viernes, 12 de julio de 2013

Rajoy muy fuerte

El ‘caso Bárcenas’ aumenta la presión política sobre el Gobierno

El escándalo preocupa porque borra la agenda en un momento clave

Santamaría asegura que Rajoy ya desmintió los papeles y que no hay novedad

Soraya Sáenz de Santamaría, durante la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros de este viernes / 
Se acabó el silencio sobre Luis Bárcenas en las ruedas de prensa de los viernes. La presión política es de tal calibre, y la preocupación en los círculos de poder del PP de tal nivel, que la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, reacia hasta ahora a entrar en este escándalo, fue preguntada ayer en el Consejo de Ministros y no eludió la respuesta, como otras veces, para tratar de apagar el enorme incendio político provocado por el cambio de estrategia del extesorero, dispuesto ahora a hablar y atacar nada menos que al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
La vicepresidenta pronunció el nombre del extesorero varias veces, ya en sí una novedad, y contestó a las preguntas con una idea de fondo: “El Gobierno es estable” y “está trabajando, como demuestra este pedazo de reforma”, llegó a decir en referencia a la eléctrica, presentada ayer, una medida clave que ha supuesto una gran batalla interna en el Ejecutivo y unas durísimas presiones de los lobbys y que ahora puede quedar opacada por el escándalo. Sáenz de Santamaría se vio obligada así a defender y garantizar la estabilidad del Gobierno, el gran valor del que siempre presume Rajoy en Europa gracias a su mayoría absoluta, y a tratar de despejar las dudas sobre el futuro del presidente que recorren no solo los análisis políticos españoles sino también internacionales. Ella lo dejó muy claro. Con otras palabras, el mensaje político era evidente: Rajoy no va a caer y va a seguir como si nada.
El presidente tiene el apoyo y la confianza de todo su equipo", afirma la vicepresidenta
Sáenz de Santamaría siguió, con mucha menos dureza, la estela marcada el día anterior por el portavoz parlamentario y de su plena confianza, Alfonso Alonso, con un claro reparto de papeles. El PP ha decidido salir al ataque y dejar de fingir que Bárcenas no existe. Alonso hizo de duro, con golpes a todos los grupos, y la vicepresidenta ejerció de gran defensora de Rajoy. Aunque para proteger al presidente llegó a decir una frase que de tan evidente es muy signifitiva del momento especialmente delicado que vive el Ejecutivo: “Por supuesto que el presidente tiene el apoyo y la confianza de todo su equipo”. Santamaría también defendió su honradez, como ya hizo en febrero. La reacción parece calcada a la de entonces, algo buscado por el PP para insistir en que estos papeles son los mismos que los publicados por EL PAÍS el 31 de enero, y que no hay novedad. “Los que llevamos muchos años con él sabemos de su honestidad y la rectitud con la que se ha comportado siempre al servicio del interés general”.
Los suyos insisten en que ven a Rajoy muy tranquilo, incluso ayer en el Consejo de Ministros. Sigue actuando como si nada. Aunque en su entorno también admiten que, obviamente, está muy molesto por tener que hacer frente de nuevo a un asunto que ya fue duro en febrero, y que ahora vuelve como una especie de historia de nunca acabar. Lo que más preocupa al presidente, señalan, es la imagen internacional y la posiblidad de que los inversores, puedan pensar que el Gobierno español no es estable. De ahí las palabras de la vicepresidenta.
El Ejecutivo defiende
que el PP viene
dando explicaciones desde enero
Lo que nadie niega es la gran preocupación que hay en el Gobierno y en el PP no tanto por la parte judicial, ya que están convencidos de que la causa avanzará contra Bárcenas pero no contra Rajoy porque lo que pone en esos papeles, que ellos niegan tajantemente, no es delito y en cualquier caso está prescrito.
La inquietud por la declaración de Bárcenas el lunes ante el juez Pablo Ruz llega más por la parte política, por la posibilidad de que sus palabras y sus revelaciones con goteo de documentos alarguen la polémica y arruinen por completo la agenda del Gobierno en un momento clave, cuando confiaba en empezar a salir del agujero con los primeros tímidos buenos datos económicos y una buena temporada turística. Por eso la vicepresidenta insistió en trasladar normalidad: “Este Gobierno goza de amplia estabilidad e iniciativa política. Hoy presentamos una reforma que nadie se ha atrevido a hacer”.
La declaración de Bárcenas demuestra
que el Estado de
derecho funciona"
¿Y si está tan fuerte, por qué no acude el presidente del Gobierno a explicarse al Congreso? Se le preguntó de diversas maneras. “Porque ya lo hizo”, aseguró. Dijo que tanto Rajoy como el PP “desde el mes de enero han venido dando explicaciones sobre estos hechos que se vienen a reproducir en los mismos términos que entonces. Rajoy es el único dirigente que ha hecho públicas sus declaraciones de la renta”. Llegó a sostener que en el Congreso ya ha contestado muchas veces, aunque el presidente ni siquiera ha llegado a pronunciar jamás el nombre de su extesorero.
Le preguntaron si teme lo que pueda declarar. Y contestó seca: “La declaración del señor Bárcenas en el juzgado lo que demuestra es que el Estado de derecho funciona”. Lo único que evitó es llamarle “delincuente”, como había hecho Alonso. “¿Si es un delincuente no deberían pedir perdón por tenerle manejando durante 20 años el dinero del PP?”, le preguntaron. Y ahí volvió a la coletilla: “Tenemos que respetar lo que digan los tribunales”.
El PP insiste en destacar "la rectitud y la honestidad" del líder
En cualquier caso el ambiente político está cada vez más enrarecido. Al PP le llegó la posibilidad de que el PSOE llegara a presentar una moción de censura, aunque parece poco probable. La vicepresidenta contestó con displicencia — “cada uno decide a qué se dedica en este momento que se vive en España”— pero Alonso, siempre con ese reparto de papeles, casi retó al PSOE a hacerlo, al decir que este partido no tiene ni líder, ni proyecto alternativo, ni los votos que se necesitan para que triunfe una iniciativa así. El PP lo fía todo a su mayoría absoluta, pero la preocupación por la situación política, lejos de desaparecer, va en aumento.

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