enfrentan estudiantes y policías tras marcha en Chile
Los jóvenes exigen educación de calidad y gratuita.
Santiago. Disturbios y enfrentamientos entre estudiantes y policías chilenos se produjeron en medio de una nueva marcha estudiantil este jueves en Santiago en demanda de una educación de calidad y gratuita.
Los disturbios se produjeron cerca del parque O'Higgins, en el sur de la capital chilena, fuera del recorrido que el gobierno había permitido para la realización de la marcha.
La policía reaccionó con gases lacrimógenos y carros lanza-agua para dispersar a los manifestantes, quienes respondieron con piedras y palos contra los uniformados, según imágenes difundidas por la televisión chilena.
Incluso los gases lanzados por la policía alcanzaron viviendas privadas y edificios, causando el pánico de los habitantes que circundan el mencionado parque.
La manifestación se había iniciado de manera pacífica frente a la Universidad de Santiago.
Las movilizaciones estudiantiles se han registrado desde hace cinco meses con convocatorias que han superado las 80 mil personas y que en su mayoría concluyeron con disturbios entre manifestantes encapuchados y policías.
jueves, 29 de septiembre de 2011
Un filósofo ante los adolescentes.
Un filósofo en bata contra el conservadurismo adolescente
El escritor Ismael Grasa publica 'La flecha en el aire': diario de su aventura como profesor de Filosofía en bachillerato
ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 29/09/2011
Vota Resultado 28 votos Comentarios - 3 . .Lea 'La patria', un capítulo de 'La flecha en el aire', de Ismael Grasa [en PDF]
Imaginen que una adolescente llega un día y les dice: "Yo no pedí permiso para nacer, luego no tengo ninguna obligación". ¿Qué responder? En este y en otros trances parecidos se ha visto el escritor Ismael Grasa (Huesca, 1968) quien desde hace seis años decidió compaginar su actividad literaria con un puesto de profesor de Filosofía de bachillerato en un colegio privado de Zaragoza. Grasa, autor de varias novelas, libros de viajes y de relatos, vuelve a las librerías con La flecha en el aire (Debate), una obra peculiar (entre el diario íntimo y el manual de ética) en la que cuenta esta experiencia pedagógica y personal. "De pronto me he visto en el trance de enfrentarme a la Filosofía. Ha sido un redescubrimiento de lo que estudié, y también con los chicos en la clase", afirma Grasa en un reciente viaje relámpago a Madrid.
"Estoy contra el adanismo, ese pensar que la inocencia de la juventud lo es todo"
"El relativismo se ha vendido mucho tiempo como una muestra de progreso y eso no tiene por qué ser así"
Un libro breve y ágil con cuya lectura se van a sentir aludidos no solo adolescentes y profesores, también cualquier persona interesada por lo que le rodea. La patria, la inmigración, los Derechos Humanos y la homosexualidad son algunas de las cuestiones, siempre de actualidad, que surgen en el aula de Grasa y también en estas páginas en las que el autor no da recetas mágicas y, en cambio, sí logra que el lector se ponga a filosofar: "El libro tiene la virtud de dejar insatisfecho, en el buen sentido, a quien lo lea. Cualquiera que se acerque con una ideología concreta se va a sentir distante e incómodo con él".
El autor defiende una noción de progreso alejada de las modas recientes (critica por ejemplo el planteamiento de la asignatura de Educación para la Ciudadanía) y cuestiona el relativismo que, afirma, va aflorando en los nuevos manuales de Filosofía escolar: "El relativismo cultural se ha vendido durante mucho tiempo como una muestra de progreso y eso no tiene por qué ser así. Si nuestro sistema democrático es bueno, tiene que ser bueno para todos. Otra cosa es que tengamos criterios de prudencia a la hora de intentar exportarlo. La idea de que todo depende de cada cultura, de cada siglo, es muy debilitadora".
Grasa arremete contra los biempensantes que reniegan de la tradición filosófica: "Me parece básico ese ideal que nace en Grecia (y se retoma en la Ilustración) de una racionalidad común y un proyecto universal. Esa idea es la que nos va permitir no bajar la guardia y defender en el mundo no solo una economía globalizada sino unos derechos globalizados".
