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lunes, 11 de abril de 2011

Desenfreno juvenil con mucho alcohol

La primera noche del Saloufest terminó sin incidencias graves y con cuatro salidas de ambulancia. "Me he bebido 25 copas entre cervezas, chupitos y ron, esto va a ser una maratón de alcohol". Lo decía ayer a medianoche Daniel, un joven de 19 años que estudia empresariales y que apenas podía sostenerse en pie. Es uno de los 5.000 universitarios ingleses y escoceses que participan hasta el día 15 de abril en la décima edición del Saloufest, un evento que se promociona como un certamen deportivo entre universidades y que en su jornada inaugural desembocó en una juerga de alcohol por las calles de Salou.

Daniel llegó a la Costa Dorada tras 24 horas de viaje en autobús y con una idea bien clara: "¿Deporte? No, gracias, quiero fiestas, chicas y alcohol". Su primer día de juerga, como el de tantos otros universitarios, arrancó de buena mañana. Primero en la playa y después en el hotel, con parada en el súper para comprar "un poco de agua, algunas galletas y muchísima cerveza". Por la tarde, la mayoría de jóvenes bajó a las terrazas. En hoteles como el Juan I, la música se escuchaba desde varias manzanas a la redonda, y los estudiantes llegaron a bailar en la tarima desde La Macarena a los últimos éxitos de Lady Gaga.

"El hotel es lo mejor, jugamos todo el día a juegos con bebidas alcohólicas y hacemos competiciones con embudos, los novatos tienen que beber mucho más, es una cuestión de honor", explicó Daniel. Había salido de su habitación disfrazado de hawaiano, pero perdió la falda en un bar y optó por seguir la fiesta en calzoncillos.


Le rodearon hasta altas horas de la madrugada manadas de universitarios disfrazados de trogloditas, marineros o enfermeras. "Soy nadador, pero no tenemos equipo así que vamos a estar todo el día en la playa y seguiremos bebiendo para no perder el ritmo, es el segundo año que vengo al Saloufest y es alucinante", afirmaba entre contoneos Nick Marsh, un estudiante de negocios de la universidad Portsmouth disfrazado de mimo.

Otros, como James, estudiante de criminología de 20 años, no lo tendrán tan fácil: "A las 8 de la mañana tengo que despertarme para jugar un partido de fútbol, y si no nos levantamos la organización nos llama por teléfono y nos obligan a salir de la cama, el año pasado nos dormíamos en el banquillo, íbamos a las competiciones borrachos y algunos incluso vomitaron". Para él, la clave del éxito de estas vacaciones es la permisividad: "Nosotros llevamos dinero y la ciudad nos lo permite todo, el interés es mutuo", afirmó divertido.

I Love Tour, la empresa organizadora del Saloufest, ha pactado fiestas privadas con locales, pero en la calle muchos empleados de bares y discotecas ofrecían chupitos o copas gratis a los estudiantes que entrasen en su bar. "En teoría no podemos hacer ningún tipo de ofertas, pero eso no quiere decir que no se hagan...", confesó el encargado de un pub a regañadientes. Los cubatas costaban una media de 6 euros, y los chupitos entre 2 y 3 euros.

Aunque en esta edición se han suprimido los reclamos explícitos de sexo, todos confesaron ser este uno de los alicientes de las vacaciones. "El año pasado estuve con cinco chicas, tengo compañero de habitación pero puedo subir a ligues igual porque tenemos una norma; si alguien entra con una chica, el otro se hace el dormido y así a la vez disfruta", explicó Robbie, un chico de 22 años de la universidad de East London. La organización les ha pedido que se moderen en las calles, y les siguen 30 personas que velan por su imagen, los trasladan a los bares o los acompañan al hotel sino pueden sostenerse en pie. Incluso les advierten de la presencia de fotógrafos, y les prohíben darse besos cuando hay cámaras a su alrededor.

Las peleas en la primera jornada fueron casi inexistentes. "Gritan y beben mucho, pero no dan problemas de seguridad, si esto fuesen 5.000 españoles la cosa sería muy diferente", afirmó entre risas un policía local. A medianoche, la mayoría ya a mediodesvestir, hicieron un parón en algún restaurante de comida rápida. "El Saloufest es nuestro agosto adelantado, nos da igual que den mala imagen", explicó el empleado de uno de los locales.

Hacía las dos de la madrugada, muchos deambulaban por las calles perdidos, buscando su hotel. Alguno, incluso, se dedicó a hacer carreras por la acera completamente desnudo o a saltar las paredes de las casas en busca de alguna piscina en la que colarse. A otros, les habían robado el móvil o la cartera. Y la mayoría seguía con ganas de fiesta. "Cada noche terminamos desnudos bañándonos en la playa" comentó entre sorbos de vodka y vestida de bailarina de ballet Mary, de 19 años. Esta noche, los 5.000 universitarios del Saloufest volverán a disfrazarse y a tomar las calles de la ciudad de la Costa Daurada. "¡Esto es el paraíso!, acertó a gritar Mary mientras se alejaba dando tumbos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Flexitarianos, ¿Nueva moda en la comida?

Ni vegetarianos, ni carnívoros: flexitarianos
Por: Mikel López Iturriaga


Los flexitarianos no son una secta satánica ni unos primos de los romulanos de 'Star Trek', sino seres humanos normales con una dieta particular. Se parecen a los vegetarianos en que su alimentación se basa en las plantas, pero se distinguen de ellos en que consumen carne y pescado de vez en cuando y en pequeñas dosis. Siempre han existido -¿no era un poco flexitariana la dieta de la gente sin muchos recursos hace años?-, pero tienen nombre desde 1992, se pusieron de moda en el mundo anglosajón a finales de la pasada década, y ahora cuentan por fin con una web dedicada a ellos en España, Flexitariano.

