Me niego tajantemente a escribir una narración acerca de los dos años que enfrenté al cáncer y publicarlo como un libro literario, eso para mi no tiene ningún valor, simplemente luché todos los días contra algo que sabía podía vencer, pese a todo.
Solamente diré que acepté ingresar como "conejillo de indias" para que experimentaran en mi cuerpo un nuevo medicamento contra el cáncer de próstata, corrí el riesgo de morir en el intento pero me atreví.
Fueron dos años de pérdidas continuas: uñas, cabello, dientes, el olfato, el tacto y el gusto, entre otras cuestiones dolorosas. Y, para rematar, perdí también a mi compañera sentimental a quien amaba. Me tuve que enfrentar a todo el proceso en plena soledad. Lloré de impotencia y de rabia, como nunca me había atrevido hacerlo (los hombres no lloran, era la consigna de mi época).
Escribí todos los días de la hospitalización, con dolor físico intenso, pero era mi catarsis diaria. La literatura me salvó la vida.
Hoy deseo escribir acerca de la vida y la dicha de disfrutar cada instante del día, por eso escribo historias de amor.
Vivo en ciudad de Guatemala, rodeado de afectos intensos y de paisajes maravillosos, soy un ser afortunado por poder contemplar los volcanes que tantas erupciones y terremotos causan a mi tierra, también puedo caminar por las calles empedradas de La Antigua Guatemala, y beber deliciosas tazas de café guatemalteco de exportación a precios de risa.
Vivo el presente, el aquí y el ahora, como lo haría cualquier budista practicante.
No hay pasado ni futuro, todo lo que tengo es este instante y ya.
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miércoles, 9 de junio de 2010
martes, 8 de junio de 2010
Cáncer y muerte en la literatura.
Casualmente me encontré en México, en mi café favorito de la colonia Condesa, a dos escritores de prestigio, Federico Campbell y Humberto Mussachio, con quienes compartí proyectos periodísticos importantes en los años ochentas. En una larga y sabrosa conversación salió a relucir el tema del cáncer y su vinculación con la literatura mexicana. De hecho existe una colección literaria en la cual varios escritores de renombre de México, relatan su encuentro con la muerte (y con dios) a través de la enfermedad llamada cáncer.
Sabiendo ellos que yo superé un cáncer terminal hace menos de un año, me sugirieron que escribiera esa experiencia personal y que habría manera de publicar una pequeña obra literaria al respecto.
Durante el enfrentamiento diario por la supervivencia, escribí un centenar de páginas relatando el proceso de la enfermedad, la radioterapia y la quimioterapia, y de los estragos y perjuicios que hacían en mi cuerpo y en mi mente. La escritura me salvó la vida, era mi terapia, a la cual me aferraba día a día, inclusive llegué a escribir bajo el efecto del delirio que me generó la fase crítica del cáncer y su terapeutica.
He dudado de escribir y publicar mi experiencia frente al cáncer y la muerte, por una sola razón: cada paciente es distinto y cada cáncer también, por ello pienso que no sirve para que los lectores se formen una idea de la enfermedad, mi testimonio es el producto de la desesperación. Fue un grito enmedio del desierto, una voz que salía de mi corazón y que no tenía destinatario alguno.
Anoche no dormí dándole vueltas a la sugerencia de mis amigos escritores acerca de escribir de cómo le gané la batalla al cáncer, me niego a escribir de eso con todo detalle.
Simplemente, estoy viviendo de nuevo en una segunda oportunidad que me brinda la vida y quiero ser feliz cada instánte, y gozar las cosas sencillas de la existencia humana.
Sabiendo ellos que yo superé un cáncer terminal hace menos de un año, me sugirieron que escribiera esa experiencia personal y que habría manera de publicar una pequeña obra literaria al respecto.
Durante el enfrentamiento diario por la supervivencia, escribí un centenar de páginas relatando el proceso de la enfermedad, la radioterapia y la quimioterapia, y de los estragos y perjuicios que hacían en mi cuerpo y en mi mente. La escritura me salvó la vida, era mi terapia, a la cual me aferraba día a día, inclusive llegué a escribir bajo el efecto del delirio que me generó la fase crítica del cáncer y su terapeutica.
He dudado de escribir y publicar mi experiencia frente al cáncer y la muerte, por una sola razón: cada paciente es distinto y cada cáncer también, por ello pienso que no sirve para que los lectores se formen una idea de la enfermedad, mi testimonio es el producto de la desesperación. Fue un grito enmedio del desierto, una voz que salía de mi corazón y que no tenía destinatario alguno.
Anoche no dormí dándole vueltas a la sugerencia de mis amigos escritores acerca de escribir de cómo le gané la batalla al cáncer, me niego a escribir de eso con todo detalle.
Simplemente, estoy viviendo de nuevo en una segunda oportunidad que me brinda la vida y quiero ser feliz cada instánte, y gozar las cosas sencillas de la existencia humana.
Etiquetas:
cáncer,
escritura,
experiencia de dolor,
la muerte
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