También defiende sin complejos los ideales típicamente europeos, pese a las críticas más o menos fundamentadas que llueven desde sectores que se dicen multiculturales: "Estoy contra el adanismo, ese pensar que la inocencia de la juventud lo es todo y que los saberes antiguos son reaccionarios, hay que explicar por qué esa tradición es importante. Los Derechos Humanos, por ejemplo, no son menos valiosos por ser eurocéntricos. Lo importante es la semilla liberadora que el pensamiento occidental contiene.
Lo estudiamos no porque sea europeo, eso da igual. Pero un exceso de autocrítica o de pasarnos de listos los europeos en esa autocrítica, nos sitúa ante dos peligros: uno, pasarle a Estados Unidos el relevo de la acción práctica y de la defensa de esos ideales. El otro peligro es el de debilitarnos, y en este periodo de crisis europea hay que mantenerse firmes en lo esencial. Abogo por la idea de una Europa transfronteriza que defienda toda una tradición".
Individuo y comunidad
Las páginas de La flecha en el aire trasmiten además un liberalismo "bien entendido". Grasa se explica: "El libro defiende la tradición liberal del individuo, entendido como la unidad básica de la sociedad; pero por otra parte es aristotélico en el sentido de la defensa de la virtud y de que nacemos en una comunidad. El concepto del liberalismo nos defiende de las agresiones a nuestra libertad, es algo pasivo. Luego está la parte activa, que depende de nosotros: es nuestro ejercicio de la virtud, del compromiso".
El objetivo último de Grasa es, con toda modestia, contribuir a mejorar la sociedad y esa contribución se hace desde las aulas: "A lo mejor me equivoco y soy un ingenuo, pero un sistema de personas formadas y libres va a tender, creo, a ser autocorrector con las injusticias. Cualquier otro modelo puede derivar hacia formas que restringen las libertades o hacia el extremo totalitario".
La flecha en el aire a la que se refiere el título es una metáfora de cada individuo y constituye la respuesta que Grasa le brinda a la despreocupada adolescente antes citada. Somos como flechas en el aire y en nuestras vidas nos toca orientar el rumbo mediante decisiones éticas y compromisos morales: "Esas obligaciones, como la flecha que ya está disparada, quieras o no, ya las has adquirido y no te puedes librar de tomar partido".
Además Grasa ofrece una idea, muy alejada de la corrección política que hoy se estila, de cómo debe ser la pedagogía. Defiende que entre docentes y estudiantes se establezca una clara distancia y una relación de subordinación, y lo defiende precisamente por el bien de los alumnos. "Aunque parezca contradictorio, esa distancia dogmática es una muestra de respeto hacia el alumno, y viene a ser el trasunto de otra paradoja clásica: educar es dar los instrumentos para que el alumno pueda liberarse de su educación y de su cultura, y ganar un juicio propio", apunta el autor en un pasaje del libro.
Así, con su corbata y su bata blanca, Grasa se enfrenta a la tarea de contribuir a la emancipación intelectual de sus estudiantes, extrayéndoles los prejuicios a los que están sujetos: "La mayoría de los alumnos son muy conservadores porque en el fondo han visto muy poco mundo. Se rigen mucho por estereotipos y, al fin y al cabo, para lo que estudian es para liberarse de su propia educación".
El escritor Ismael Grasa publica 'La flecha en el aire': diario de su aventura como profesor de Filosofía en bachillerato
ANTONIO FRAGUAS - Madrid - 29/09/2011
Vota Resultado 28 votos Comentarios - 3 . .Lea 'La patria', un capítulo de 'La flecha en el aire', de Ismael Grasa [en PDF]
Imaginen que una adolescente llega un día y les dice: "Yo no pedí permiso para nacer, luego no tengo ninguna obligación". ¿Qué responder? En este y en otros trances parecidos se ha visto el escritor Ismael Grasa (Huesca, 1968) quien desde hace seis años decidió compaginar su actividad literaria con un puesto de profesor de Filosofía de bachillerato en un colegio privado de Zaragoza. Grasa, autor de varias novelas, libros de viajes y de relatos, vuelve a las librerías con La flecha en el aire (Debate), una obra peculiar (entre el diario íntimo y el manual de ética) en la que cuenta esta experiencia pedagógica y personal. "De pronto me he visto en el trance de enfrentarme a la Filosofía. Ha sido un redescubrimiento de lo que estudié, y también con los chicos en la clase", afirma Grasa en un reciente viaje relámpago a Madrid.
