casos franceses más polémicos fueron los de las estrellas televisivas de la información política Anne Sinclair y Christine Ockrent, casadas con sendos ministros de Mitterrand, Dominique Strauss-Kahn (DSK) y Bernard Kouchner. En abril de 1992, el manifiesto conflicto de intereses saltó al prime time cuando Sinclair y Ockrent entrevistaron conjuntamente a Mitterrand. Tal fue el escándalo que a partir de ahí se creó lo que el periodismo francés llama “la jurisprudencia Sinclair”. Cuando DSK volvió a tener una cartera ministerial en 1997, ella abandonó la presentación del programa político que le había hecho célebre, 7 sur 7. Y solo después de que, en 2011, DSK cayera en la ignominia universal a raíz del escándalo del hotel Sofitel de Nueva York, Sinclair regresó al periodismo, ahora como directora de la edición francesa de The Huffington ­Post. Con todo, el que fuera uno de los matrimonios más admirados del país no ha resistido más. La prensa francesa reveló ayer que Sinclair rompió su relación con el ex director gerente hace un mes.
En España no se ha producido aún ninguna gran polémica por el posible conflicto de intereses entre profesionales de la información y cargos públicos. Prometedora periodista de televisión, Letizia Ortiz abandonó su carrera al enamorarse del Príncipe de Asturias. Gloria Lomana, directora de los informativos de Antena 3, está casada con el exministro Josep Piqué, pero este se dedica hoy a los negocios. Y Alberto Núñez Feijóo, presidente de Galicia, sostiene una discreta relación con la periodista Carmen Gámir, Chinny, a la que conoció cuando ella trabajaba en la delegación madrileña del diario La Región. Pero Gámir está hoy en excedencia.
En la década de los setenta, con el Watergate en EE UU, Le Ca­nard Enchaîné en Francia y la Transición en España, los periodistas eran percibidos con simpatía por las opiniones públicas. Hoy su imagen se ha deteriorado en las democracias occidentales, aunque no tanto como la de los políticos. Por eso, cualquier sospecha de connivencia, compadreo o endogamia entre el denominado cuarto poder y los que mandan de verdad, gobernantes, empresarios y banqueros, resulta tan dañina. Y por eso, periodistas y políticos, aunque no sean inmunes a las flechas de Cupido, deben gestionar con cautela sus relaciones sentimentales.

México. la desigualdad enorme.

El reto de la desigualdad en México

Los candidatos presidenciales han prometido ambiciosos programas sociales

No han explicado la manera de financiar sus promesas

El balance económico del sexenio de presidente Felipe Calderón que ahora termina ofrece más sombras que luces y un enorme punto negro: la desigualdad. La pobreza afecta a 52 millones de mexicanos, el 42% de la población, mientras que el 41% de la riqueza nacional está concentrada en las manos de tan solo el 10% de sus habitantes. El crecimiento ha sido mediocre –este año se prevé un 3,8% pero la media anual desde 2006 fue de tan solo un 2,3% del PIB, muy por detrás de las economías emergentes que lo hacían al 6,5%-, ha aumentado el número de pobres en 12 millones, se ha expandido el sector informal que emplea a 14 millones de mexicanos –casi el 30% de la población activa, lo que supone un récord histórico- y se ha mantenido la concentración del mercado en manos de los monopolios. En el lado positivo hay que destacar que el Gobierno de Calderón sorteó en 2009 una gravísima crisis y que prepara su despedida con estabilidad financiera, enormes reservas y bajas tasas de inflación, deuda y déficit.
El futuro económico de México dependerá en gran medida del comportamiento de la economía de EE UU y de la crisis económica global
Quien se anunció cuando entró en Los Pinos como el presidente del empleo dice adiós como el presidente de la guerra contra el narcotráfico, un conflicto que además de su coste en miles de vidas humanas ha tenido también su impacto económico. Diversos estudios privados lo cifran en una pérdida cercana al 1,5% del PIB, principalmente en el sector turístico, pues la inversión extranjera se ha mostrado a prueba de balas y ha seguido fluyendo.
El futuro económico de México dependerá en gran medida, según coinciden los expertos, del comportamiento de la economía de Estados Unidos y de la crisis económica global. Pero una desaceleración del gigante del norte y el agravamiento de la crisis europea tendrían serias consecuencias para este país a corto plazo. De hecho, la emigración a EE UU se frenó por primera vez en 2011 y las remesas de los casi 12 millones de mexicanos que viven al otro lado del Río Grande suponen 24.000 millones de dólares. México también tendrá que mirar al sur, concretamente a Brasil, cuyo milagro económico despierta deseo de emulación pero también envidia, y con quien ha entrado en competencia en varios sectores como el del automóvil.

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Pese a estos retos e incertidumbres, la economía ha sido uno de los grandes temas olvidados de la campaña. Los candidatos a la presidencia han convertido sus programas electorales en una suerte de carta a los Reyes Magos prometiendo pensiones para todos, seguridad social universal, bajar el precio de la luz y los carburantes, la generalización de los créditos para vivienda, la creación de millones de empleos e incluso llevar fibra óptica hasta el último rincón del país sin explicar cómo lo van a financiar. Asimismo han repetido de forma rutinaria la urgencia de hacer las reformas energética, fiscal y laboral siempre aplazadas sin entrar en detalles.
Fausto Hernández, director de la división económica del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), afirma que el principal problema que se encontrará el futuro presidente será presupuestario. “Como cada sexenio casi el 90% del presupuesto está ya comprometido salvo que se haga una profunda reforma estructural para fomentar la competitividad. Sin ella, todas las promesas de campaña deberán pagarse con el 10% restante y no alcanza”. La falta de competitividad por las barreras aún existentes a nuevos competidores internos y externos y la ausencia de infraestructuras modernas así como la caída de la productividad por un sistema educativo deficiente son, en opinión de Hernández, los principales desafíos que la economía mexicana debe afrontar si quiere ganar la batalla de la desigualdad.