Un anillo al dedo de la monarquía
Todo sucedió como debía ser: el príncipe se casó, la princesa conmovió corazones, los dos se besaron en el balcón. Miles de británicos celebraron el casamiento convertido en orgullo nacional. El show que la monarquía necesitaba para oxigenarse.
Por Marcelo Justo
La monarquía británica goza de una salud aparentemente indestructible. La boda del príncipe Guillermo, segundo en la sucesión del trono, y la ahora duquesa de Cambridge, Catalina Middleton, movilizó a cientos de miles de personas que esperaron pacientemente el paso de la pareja en el trayecto que separa la Abadía de Westminster y el Palacio de Buckingham o que siguieron los eventos en las pantallas gigantescas de Hyde Park y la Plaza de Trafalgar o en las más de cinco mil fiestas callejeras que se celebraron en el Reino Unido. El momento apoteósico para la multitud fue cuando la familia real se asomó al balcón del palacio y, en el medio, a pedido de la multitud, el príncipe y su esposa se besaron dos veces.
“What a circus, what a show”, se burlaba Andrew Lloyd Webber del funeral de Evita, ignorando que sus palabras se aplican mucho mejor a cualquiera de estos megaeventos de la realeza británica. A casi 14 años de que la muerte de la madre de Guillermo, lady Di, abriera interrogantes sobre el futuro de la monarquía, ésta ha resurgido con las enseñanzas que dejó el “Diana affair”: manejo mediático, ángel escénico de sus nuevos protagonistas, belleza, naturalidad.
Desde la noche anterior, las calles se fueron saturando de gente que quería asegurarse un primer lugar en la multitud para verlos pasar unos segundos de cerca. Embanderados, patrióticos, felices, disfrazados, festivos, de todas las edades, celebraron el paso de la familia real camino a la Abadía de Westminster, el del príncipe Guillermo y Enrique en el mismo coche negro, y el de la heroína de la jornada, Kate, que se llevó los mejores vítores.
En la Abadía seguían el “circus” y el “show” con la parafernalia que adorna estos eventos: sombreros de todo tipo, estilo y gusto, trajes coloridos y sobrios, los fracs, el sobrecargado barroco de los uniformes militares con su laberinto de medallas y condecoraciones. Reyes, príncipes, sultanes, mandatarios, el gobierno británico en pleno, embajadores, celebridades, familiares y los “commoners” que siempre aparecen en un evento real: un total de 1900 invitados entre los que se encontraban David Beckham, Elton John y Rowan “Mr. Bean” Atkinson. A las 10 y 15 entró el novio con uniforme de coronel de la Guardia Irlandesa y la insignia de la Orden de la Jarretera, máximo honor que concede la reina.
Unos 45 minutos más tarde Kate ingresó en la Abadía del brazo de su padre, el empresario Michael Middleton. La multitud que seguía por televisión y radio vitoreó en todas partes y entró en éxtasis cuando llegó el “sí quiero”. Entrevistada por la BBC, una mujer con claro acento de clase trabajadora decía que era “el día más feliz de su vida”. Otros hablaban del “orgullo nacional”, de la “celebración del ser británico”, de una unión más allá de la diferencias. Un estadounidense miraba todo extasiado. “Para la pompa ceremonial, los británicos son los mejores. Uno se contagia inevitablemente de toda su energía y emoción.”
La plaza estalló con los besos que se dieron en el balcón el príncipe y la duquesa de Cambridge. A partir de ese momento se cerró el telón. En el palacio hubo una recepción para unas 650 personas con ensalada de cangrejo, pato, queso de cabra, langostinos, salmón, tarta de espárragos, pastel de pescados y postre. Unos 300 invitados se quedaron para la cena y la discoteca en el palacio mismo que, organizada por el príncipe Carlos, debió ser un evento para alquilar balcones.
Entre los republicanos había una mezcla de resignación, humor y fatalismo. En su edición digital, el matutino The Guardian abrió una pestaña en la esquina superior con un “Republicans click here” para una edición especial sin noticias sobre el enlace. En el mismo diario, el comentarista Timothy Ashton Nash hacía un análisis que resume la posición de muchos intelectuales incómodos con la institución, pero pragmáticos. “Si Guillermo y Catalina se portan bien, a diferencia de otros miembros más revoltosos de la familia real, y contribuyen al desarrollo de una monarquía constitucional moderna, la situación será tal vez mejor que las alternativas más probables.
