Argentina inventa las estadísticas
El Gobierno ha recibido varios avisos del FMI para que no manipule las cifras económicas
Francisco Peregil
Buenos Aires
17 DIC 2012 - 19:37 CET86
Cristina Fernández, en un discurso desde la Plaza de Mayo, el pasado 9 de diciembre. / ALEJANDRO PAGNI (AFP)
El Gobierno de Argentina lleva varios años recibiendo avisos para que
adecúe sus cifras sobre la inflación a la realidad. En 2004, un
prometedor profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires fundó
el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino (Cenda). Cuatro años después, su centro publicó un informe
que decía: “Como es de público conocimiento, a partir de la
intervención política del Instituto Nacional de Estadística y Censos
(Indec) en enero de 2007, las estadísticas oficiales han perdido toda
credibilidad”. El profesor Axel Kicillof se fue incorporando en 2009 al
ámbito del Gobierno hasta que en 2011 lo nombraron viceministro de
Economía y desempeñó un papel clave en la expropiación de YPF a Repsol.
A partir de ahí, jamás se le volvió a escuchar una palabra sobre la
manipulación del índice de precios. Su centro de estudios dejó de
publicar aquellos informes que hasta 2010 calculaban un índice de
precios basado en los informes de siete provincias y cuya inflación
anual casi siempre duplicaba a la oficial. Pero el problema de la
credibilidad siguió aumentando.
En la actualidad, la inflación oficial no supera el 10% y la que ofrecen las consultoras privadas la sitúan alrededor del 25%. En 2011, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner impuso multas de hasta 100.000 euros a las consultoras que publicaran los datos de inflación. Y entonces, los diputados de la oposición comenzaron a difundir las cifras de las consultoras. “Como estamos amparados legalmente, a nosotros no nos pueden multar”, explica el opositor Federico Pinedo.
El problema, como afirmaba el centro de Kicillof, comenzó en 2007. En aquella época Marcela Almeyda era la encargada en el Instituto Nacional de Estadística y Censos de elaborar un Índice de Precios al Consumidor Nacional, ya que el Indec solo refleja los precios de la capital y la provincia de Buenos Aires. “Nosotros teníamos las pruebas concretas de la manipulación. Nos hacían modificar precios que no les satisfacían. El primer mes, en enero de 2007, se ignoraron aumentos en la medicina privada, en el sector turístico y en el precio de la lechuga. Después, todos los alimentos empezaron a tener un tope de aumentos. Otros compañeros y yo denunciamos la manipulación a mis superiores y después ante los fiscales. Hasta que en noviembre de 2007 hubo 13 despidos. A mí no me pudieron echar porque yo era delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), pero me sacaron todas las tareas”.
Hasta el año pasado, el Gobierno consiguió que los salarios siempre fueran más altos que la inflación. Así, la inflación ha sido hasta ahora un elemento cuya importancia se pudo ningunear por parte del Gobierno. De los 200 discursos que la presidenta Fernández ha pronunciado este año apenas mencionó en una veintena de ocasiones la palabra inflación. Y casi siempre, para desmentir las cifras extraoficiales o afianzarse en su política de crecimiento.
Pero en 2013, la economía pasó de crecer un 7% a solo un 2,2% según las cifras oficiales
y solo un 1% según las consultoras privadas. Y la inflación comenzó a
ser un tema cada vez más candente. El FMI, mientras tanto, exigió a
Argentina que facilitara cifras transparentes y su directora, Christine
Lagarde, amenazó con sacarle “tarjeta roja” al país. Lagarde había
concedido a Cristina Fernández la fecha límite del lunes 17 de diciembre
antes de tomar acciones contra el país. Pero, finalmente, el Gobierno
argentino ha conseguido que se aplace esa fecha.
“La razón por la que empezaron a falsificar las cifras es que pagaban menos intereses a los acreedores que compraron deuda ajustada a los cambios de la inflación”, explica el diputado Federico Pinedo. “Y lo decían abiertamente, sin ocultarlo. Pero ahora el problema es que este país probablemente ya no podrá tener una serie confiable de la evolución de la economía en el futuro. Porque va a haber un lapsus demasiado largo de cifras falsas”.
