miércoles, 1 de agosto de 2012

Cine mexicano en el extranjero.

Más cine mexicano en el extranjero
Leonardo García Tsao
Foto
Fotograma de Los mejores temas, del mexicano Nicolás Pereda
Locarno, Suiza, 31 de julio. La evidencia principal de que el cine mexicano se ha puesto de moda en años recientes es su manifiesta presencia en festivales de todo el mundo. El de Locarno no ha sido la excepción. En la edición 65 de ese festival suizo, la segunda vez que se pone en práctica la iniciativa llamada Carte Blanche se ha dedicado a siete proyectos mexicanos que necesitan fondos para su terminación. (Cada año se seleccionará a un país diferente, por lo general del tercer mundo, debido a la carencia de recursos que afecta a su cine.)
Los títulos se proyectarán ante un jurado que decidirá cuál de ellos se llevará un premio en efectivo de 100 mil francos suizos (más o menos la misma cantidad en dólares), otorgados por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (SDC) del Ministerio de Asuntos Internacionales (FDFA). El Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) también ha invertido dinero y esfuerzo para la realización de esta Carte Blanche.
Los títulos seleccionados para ese concurso son: Ciclo, documental de Andrea Martínez Crowther; Las horas muertas, de Aarón Fernández; Las lágrimas, de Pablo Delgado Sánchez; Mai morire, de Enrique Rivero (ganador del Leopardo de Oro en la 61ª edición de Locarno con su ópera prima Parque vía, en 2008); Penumbra, de Eduardo Villanueva Jiménez; Táu, de Daniel Castro Zimbrón, y Tierra de Nod, de Jimena Montemayor Loyo.
Esos proyectos también serán exhibidos a profesionales de la industria –compradores, agentes de ventas, distribuidores, programadores de festivales–, que es otra vía por la cual podrían obtenerse los muy necesarios fondos.
Cabe señalar que el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) está representado en Carte Blanche por tres de sus egresados: Delgado Sánchez, Castro Zimbrón y Montemayor Loyo. De la misma escuela es el guatemalteco Julio Hernandez Cordón, quien participa en la competencia internacional con Polvo, coproducción de su país con España, Chile y Alemania. Mientras, el cineasta mexicano que compite es Nicolás Pereda con Los mejores temas, coproducción con Canadá y los Países Bajos. En total son 19 largometrajes los que concursan por el Leopardo de Oro. La participación mexicana se remata con el corto Ismael, de Sebastián Hofmann, en la sección Pardi di Domani (Leopardos del mañana), el concurso internacional de cortometrajes.
El festival de Locarno estrena también a su director artístico, Olivier Père, quien hasta el año pasado era el delegado en Cannes que organizaba la Quincena de los Realizadores. Eso habla de una apuesta por el cine de nuevos talentos más que el respaldo de nombres famosos o prestigios conocidos, como hacen otros festivales de categoría A, como Berlín, Cannes o Venecia.
Claro, los títulos más atrayentes para el espectador promedio se reservan para las proyecciones nocturnas en la Piazza Grande, ese enorme espacio con capacidad para ocho mil espectadores. Si el tiempo lo permite –la lluvia es quizás el principal antagonista del festival–, ver una película en una plaza pública, literalmente, es una experiencia incomparable. Allí es donde hoy en la noche se escenificará la inauguración formal del festival, con la entrega del premio Excellence Möet & Chandon a la actriz británica Charlotte Rampling y la proyección, fuera de concurso, del thriller también británico The Sweeney, de Nick Love.

Arrellanarse o disentir.