No me parece que países como Suecia, Holanda, Dinamarca y España, que tienen reyes, estén peor que otros que cuentan con presidentes elegidos entre los políticos de partido. ¿O preferiríamos que el Palacio de Buckingham lo ocupase, por ejemplo, el presidente Blair?”, dice Ash. El catedrático destaca que, salvo por un breve interludio en el siglo XVII hubo reyes en Inglaterra en los últimos 1000 años y obras como la de Shakespeare serían impensables sin la monarquía. “Puestos a hablar del poder de un individuo a quien nadie ha elegido, el magnate de la comunicación Rupert Murdoch es una amenaza mucho más grave para la democracia británica que nuestro jefe de Estado hereditario. Ningún monarca británico se ha negado a aprobar una ley desde 1707”, resume Ash.
No es el punto de vista de algunos jóvenes radicalizados desde la hecatombe financiera de 2008. La policía usó ayer sus poderes especiales para detener, cachear y obligar a quitarse pasamontañas y máscaras a un grupo que se había reunido en la plaza de Soho, en el centro de Londres, pero a cierta distancia de toda la celebración. La policía indicó que había arrestado a una persona que se había puesto a cantar “We all live in a fascist regime” con el tono de la famosa canción de Los Beatles “We all live in the yellow submarine”.
Hubo otros 43 arrestos en la zona de la boda real y detenciones preventivas en casas de ocupas el miércoles y jueves. En Cambridge la policía arrestó a Charlie Veitch, un conocido anarquista, por “intento de perturbar el orden público y la paz”. Su novia, Silvia Carlo, estudiante de Política y Psicología en Cambridge criticó duramente a la policía.
“Entraron, no encontraron nada y se lo llevaron. Esto fue ayer a las 10 de la mañana y todavía no sabemos dónde está. Hablamos de la boda y la belleza y las tiaras y el espectáculo, pero acá están llevándose gente como en China”, dijo Carlo. Anarquistas entrevistados por este diario negaron todo interés en la boda y acusaron a la policía y los medios de usar los operativos de seguridad para vengarse por las protestas en marzo contra el programa de ajuste y a fin del año pasado contra la política universitaria.
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sábado, 30 de abril de 2011
sábado, 24 de julio de 2010
La Brenda en Nueva York.
Por razones de trabajo La Brenda se fue este fin de semana a Nueva York, la idea de ella es completar el ajuar de la boda, le faltan los zapatos, la bolsa, y todos los accesorios que ella es capaz de ponerse encima.
Me habló largamente por teléfono para contarme sus planes de trabajo y de placer, además de ofrecerme algo de ropa para el invierno, ella ignora que en Guatemala solamente hay dos estaciones: la de lluvias y la del ferrocarril; no hay invierno como en Canadá, treinta grados bajo cero. Guatemal es el país de la eterna primavera, siempre calientito el ambiente y muchas lluvias torrenciales, somos un país tropical lluvioso.
Le sugerí a la Brenda que en Nueva York visitara un par de exposiciones de arte, que se alojan en el Museo de Arte Moderno, y que visitara un sitio donde se reunen varios artistas a tocar jazz, cerca del Central Park, además que visite "La Zona Cero", donde estaban Las Torres Gemelas del World Trade Center, antes de que construyan el proyecto arquitectónico más impresionante del siglo XXI.
Pero La Brenda me respondió con un largo silencio, que interpreto como: "un no me interesan esas cosas".
Ella va a estar hoy en La Quinta Avenida, en la famosa tienda Sacks aprovechando las ofertas de verano, y por ahí se meterá a un espectáculo de teatro o variedades en los sitios de moda. Ella es frívola y así la acepto, la cultura le produce alergias en todo el cuerpo, se llena de urticaria, casi siempre que me acompaña a los museos o a la ópera en Bellas Artes. Tampoco lee los periódicos, ella opina que los periódicos son excelentes para envolver papayas, plátanos verdes, y para limpiar vidrios.
Yo leo diariamente cinco periódicos entre el español El País y cuatro diarios nacionales: La Jornada, El Universal, Milenio y El Reforma. Son resabios de cuando me dedicaba al periodismo, es un hábito aunque mis exmujeres digan que es un vicio que mata la comunicación con la pareja, porque me aislo varias horas sumergido en la lectura cuidadosa de artículos y editoriales.
A La Brenda solamente le he pedido que me consiga una gabardina tradicional de Christian Dior, de esas que usaba Bogart en sus películas, de esas clásicas de los investigadores policiacos de las series gringas. Ella ya me entendió y sabe perfectamente dónde comprarla.
Me asusta la idea de La Brenda comprando el ajuar de novia, eso significa que ella sigue empeñada en que nos casemos este año, yo tengo mis serias dudas al respecto.