"Estoy contra el adanismo, ese pensar que la inocencia de la juventud lo es todo"
"El relativismo se ha vendido mucho tiempo como una muestra de progreso y eso no tiene por qué ser así"
Un libro breve y ágil con cuya lectura se van a sentir aludidos no solo adolescentes y profesores, también cualquier persona interesada por lo que le rodea. La patria, la inmigración, los Derechos Humanos y la homosexualidad son algunas de las cuestiones, siempre de actualidad, que surgen en el aula de Grasa y también en estas páginas en las que el autor no da recetas mágicas y, en cambio, sí logra que el lector se ponga a filosofar: "El libro tiene la virtud de dejar insatisfecho, en el buen sentido, a quien lo lea. Cualquiera que se acerque con una ideología concreta se va a sentir distante e incómodo con él".
El autor defiende una noción de progreso alejada de las modas recientes (critica por ejemplo el planteamiento de la asignatura de Educación para la Ciudadanía) y cuestiona el relativismo que, afirma, va aflorando en los nuevos manuales de Filosofía escolar: "El relativismo cultural se ha vendido durante mucho tiempo como una muestra de progreso y eso no tiene por qué ser así. Si nuestro sistema democrático es bueno, tiene que ser bueno para todos. Otra cosa es que tengamos criterios de prudencia a la hora de intentar exportarlo. La idea de que todo depende de cada cultura, de cada siglo, es muy debilitadora".
Grasa arremete contra los biempensantes que reniegan de la tradición filosófica: "Me parece básico ese ideal que nace en Grecia (y se retoma en la Ilustración) de una racionalidad común y un proyecto universal. Esa idea es la que nos va permitir no bajar la guardia y defender en el mundo no solo una economía globalizada sino unos derechos globalizados".
También defiende sin complejos los ideales típicamente europeos, pese a las críticas más o menos fundamentadas que llueven desde sectores que se dicen multiculturales: "Estoy contra el adanismo, ese pensar que la inocencia de la juventud lo es todo y que los saberes antiguos son reaccionarios, hay que explicar por qué esa tradición es importante. Los Derechos Humanos, por ejemplo, no son menos valiosos por ser eurocéntricos. Lo importante es la semilla liberadora que el pensamiento occidental contiene.
Lo estudiamos no porque sea europeo, eso da igual. Pero un exceso de autocrítica o de pasarnos de listos los europeos en esa autocrítica, nos sitúa ante dos peligros: uno, pasarle a Estados Unidos el relevo de la acción práctica y de la defensa de esos ideales. El otro peligro es el de debilitarnos, y en este periodo de crisis europea hay que mantenerse firmes en lo esencial. Abogo por la idea de una Europa transfronteriza que defienda toda una tradición".
Individuo y comunidad
Las páginas de La flecha en el aire trasmiten además un liberalismo "bien entendido". Grasa se explica: "El libro defiende la tradición liberal del individuo, entendido como la unidad básica de la sociedad; pero por otra parte es aristotélico en el sentido de la defensa de la virtud y de que nacemos en una comunidad. El concepto del liberalismo nos defiende de las agresiones a nuestra libertad, es algo pasivo. Luego está la parte activa, que depende de nosotros: es nuestro ejercicio de la virtud, del compromiso".
El objetivo último de Grasa es, con toda modestia, contribuir a mejorar la sociedad y esa contribución se hace desde las aulas: "A lo mejor me equivoco y soy un ingenuo, pero un sistema de personas formadas y libres va a tender, creo, a ser autocorrector con las injusticias. Cualquier otro modelo puede derivar hacia formas que restringen las libertades o hacia el extremo totalitario".
La flecha en el aire a la que se refiere el título es una metáfora de cada individuo y constituye la respuesta que Grasa le brinda a la despreocupada adolescente antes citada. Somos como flechas en el aire y en nuestras vidas nos toca orientar el rumbo mediante decisiones éticas y compromisos morales: "Esas obligaciones, como la flecha que ya está disparada, quieras o no, ya las has adquirido y no te puedes librar de tomar partido".