Arrellanarse o disentir
Luis Linares Zapata
La disputa por el presente tiene, porque las tendrá después a manos llenas, profundas y ramificadas consecuencias. Un preñado dilema se sitúa en el centro gravitacional de tal discusión. Se quiera, o no, habrá que enfrentarlo: unos participando activamente, otros con lateral atención y los demás cruzando de lejos con indiferencia. En cualquiera de estas actitudes habrá sacrificios y penalidades al por mayor. No hay escapatoria a la dicotomía actual: arrellanarse con la inercia poselectoral que busca la normalidad a pesar de las evidencias delictivas o se resiste en busca de una penosa salida fundada en la ley.
De la solución que los ciudadanos y las autoridades puedan dar a los complejos y difíciles asuntos planteados por el conflictivo presente dependerá, en buena parte, lograr lo que se desea para mañana. No hay escapatoria. O se va al fondo sin arredrarse por las dificultades de lo inusual o se prefiere la aparente seguridad de aceptar algo, que nacerá descocido, en pos de una estabilidad que se palpa precaria. La solidificación democrática del país es la tarea pendiente, sujeta al desenlace en curso. Y, ante ella, es preciso que se ponga manos a la obra sin escatimar esfuerzos. No se trata de defender trincheras ideológicas o intereses por más voluminosos que sean. Tales posturas ideológicas, por respetables que sean, como los fortísimos intereses y hasta privilegios en juego, se acomodarán en sus respectivos sitiales si se llega, con valentía y realismo, hasta las postreras etapas del proceso.
La atención colectiva está puesta en la conducta de los consejeros y magistrados del IFE y del TEPJF. Ellos cargan sobre sus calidades humanas y profesionalismo el peso mayor para encauzar la disputa y darle salida. La ya mermada confianza en la institucionalidad tendrá, entonces, prueba crucial. No habrá una oportunidad adicional si se falla en dictar justa sentencia. Llegó el tiempo de las definiciones. Los cuestionamientos y rebeldías que ocasionaron las elecciones de 2006 dejaron tambaleante la traída y llevada institucionalidad. Las reformas subsiguientes (2007) fueron insuficientes, incompletas. Ahora se está, con toda la presión a cuestas, frente a una hora que puede conducir a la frustración o para salir avantes como sociedad y gobierno. Sacarse de la manga otra serie de argucias dispensadoras de las trampas habidas o imponer medrosas condenas sin penalidades relativas será dramático comportamiento. Sería también condenable dejar asuntos pendientes, sin terminales, rigurosas y exhaustivas investigaciones, que desentrañen y precisen la veracidad jurídica de las denuncias habidas. No será aceptable retornar a la nefasta parafernalia leguleya, como las recordadas en el tristemente famoso dictamen de la elección pasada. Hoy se tiene la imprescindible necesidad de un dictamen que vaya, sin titubeos, claridad y con justicia, al mero fondo. Habrá que descartar los usuales recovecos legalistas o la dilución de pruebas que, en última instancia, deben ser establecidas por los mismos tribunales. Los partidos y la sociedad aportan evidencias, circunstancias, acaso algunas pruebas, pero el peso del proceso dictaminador (con su interpretación constitucional) se radica en el gobierno, el consejo (IFE) y el tribunal (TEPJF)
Gran parte de la sociedad, seguramente la mayoritaria, ha adoptado ya la postura de pasar a las siguientes etapas y encaminarse, lo más pronto posible, a lo que se cataloga como normalidad. Ya hay, según la numerología del conteo de los votos, un ganador. A los otros tres aspirantes se les ha declarado perdedores de la contienda. Las solicitudes para que acepten tal estatus son abrumadoras, masivas. La opinocracia también ha dado su veredicto: la esencia de la democracia, se asegura, estriba en reconocer la derrota. Las altas esferas decisorias, donde moran los poderosos, están impacientes, enojados y pueden de un momento a otro montar en cólera. Las opiniones de enterados y de amplios conjuntos de gente común dan por cierto y aceptable el hecho al parecer consumado: Peña será presidente. Las negociaciones cupulares, se sospecha, tendrán peso definitorio. Todo apunta, aseguran, hacia la declaratoria de validez de la elección. Quedarán minucias sin aclarar en el camino, se concluye con cierta resignación cínica. No hay elección perfecta, resonará en los micrófonos como un eco incierto pero audible. Sí, hubo trampas, coacción de votantes, compra de votos, lavado de dinero, maquinación organizada, rebase de gastos de campaña y otra serie de irregularidades discutibles. Pero eso ya pasó, se dirá sin rastro de pena. Así es la naturaleza de la lucha por el poder, concluirán otros, antes de sentarse y repartir el botín.
Frente a este agrupamiento social hay otro, posiblemente minoritario, pero también nutrido, que no quiere dejar los asuntos sin conclusión apegada a derecho. Espera que las instituciones (y sus representantes) actúen con patriotismo y siguiendo, no sólo la pauta y letra legal, sino su espíritu justiciero para dictaminar el proceso. Si así lo hacen y lo demuestran con precisión no se tendrá otra opción que aceptar el veredicto. Nadie quiere vivir con la sospecha de que estas elecciones, como muchas otras pasadas, fueron asaltadas por ambiciosos irresponsables. No se quiere volver, a la cotidianidad, con la conciencia maltratada por los que tienen los instrumentos para torcer la voluntad ciudadana. La rebeldía es un derecho inalienable. Y la tozudez tiene efectos curativos que engendra ciudadanía. No se puede menospreciar a este aguerrido segmento social. Integrarlo es requisito para la normalidad efectiva, sana, constructiva. De no ser así se estará comprometiendo el futuro, sobre todo el de la juventud, que ya ve horizontes nublados y oportunidades negadas como destino.

Convocados por una verguenza que nos afrenta.