En febrero pasado la revista británica The Economist dejó de publicar las estadísticas facilitadas por el Gobierno argentino. "Estamos cansados de ser parte de lo que parece ser un deliberado intento de engañar a votantes y estafar a inversionistas", publicó en un artículo.
Varios alumnos de Harvard le preguntaron el pasado septiembre a Cristina Fernández por la inflación y la manipulación de las estadísticas y ella respondió que ese no es solo un problema de Argentina: “¿Cuánto es la inflación oficial en este país? 2%. ¿Realmente todos ustedes creen que el costo de vida en Estados Unidos crece únicamente el 2% anual?”
Eduardo Amadeo, diputado del opositor Frente Peronista cree que lo más difícil ahora es arreglar el entuerto. “La única manera de afrontar el tema de la inflación es empezar por reconocerlo. Y después, habría que llegar a un acuerdo que implicara a todos los partidos. Pero la tozudez de la presidenta impide hacerlo”.
En la actualidad, la inflación oficial no supera el 10% y la que ofrecen las consultoras privadas la sitúan alrededor del 25%. En 2011, el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner impuso multas de hasta 100.000 euros a las consultoras que publicaran los datos de inflación. Y entonces, los diputados de la oposición comenzaron a difundir las cifras de las consultoras. “Como estamos amparados legalmente, a nosotros no nos pueden multar”, explica el opositor Federico Pinedo.
El problema, como afirmaba el centro de Kicillof, comenzó en 2007. En aquella época Marcela Almeyda era la encargada en el Instituto Nacional de Estadística y Censos de elaborar un Índice de Precios al Consumidor Nacional, ya que el Indec solo refleja los precios de la capital y la provincia de Buenos Aires. “Nosotros teníamos las pruebas concretas de la manipulación. Nos hacían modificar precios que no les satisfacían. El primer mes, en enero de 2007, se ignoraron aumentos en la medicina privada, en el sector turístico y en el precio de la lechuga. Después, todos los alimentos empezaron a tener un tope de aumentos. Otros compañeros y yo denunciamos la manipulación a mis superiores y después ante los fiscales. Hasta que en noviembre de 2007 hubo 13 despidos. A mí no me pudieron echar porque yo era delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), pero me sacaron todas las tareas”.
Hasta el año pasado, el Gobierno consiguió que los salarios siempre fueran más altos que la inflación. Así, la inflación ha sido hasta ahora un elemento cuya importancia se pudo ningunear por parte del Gobierno. De los 200 discursos que la presidenta Fernández ha pronunciado este año apenas mencionó en una veintena de ocasiones la palabra inflación. Y casi siempre, para desmentir las cifras extraoficiales o afianzarse en su política de crecimiento.
"La razón por la que empezaron a falsificar las cifras es que pagaban menos intereses a los acreedores"
Federico Pinedo, diputado argentino
“La razón por la que empezaron a falsificar las cifras es que pagaban menos intereses a los acreedores que compraron deuda ajustada a los cambios de la inflación”, explica el diputado Federico Pinedo. “Y lo decían abiertamente, sin ocultarlo. Pero ahora el problema es que este país probablemente ya no podrá tener una serie confiable de la evolución de la economía en el futuro. Porque va a haber un lapsus demasiado largo de cifras falsas”.
En febrero pasado la revista británica The Economist dejó de publicar las estadísticas facilitadas por el Gobierno argentino. "Estamos cansados de ser parte de lo que parece ser un deliberado intento de engañar a votantes y estafar a inversionistas", publicó en un artículo.
Varios alumnos de Harvard le preguntaron el pasado septiembre a Cristina Fernández por la inflación y la manipulación de las estadísticas y ella respondió que ese no es solo un problema de Argentina: “¿Cuánto es la inflación oficial en este país? 2%. ¿Realmente todos ustedes creen que el costo de vida en Estados Unidos crece únicamente el 2% anual?”
Eduardo Amadeo, diputado del opositor Frente Peronista cree que lo más difícil ahora es arreglar el entuerto. “La única manera de afrontar el tema de la inflación es empezar por reconocerlo. Y después, habría que llegar a un acuerdo que implicara a todos los partidos. Pero la tozudez de la presidenta impide hacerlo”.
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