Además Grasa ofrece una idea, muy alejada de la corrección política que hoy se estila, de cómo debe ser la pedagogía. Defiende que entre docentes y estudiantes se establezca una clara distancia y una relación de subordinación, y lo defiende precisamente por el bien de los alumnos. "Aunque parezca contradictorio, esa distancia dogmática es una muestra de respeto hacia el alumno, y viene a ser el trasunto de otra paradoja clásica: educar es dar los instrumentos para que el alumno pueda liberarse de su educación y de su cultura, y ganar un juicio propio", apunta el autor en un pasaje del libro.
Así, con su corbata y su bata blanca, Grasa se enfrenta a la tarea de contribuir a la emancipación intelectual de sus estudiantes, extrayéndoles los prejuicios a los que están sujetos: "La mayoría de los alumnos son muy conservadores porque en el fondo han visto muy poco mundo. Se rigen mucho por estereotipos y, al fin y al cabo, para lo que estudian es para liberarse de su propia educación".
Perú. Universidad e iglesia en pugna.
La Universidad y la Iglesia católicas se enfrentan en Perú
Las autoridades académicas y el clero están en pie de guerra por el gobierno de uno de los centros educativos más importantes del país
Nunca antes una asamblea universitaria había causado tanto revuelo y expectativa en Perú. El pasado viernes 23 de septiembre, alrededor de un millar de personas, la mayoría alumnos, se reunieron alrededor del campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Portaban pancartas y entonaban arengas, la mayoría en contra del arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani. En el interior del campus se desarrollaba un debate que se extendió por nueve horas. Lo que se discutía no era cosa menor: se trataba de un pedido del Vaticano para modificar el estatuto de la universidad y, entre otras cosas, permitir que el rector de la misma sea elegido por el arzobispo de Lima.
Al final, la respuesta fue negativa. En una decisión que fue muy celebrada por los manifestantes, la asamblea universitaria rechazó cualquier cambio a su estatuto y dijo estar dispuesta a conversar con la Santa Sede "en todo lo que no afecte su autonomía".
Se trata, hasta el momento, del último episodio de un largo conflicto entre una de las universidades más importantes del país -tiene 18.000 alumnos en 10 facultades- y el Vaticano, pero especialmente con el conservador arzobispo de Lima, quien considera que la universidad se ha alejado de sus raíces confesionales y reclama que se le restituya a la Iglesia los privilegios que tenía para designar a sus máximas autoridades.
Cipriani, que en varias ocasiones ha sido crítico con las autoridades de la PUCP, considera que la universidad está "en rebeldía" y que debe adaptar su estatuto a lo que dispone la Santa Sede. De lo contrario, podría perder su condición de católica y, también sus bienes, según Natale Amprimo, abogado del arzobispado. "Hay que señalar que desde que la universidad se funda le corresponde al arzobispo de Lima ratificar a sus autoridades. Su carta orgánica dice que ninguna designación será válida en tanto el arzobispo no la ratifique. Eso dicen todos los estatutos que fueron modificados en conformidad con la Santa Sede, y no es ajeno a lo que ocurre en otras universidades pontificias y católicas", explica.
Las autoridades de la PUCP aseguran que sus estatutos se ajustan a la ley peruana, que establece que los rectores deben ser elegidos por la asamblea universitaria. El Vaticano, en cambio, considera que debe sujetarse a las disposiciones de la Congregación para la Educación Católica y la constitución apostólica de Juan Pablo II sobre universidades católicas, la Ex Corde Ecclesiae. En el fondo, lo que está en juego es el control de una de las universidades privadas más prestigiosas de Perú, dueña además de importantes propiedades.
Las autoridades y un importante sector de alumnos y exalumnos de la PUCP temen también que, en manos de un cardenal del Opus Dei, la universidad pierda su carácter plural y se imponga en ella una doctrina católica ultraconservadora. "No confío en el cardenal Cipriani, no creo que sea la persona que pueda elegir al mejor rector para la Universidad Católica", ha declarado el rector, Marcial Rubio. El abogado del arzobispado asegura que esos temores son infundados. "Se dice que se implantará el oscurantismo, que las mujeres no podrán usar minifalda, que no se podrá mascar chicle. Esas son tonterías", enfatiza.
