miércoles, 4 de agosto de 2010

La Brenda, un pleitazo.

La Brenda llegó anoche para recabar la respuesta a su petición de casamiento que me hizo en días pasados. Ella está empeñada en contraer matrimonio antes de que finalice el año, y me da la impresón que le da lo mismo hacerlo con cualquier hombre que ella desee.

Nunca he entendido esa obsesión de La Brenda, por casarse de blanco y salir de la iglesia tomada del brazo "del hombre de su vida". Lo poco que sé de su historia amorosa, refiere una relación con un hombre que es el padre de su único hijo, relación que tuvo lugar cuando ella era una jovencita de veinte años y él también andaba por los veintidos. Noviazgo que duró escasamente un año, y cuando ella resultó embarazada el muchacho huyó despavorido hacia los Estados Unidos, jamás supo de él. Tampoco su hijo pregunta por el paradero de su progenitor. El hijo de La Brenda es un hombre de treinta años, que también se fue a trabajar a los Estados Unidos en calidad de migrante ilegal. Ella sabe que su amado hijo, Luis, vive en San Francisco, California.

El asunto es que La Brenda está ahora conmigo, ansiosa por saber qué he pensado sobre el matrimonio con ella. Confirmé que no ha comprado un boleto de avión para ir a Guatemala, lo cual me tranquiliza bastante. Ya que a mi familia no les agrada esta clase de sorpresas, del tipo: "ya llegué y, ¿qué creen?, les presento a mi novia Brenda.

Estoy ahora en el hotel Nikko, que tanto le agrada a La Brenda, ya hicimos el amor desaforadamente, y ahora hemos podido platicar más relajadamente sobre nuestro futuro como pareja. Ella me ha traído algunos regalitos para mis hermanas y sobrinas, cosas caras pero de buen gusto, así es La Brenda de generosa con la gente que quiere y ama.

Le he dejado entrever mi posición sobre la boda, y es muy clara, no pienso casarme por quinta vez, ya no. En todo caso, le propongo una relación de amasiato o concubinato, que es lo moderno, lo de hoy. NO le gustó nada el plateamiento, hizo caras de desaprobación, frunció el ceño y la boca, fue una mueca de disgusto.

Me cuenta La Brenda que tiene planeado, en breve un viaje a Paris, para visitar la casa matriz de la empresa de cosméticos que ella representa en América Latina y de paso tomarse un par de semanas de vacaciones. Obviamente me invita con todos los gastos pagados, pero yo le argumenté que necesito ver mis asuntos en Guatemala, porque tengo ya tres meses en México y simplemente ya es hora de retornar.

El pleitazo al final, fue por la doble negativa: a casarme y a irme con ella a Paris.

Quedamos firmemente en platicar a su regreso de Francia, a finales de agosto.

La extraño demasiado, es una buena mujer ansiosa por casarse y ser feliz en pareja, pero yo estoy en otro canal, en el del disfrute de mi soltería.

Los proyectos nuestros chocan entre sí...

Espero con fervor su regreso a México, a ver cómo viene la dama voluptuosa de regreso de Paris, y volver a negociar la relación de pareja.

martes, 3 de agosto de 2010

Una larga espera.

Camila fue un ser especial para él. El la adoró desde el momento en que la conoció, no podía ser de otro modo, ella era bella y querible. Había suficientes motivos para que esa relación fuera duradera, un amor eterno, pues.

Vivieron juntos tres años, los más importantes para ella y también para él. En ese lapso se desarrolló un lazo afectivo profundo y bello, nada se interponía entre ellos, todo fluía como miel sobre hojuelas.

Pero un día Camila se fue a Europa, a Barcelona para ser precisos, aunque hubo llamadas esporádicas por el teléfono de la computadora, nada fue igual que antes, pero el amor continuaba intermitentemente.

Camila ha hecho su vida en Barcelona, tiene una familia feliz, unida y amorosa. Sus estudios los continuó allá, por eso conserva un acento catalán al hablar, acento que le agrada a él escuchar en ella.

Un día, de modo inesperado, Camila dijo: "Voy a México, quiero verte". El no cabía de gusto en su cuerpo y en su mente, habían pasado demasiados años de ausencia de ese ser tan querido y amado por él.

Ese día llegó por fin, y se citaron en un restaurante del barrio bohemio de Coyoacán, se llama Centenario 107, ahí comerán algo rio y charlarán de tantas cosas que han vivido cada quien por su lado, hay emoción por el encuentro en ambos, las horas pasan lentamente, mientras llega ese ansiado instante del encuentro.

Camila tiene nueve años y su abuelo sesenta y cinco, ella viajó sola como una señorita mayor, se sabe desenvolver bien en la vida.

Su abuelo la admira, la aprecia y la ama intensamente.

Ya habrán de abrazarse y mirarse fijamente a los ojos, y sin palabras dirán que se aman.

Cáncer de mamá, una peste.

Ahora que he estado en México, he podido atestiguar la cantidad de casos de amigas y conocidas con cáncer de mama, es una verdadera peste.

Me puedo interrogar al respecto: ¿qué está pasando? y es difícil dar respuesta clara a dicho fenómeno desgraciado.

En todos los casos se trata de mujeres menores de cincuenta años, que no tienen relación todavía con la menopausia, si es que esa pudiera ser una explicación posible. Al tratarse de una verdadera revolución hormonal en el cuerpo de las mujeres, que rebasan las cinco décadas.

Hace algunos años, leí una invetigación de una universidad norteamericana, que relacionaba el cáncer de mama con la ingesta de hormonas de reemplazo. Nunca volví a leer nada al respecto después.

Cuando me sometí a un largo tratamiento de radioterapia, la inmensa mayoría de las pacientes eran mujeres con cáncer de mamá, conincidíamos todos los días en esas frías salas de espera de los hospitales públicos.

Ellas muy dignas, con sus cabezas rapadas, y sin un seno, o sin los dos, eran admirables y muy aguantadoras del tormento físico que entrañaba la sesión cotidiana. Un mes y medio estuvimos viéndonos las caras en la sala de espera, aguardando el turno correspondiente para ingresar a esa cámara de rayos atómicos que bombardearía nuestros órganos, algunas horas después.

Nunca hablamos, siempre fue un diálogo a base de miradas y sonrisas, es que en realidad no hay nada que comentar al respeto, uno tiene cáncer y ya. Y cada paciente y cada cáncer es muy particular de cada quien.

Me inquieta no poder ayudar a estas mujeres conocidas mías, y tampoco a las que no conozco, porque el tratamiento es caro y su efectividad depende de tantas cuestiones que no hay certezas posibles.

Lo único que he podido hacer es recomendar eluso de un veneno de alacrán que traen de Cuba, llamado ESCOZUL, que encapsula el tumor canceroso, evitando su expansión. A mi me dió excelentes resultados.

Sufrí el cáncer en mi cuerpo, y me conduelo de ver a mis hermosas amigas batallando contra ese mal. Pienso que saldrán avantes, porque son unas guerreras, aguerridas y dispuestas a todo, a luchar por la vida con la vida.

Retorno a Guatemala apesadumbrado por esos hechos de enfermedad que padecen mis amigas queridas, ellas sabrán siempre que ahí estaré para ayudar y alentarlas a que sigan en la lucha.