Le voy a proponer cuando regrese de Nueva York, lo siguiente: Hacemos la ceremonia religiosa para que luzca su vestido de novia elegantísimo, pero no firmamos ningún papel ante el registro civil, creo que ella aceptará mi oferta con tal de salir de blanco y postrarse ante el altar, es muy creyente. La otra cuestión importante es la que se refiere al esquema amoroso de "la toalla" (tú allá y yo acá); es decir juntos pero separados, cada quien en su casa y dios en la de todos. Esta genial idea no creo que le parezca adecuada para sus proyectos de vida en común. Quizá llegemos al acuerdo de que cada quien tenga un espacio aparte dentro de la casa, inclusive para dormir. Vamos a ver qué piensa La Brenda de mis planes matrimoniales, en cuanto a la convivencia. Tengo mucha experiencia en vivir en pareja bajo el mismo techo, y siempre al rutina corrompe la relación, por cansancio o aburrimiento. Yo quiero que eso no ocurre entre la Brenda y yo.
Esperemos que vuelva mi amada Dulcinea de Nueva York, para plantearle estas ideas sobre el amor en pareja...
Me habló largamente por teléfono para contarme sus planes de trabajo y de placer, además de ofrecerme algo de ropa para el invierno, ella ignora que en Guatemala solamente hay dos estaciones: la de lluvias y la del ferrocarril; no hay invierno como en Canadá, treinta grados bajo cero. Guatemal es el país de la eterna primavera, siempre calientito el ambiente y muchas lluvias torrenciales, somos un país tropical lluvioso.
Le sugerí a la Brenda que en Nueva York visitara un par de exposiciones de arte, que se alojan en el Museo de Arte Moderno, y que visitara un sitio donde se reunen varios artistas a tocar jazz, cerca del Central Park, además que visite "La Zona Cero", donde estaban Las Torres Gemelas del World Trade Center, antes de que construyan el proyecto arquitectónico más impresionante del siglo XXI.
Pero La Brenda me respondió con un largo silencio, que interpreto como: "un no me interesan esas cosas".
Ella va a estar hoy en La Quinta Avenida, en la famosa tienda Sacks aprovechando las ofertas de verano, y por ahí se meterá a un espectáculo de teatro o variedades en los sitios de moda. Ella es frívola y así la acepto, la cultura le produce alergias en todo el cuerpo, se llena de urticaria, casi siempre que me acompaña a los museos o a la ópera en Bellas Artes. Tampoco lee los periódicos, ella opina que los periódicos son excelentes para envolver papayas, plátanos verdes, y para limpiar vidrios.
Yo leo diariamente cinco periódicos entre el español El País y cuatro diarios nacionales: La Jornada, El Universal, Milenio y El Reforma. Son resabios de cuando me dedicaba al periodismo, es un hábito aunque mis exmujeres digan que es un vicio que mata la comunicación con la pareja, porque me aislo varias horas sumergido en la lectura cuidadosa de artículos y editoriales.
A La Brenda solamente le he pedido que me consiga una gabardina tradicional de Christian Dior, de esas que usaba Bogart en sus películas, de esas clásicas de los investigadores policiacos de las series gringas. Ella ya me entendió y sabe perfectamente dónde comprarla.
Me asusta la idea de La Brenda comprando el ajuar de novia, eso significa que ella sigue empeñada en que nos casemos este año, yo tengo mis serias dudas al respecto.
Le voy a proponer cuando regrese de Nueva York, lo siguiente: Hacemos la ceremonia religiosa para que luzca su vestido de novia elegantísimo, pero no firmamos ningún papel ante el registro civil, creo que ella aceptará mi oferta con tal de salir de blanco y postrarse ante el altar, es muy creyente. La otra cuestión importante es la que se refiere al esquema amoroso de "la toalla" (tú allá y yo acá); es decir juntos pero separados, cada quien en su casa y dios en la de todos. Esta genial idea no creo que le parezca adecuada para sus proyectos de vida en común. Quizá llegemos al acuerdo de que cada quien tenga un espacio aparte dentro de la casa, inclusive para dormir. Vamos a ver qué piensa La Brenda de mis planes matrimoniales, en cuanto a la convivencia. Tengo mucha experiencia en vivir en pareja bajo el mismo techo, y siempre al rutina corrompe la relación, por cansancio o aburrimiento. Yo quiero que eso no ocurre entre la Brenda y yo.
Esperemos que vuelva mi amada Dulcinea de Nueva York, para plantearle estas ideas sobre el amor en pareja...
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cada quien en su casa y todos felices.
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