La semana pasada se conoció que el Vaticano enviará un visitador apostólico, emisario del Papa, para tomar conocimiento del caso y dialogar con las autoridades de universidad. Sin embargo, luego de conocerse la decisión de la asamblea, Cipriani puso en duda la pertinencia de la visita. "Creo que lo prudente hubiera sido esperar su venida, escucharlo y dejar que él escuche y estudie las cosas. Pero cuando no hay respeto, me pregunto: ¿vale la pena que venga un visitador a recibir los gritos de cinco mil alumnos insultando?", dijo el cardenal en el programa que tiene todos los sábados en la principal radio informativa del país, RPP.
Las autoridades académicas y el clero están en pie de guerra por el gobierno de uno de los centros educativos más importantes del país
Nunca antes una asamblea universitaria había causado tanto revuelo y expectativa en Perú. El pasado viernes 23 de septiembre, alrededor de un millar de personas, la mayoría alumnos, se reunieron alrededor del campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Portaban pancartas y entonaban arengas, la mayoría en contra del arzobispo de Lima, cardenal Juan Luis Cipriani. En el interior del campus se desarrollaba un debate que se extendió por nueve horas. Lo que se discutía no era cosa menor: se trataba de un pedido del Vaticano para modificar el estatuto de la universidad y, entre otras cosas, permitir que el rector de la misma sea elegido por el arzobispo de Lima.
Al final, la respuesta fue negativa. En una decisión que fue muy celebrada por los manifestantes, la asamblea universitaria rechazó cualquier cambio a su estatuto y dijo estar dispuesta a conversar con la Santa Sede "en todo lo que no afecte su autonomía".
Se trata, hasta el momento, del último episodio de un largo conflicto entre una de las universidades más importantes del país -tiene 18.000 alumnos en 10 facultades- y el Vaticano, pero especialmente con el conservador arzobispo de Lima, quien considera que la universidad se ha alejado de sus raíces confesionales y reclama que se le restituya a la Iglesia los privilegios que tenía para designar a sus máximas autoridades.
Cipriani, que en varias ocasiones ha sido crítico con las autoridades de la PUCP, considera que la universidad está "en rebeldía" y que debe adaptar su estatuto a lo que dispone la Santa Sede. De lo contrario, podría perder su condición de católica y, también sus bienes, según Natale Amprimo, abogado del arzobispado. "Hay que señalar que desde que la universidad se funda le corresponde al arzobispo de Lima ratificar a sus autoridades. Su carta orgánica dice que ninguna designación será válida en tanto el arzobispo no la ratifique. Eso dicen todos los estatutos que fueron modificados en conformidad con la Santa Sede, y no es ajeno a lo que ocurre en otras universidades pontificias y católicas", explica.
Las autoridades de la PUCP aseguran que sus estatutos se ajustan a la ley peruana, que establece que los rectores deben ser elegidos por la asamblea universitaria. El Vaticano, en cambio, considera que debe sujetarse a las disposiciones de la Congregación para la Educación Católica y la constitución apostólica de Juan Pablo II sobre universidades católicas, la Ex Corde Ecclesiae. En el fondo, lo que está en juego es el control de una de las universidades privadas más prestigiosas de Perú, dueña además de importantes propiedades.
Las autoridades y un importante sector de alumnos y exalumnos de la PUCP temen también que, en manos de un cardenal del Opus Dei, la universidad pierda su carácter plural y se imponga en ella una doctrina católica ultraconservadora. "No confío en el cardenal Cipriani, no creo que sea la persona que pueda elegir al mejor rector para la Universidad Católica", ha declarado el rector, Marcial Rubio. El abogado del arzobispado asegura que esos temores son infundados. "Se dice que se implantará el oscurantismo, que las mujeres no podrán usar minifalda, que no se podrá mascar chicle. Esas son tonterías", enfatiza.
La semana pasada se conoció que el Vaticano enviará un visitador apostólico, emisario del Papa, para tomar conocimiento del caso y dialogar con las autoridades de universidad. Sin embargo, luego de conocerse la decisión de la asamblea, Cipriani puso en duda la pertinencia de la visita. "Creo que lo prudente hubiera sido esperar su venida, escucharlo y dejar que él escuche y estudie las cosas. Pero cuando no hay respeto, me pregunto: ¿vale la pena que venga un visitador a recibir los gritos de cinco mil alumnos insultando?", dijo el cardenal en el programa que tiene todos los sábados en la principal radio informativa del país, RPP.
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