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sábado, 20 de noviembre de 2010

El "extranjero".

Cuando uno viaja a otros países la condición de extranjero puede ser temporal o definitiva. Es un hecho que le ocurre ahora a millones de habitantes de los cinco continentes, que nacieron en determinado sitio y radican ahora en otros países distintos al suyo.

El ser extranjero es ser siempre "el otro". El diferente, el distinto, el raro o exótico. Pienso en los árabes o negros que viven en París o Londres.

Mi condición es la de ser binacional: mexicano-guatemalteco. Mis padres eran de México y de Guatemala, tengo las dos raíces en mi ser. Además he alternado muchas veces entre los dos países, por razones de exilio político, estudio o trabajo.

En mi caso particular, a diferencia de mis hermanos, he vivido en México la mayor parte de mi vida, 45 años. Eso me hace pensar en una cultura mexicana dominante sobre la cultura guatemalteca, en mi. Y así lo siento, he vivido y me he formado intelectualmente en México.

Sin embargo, mi ser guatemalteco lo llevo en la sangre y en la identidad también, aquí estudié los años de la infancia y de la adolescencia. Esos años que marcan de manera contundente a los individuos.

Ahora que acabo de cumplir un año del retorno de México a Guatemala, he vivido situaciones que me hacen sentir que me tratan como extranjero en mi propio país.

Aunque tengo en mi lenguaje las formas gramaticales correctas para dirigirme a los demás, hablo correctamente de vos y trato a todos de usted, me dicen siempre: "pero usted no es de aquí, le siento un acento raro".

He cuidado, inconscientemente, no tener ningún acento en el habla que delate mi origen, nunca pude hablar "a lo mexicano", allá en México me preguntaban si yo era cubano, venezolano o caribeño. Lo que sucedes es que mi fenotipo es caribeño, no hay duda, moreno, pelo rizado.

Viví un largo tiempo en Chile, y ellos muy desconcertados siempre me interrogaban acerca de mi origen, porque trabajando para la Embajada de México en Santiago, no daba yo el tipo mexicano, que los chilenos en forma subjetivamente piensan que es el tipo mexicano.

En Europa solían confundirme con árabe o africano.

He vivido el fenómeno de los trasterrados, como diría el poeta español León Felipe, sé lo que es padecer el exilio y el destierro, al final uno se convierte del lugar donde ha vivido más tiempo.

Lo más extraño para mi es ser tratado como extranjero en mi propia tierra, por mis paisanos, pero ellos se llenan de dudas porque habló como chapín, les hago referencias a sitios que no conocen los turistas sino solo los nativos de aquí. Pero hay algo intangible que no les termina de convencer de mi ser chapín.

Después de este largo circunloquio, puedo decir que soy de aquí y soy de allá.

El asunto importante para mi, es que retorno a México en donde ya no me consideran extranjero.

Pero emigro voluntariamente porque en México tengo mayores oportunidades de desarrollo cultural personal. Volveré a Guatemala como turista, me sentiré más cómodo así.

Las paradojas de la vida, sufrí el exilio y enfermé de nostalgia por Guatemala, y ahora que volví ilusionado descubrí que aquí no me hallo ya.





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