El sitio, inaugurado hace apenas un mes, incluye recetas que encajan con los principios de esta forma de comer, consejos prácticos y definiciones bastante claras de lo que significa adaptar tu dieta al modelo. "Es la frecuencia y la cantidad de carne o pescado que comen lo que define a los flexitarianos", explica el fundador del sitio, Eugenio García. "No son un subtipo de vegetarianos, aunque su alimentación sea mayoritariamente vegetal y de que la palabra provenga de la unión de 'flexible' y 'vegetariano".

¿Cuáles serían platos modelo para un flexitariano? "Los de diario deberían ser ovolacto-vegetarianos [vegetales más huevos y lácteos]. En la web tengo unos criterios para clasificar una receta con carne o pescado como flexitariana: básicamente, que éstos no sean protagonistas, sino complementarios de alimentos de origen vegetal. Un ejemplo: una pechuga empanada frente a un wok de fideos, verduras y pollo. Las cantidades de carne y pescado deberían ser moderadas, entre 50 y 80 gramos por persona. Un entrecot de 350 gramos es, en muchos aspectos, un barbarismo alimentario, aunque esté socialmente bien visto".

Los flexitarianos no tienen, en principio, alimentos prohibidos. "Las prohibiciones las decides tú por tus propias convicciones. Yo evito los productos que implican sufrimiento innecesario a los animales, como la caza, el foie, o los productos procedentes de avicultura o ganadería intensiva, por poner algunos ejemplos. Pero cada uno tendrá sus criterios".

Los practicantes defienden que ser flexitariano es más sano que ser omnívoro, al ingerir más fibra y menos grasas saturadas. "Si tu alimentación es en un 90 o 95% vegetariana, compartes los beneficios de esa dieta: menor riesgo cardiovascular, descensos en la presión arterial y del colesterol, disminución del riesgo de algunos tumores, mayor longevidad… Los aportes ocasionales de proteína animal, más aún si se basan en el pescado azul, complementan la dieta vegetariana ya que evitan algunas carencias comunes, como la de vitaminas del grupo B", asegura García.

No sólo el cuidado de la salud mueve al flexitarianismo. La sostenibilidad es su otra línea argumental: desde el momento en el que, por lo general, pescar o producir carne tiene un coste ecológico más alto que el de cultivar vegetales, sus defensores mantienen que es la opción más sensata para toda persona preocupada por el planeta que no quiera prescindir de las delicias de un jamón, una merluza o un chuletón de vez en cuando.

Uno de los mayores apóstoles del flexitarianismo -aunque el prefiere llamarse "omnívoro inteligente y concienciado"-, el columnista del New York Times Mark Bittman, se convirtió a la nueva religión tras conocer un dato impactante: la producción de ganado emite más gases de efecto invernadero (un 18% según las Naciones Unidas) que todos los vehículos del mundo juntos.

El periodista adoptó entonces una dieta que denominó VB6 (Vegan Before 6), en la que no comía ningún producto de origen animal antes de las 6 de la tarde, pero podía hacerlo después de esa hora. "El veganismo [vegetarianismo sin tomar productos de origen animal] tiene sentido, pero no es una opción para la mayoría de nosotros", ha asegurado. "Comer poca carne a mí me ha funcionado, y funciona para mucha gente que quiere ir más allá de comprar bombillas de bajo consumo".

Eugenio García reconoce que ser flexitariano es "socialmente más fácil" que ser vegetariano o vegano. "Pero cuando tú tomas una opción, no te planteas si es más o menos sencillo. Yo he sido vegetariano unos meses y nunca me he quedado sin comer. En cualquier caso, en el flexitarianismo tu alimentación se adapta a tu vida, no tu vida a lo que comes. En mi casa, cuando yo cocino, mi alimentación es ovolacto vegetariana y, cuando como fuera de casa, suelen ser los momentos flexibles en los que tomo algo de pescado y carne".

Como no podía ser de otra forma, los flexitarianos son mirados con recelo por algunos vegetarianos, que ven la ingesta ocasional de carne como una especie de frivolidad. "Teniendo en cuenta el impacto medioambiental, en la salud y en el maltrato a los animales, ser flexitariano es como fumar dos paquetes de cigarrillos en vez de 10, golpear a un cerdo hasta matarlo en vez de a dos, y echar medio litro de gasolina por el fregadero en vez de cuatro", ha dicho Kathy Guillermo, director de investigación de la organización PETA, a la revista 'Newsweek'.

"No me gustan nada el radicalismo, que a veces hace que lo que defiendes pierda la razón por las formas", replica García. "Es más fácil que tu postura cale en la sociedad desde la integración. Me disgusta si un vegetariano me dice que 'como cadáveres'. Yo puedo pasar semanas sin tomar carne, por lo que en principio soy más comprensivo con su actitud, pero por ese camino se consigue muy poco, por no decir nada".

Los más optimistas ven el flexitarianismo como un primer paso que puede enseñar a la gente las bondades de la dieta vegetariana o animar a los restaurantes a incluir más verduras en sus cartas. "Muchas personas son flexitarianas aunque no conozcan el término", reflexiona García. "Y evidentemente una alimentación más vegetal romperá posibles tabúes y miedos, cuando descubres lo sana y sabrosa que es la cocina vegetariana y lo bien que le sienta a tu cuerpo".