lunes, 1 de julio de 2013

Neymar, el héroe.

Neymar pasa su reválida

El punta azulgrana, elegido mejor jugador del torneo, refrenda su condición de estrella

Neymar se abraza con Xavi al final del partido. / Jasper Juinen (Getty)

Neymar se presentó en Maracaná con la gorra al revés y repartiendo saludos a la torcida que le aclamaba desde los muros exteriores del estadio. Lucía esa sonrisa permanente que le emparenta con la alegría de tantos futbolistas recreativos que dio Brasil. Tipos como Garrincha para los que jugar al fútbol era todo menos sufrimiento. Transmite Neymar en cada uno de sus gestos ese mismo aire lúdico que se desprende desde la seguridad del dominio completo del balón.
Fue el último en presentarse en la escalerilla de vestuarios antes del calentamiento. Maracaná rugió cuando vio por los videomarcadores a su joven ídolo, que hizo un cambio de ritmo y se precipitó al terreno de juego donde otra vez fue vitoreado. Con 21 años, Neymar ha pasado la gran prueba de Maracaná y la canarinha. Ha salido indemne y triunfador de un torneo en el que Brasil estaba obligado a ganar y él a ser el referente. El gran objetivo de los pentacampeones del mundo es el Mundial del año que viene, pero necesitaban la consolidación de un futbolista fiable en el que depositar sus esperanzas.
Su ritual más repetido, levantarse el cuello de la camiseta a lo Cantona, dio paso a un partido sobrio, en el que combinó detalles buenos con algunas jugadas en las que se esperaba más de él. No se vio a un Neymar filigranero, pero sí contundente en sus intervenciones. Poderoso en las arrancadas a la contra, a veces imparable en el desborde en velocidad. De alguna manera, se puede decir que liquidó a la defensa española. Invitó a Del Bosque a sentar a Arbeloa, al que le arrancó una amarilla y mandó a Piqué a la caseta por una roja directa cuando el que será su compañero probó uno de sus velocísimos regates a la carrera.
Estuvo de por medio en el primer gol, incomodando el despeje de Arbeloa. Caído a la izquierda, dio siempre la sensación de poder imprimirle un par de marchas más a sus carreras que el lateral madridista. En una de ellas, Arbeloa se vio obligado a derribarle a la altura del centro campo para evitar que iniciara un desmarque que tenía pinta de ser definitivo. Sí lo fue su gol, que pareció poner ya una distancia insalvable para España. Templó bien un ataque en el pico del área, defendido por Arbeloa. Se frenó y buscó la pared. Picó Arbeloa, que por irse a cerrar al medio se olvidó de lo que dejaba a la espalda. Nada menos que a un jugador capaz de salir por los dos perfiles: cuando encara también es capaz de definir con precisión con amba piernas. En este caso fue un zurdazo seco con el empeine exterior. Un trallazo que se fue a colar cercano a la escuadra derecha de Casillas. Un remate y un gol, pareció querer decirle a sus compañeros cuando fueron a felicitarle.
El atacante brasileño ha marcado en cuatro de los cinco partidos del campeonato
El tanto supuso el cuarto de Neymar en esta Copa Confederaciones, solo uno menos que Fernando Torres y de Fred, que compartieron el trofeo al máximo goleador. Neymar se va como el mejor jugador del torneo. En una selección que vive más del orden que del talento, sin duda se ha consagrado como el futbolista a seguir. No es fácil asumir todo lo que ha tenido que acarrear en estas dos semanas. Llegó a esta Copa Confederaciones con todos los focos después de su fichaje por el Barcelona. Desde que el balón comenzara a rodar, el día a día ha sido suyo. Marcó frente a Italia, contra Japón, México y anoche contra España. Cuatro goles en cinco partidos, cada uno distinto, pero dejando la sensación de que domina ese disparo de media distancia que muchos entrenadores dicen que miden la verdadera precisión de los futbolistas.
A un año del Mundial, Brasil ya tiene el 10 que le exige su historia para afrontar un campeonato que también estará obligado a ganar. Si de algo le ha servido esta Confederaciones a Neymar es para haber pasado el exigente examen que supone plantarse en Maracaná con la obligación de justificar tanto con una carrera aún en ciernes.

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