#YoSoy132 y la organización posible
Enrique Dussel Convocados por una vergüenza que nos afrenta, comienza el texto que ha conmovido a muchas conciencias en la impresionante declaración del movimiento #YoSoy132 del 27 de julio de 2012 ante las puertas de Televisa (medio monopólico antidemocrático de comunicación denunciado en esa convocaria y mostrada en toda su indigna inmoralidad). Es un texto que pasará a la historia de México, no sólo literariamente espléndido (como siguiendo los pasos del Sub, que sabe que la retórica política puede ser bellamente expresada), sino también por su precisión política. El movimiento merece todo el respeto de los maestros que, como dice un texto semita, debemos despertar cada mañana con el oído de discípulos. Sí, discípulos de nuestros discípulos, maestros generosos de una senda de la que tantos políticos viejos sería bueno que aprendieran a caminar.
Con el oído de discípulo me permito opinar para agregar un leño al fuego chispeante de la discusión en torno a ¿cómo se organiza el movimiento?
Hace años intervine igualmente sobre este asunto2. Ahí explicaba que casi hace un siglo, en 1918, hubo en la Universidad de Córdoba un movimiento famoso que luchó por la autonomía universitaria y por la representación estudiantil en los órganos directivos de las universidades, y se denominó la Reforma Universitaria. Quizá el mejor fruto de ese movimiento fue la organización que surgió de ese evento central en la vida política del Cono Sur latinoamericano. Víctor Haya de la Torre fundó el APRA en Perú siguiendo sus lineamientos. ¿En qué consistió dicha organización?
En primer lugar, la organización de un movimiento estudiantil político no partidista debe ser flexible, evitando el error de toda fetichización de la institucionalidad: la burocratización, la falta de creatividad, la inmovilidad. Por tanto, debe ser muy fluida, con capacidad de redefinirse sobre la marcha.
Pero, en segundo lugar, debe ser una organización que evite el caos, la no gobernabilidad, y al final la ineficacia estratégica que desmoviliza a la larga a los mejores militantes, que son aquellos que deben llevar de frente una doble responsabilidad: ser buenos estudiantes y buenos militantes políticos apartidistas.
De la Reforma Universitaria del 1918 salió un tipo de organización que deseo explicar, y que es muy simple, y que tuvo y sigue teniendo casi un siglo después gran eficacia y presencia en sus países de origen, porque además es escuela de ciudadanía y de líderes políticos honestos. En cada facultad o departamento (según el tipo de institucionalidad universitaria) se organiza un Centro de Estudiantes de… (p.e. CED: Centro de Estudiantes de Derecho; Cefyl: Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras; Cecip: Centro de Estudiantes de Ciencias Políticas; etcétera). El Centro es el órgano de base. Tiene estatutos muy flexibles: una asamblea con plenos poderes según se la reglamente, una comisión directiva y participativa (con presidencia rotativa) de al menos 10 miembros para permitir la presencia proporcional de diferentes corrientes. Comisiones de los más diversos tipos, desde la formación política hasta las fiestas universitarias.
Estos centros eligen participantes a la Federación Universitaria correspondiente (p. e. la FUNAM: Federación Universitaria de la UNAM; FUAM: Federación Universitaria de la UAM; Fuibe: Federación Universitaria de la Universidad Iberoamericana; etcétera), la cual tiene igualmente una asamblea universitaria, y una comisión directiva y participativa (con una presidencia rotativa) que representa a toda la universidad.
De la misma manera se puede organizar la federación universitaria de todo un estado (p. e. del Distrito Federal; Federación Universitaria del DF [Fudef], o del estado de Chihuahua [FUCH]), con su comisión directiva y participativa (con una presidencia rotativa), etcétera.
Estos Centros y Federaciones deben considerarse hacia dentro de las universidades como organización estudiantil, pero al mismo tiempo deben considerarse hacia fuera como movimiento articulado con otros movimientos, y de esta manera cumplir con la responsabilidad de permanecer en una función de coordinación con otros movimientos sociales apartidistas pero políticos, en cuanto responsables, con tantos otros, del destino de México en la grave situación actual.
Cuando hace poco visitó México la dirigente universitaria chilena no lo hizo sólo de manera personal ni como líder de movimientos sociales, sino como presidenta de la Federación Universitaria de Chile, con plena legitimidad representativa y participativa, pero igualmente como militante de un organismo que puede ser catalizador de otros movimientos sociales y lo está siendo ahí como aquí #YoSoy132. Los estudiantes tienen la capacidad intelectual, teórica y ética, de poder enfrentar al Estado representativo, y tienen la generosidad reconocida por los adultos que les consagra en el liderazgo, pero, además, los mismos adultos ven en ellos a sus hijas e hijos y por ello los respetan y hasta le dan la autoridad que se han ganado en las calles, con la complicidad amable de sus progenitores que sufren quizá más que los propios jóvenes las injusticias del sistema. Por eso tienen un protagonismo incuestionable que deben saber usar.
Ustedes nos han convocado, y nos han testimoniado que cuando llegamos estaba el mundo y éramos ya un pueblo con hambre y con siglos de opresión, por eso, ¡queridos estudiantes de #YoSoy132, manténganse unidos y abiertos a los otros movimientos sociales, y organícense, la patria se los encomienda!
1 Filósofo.