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viernes, 14 de mayo de 2010

Taxi driver.

Los dramas de los taxistas son iguales a los de las personas comunes y corrientes, pero tienen un encanto particular en la forma de narrarlos.

Soy una persona que depende para su movilidad de los taxistas, en cualquier parte donde me encuentre, dirìa que diariamente me trasporto en taxi unas cuatro veces, por lo que me considero un asiduo interlocutor de los choferes de ese servicio pùblico.

Mi condición fìsica de discapacitado, uso muletas, genera en estos choferes una actitud de benevolencia hacia mi persona, lo que hace que automàticamente me interrogen acerca de mis dolencias. Esto nos lleva invariablemente a los temas de la salud, en donde ellos suelen padecer una gran variedad de enfermedades, entre las cuales sobresalen la obesidad, diabetes, alcoholismo, tabaquismo y desnutrición.

La salud y la enfermedad son los tòpicos que màs tocamos con los taxistas. Pero, a veces, los asuntos emocionales son las cuestiones màs urgentes de ventilar.

Los divorcios, las infidelidades, los pleitos por herencias, el abandono de la pareja yel distanciamiento de los hijos,son temas comunes que suelen platicarme a lo largo del trayecto.

El drama màs reciente me tocó escucharlo hace poco. Me subo al taxi y el chofer està llorando amargamente, no puede controlar los sollozos y me relata lo siguiente:

"Señor, me asesinaron a mi hija de veintiocho años dentro de un autobùs urbano para robarle. Dejò a una hija de ocho años huèrfana. Al poco tiempo, mi compadre, padrino de bautiso de la niña huèrfana, llegò a mi casa y en mi ausencia violò a la niña, su ahijada, y tambièn a mi madre anciana. Ambas estan hospitalizadas y no tengo dinero para sacarlas de ahì. Aparte, el dueño del taxi no quiere prestarme el dinero necesario para pagar el hospital. Llevo manejando màs de ocho horas y solamente he podido juntar unos tres dòlares, que no alcanza ni para pagar la cuenta del patròn".

En el trayecto hacia casa de mi hija, el chofer no dejò de llorar y lamentarse de su mala suerte, y me dijo que querìa asesinar a su compadre y suicidarse de inmediato. La vida se le complicaba demasiado para enfrentarla solo.

Despuès de veite minutos de viaje, llegamos al sitio del destino, me bajo del taxi y le entrego un rollo de billetes mexicanos que le alcanzarìan para pagar la cuenta del hospital. El taxista me vio con ojos de agradecimiento y afecto.

No sè si la historia del taxista era verìdica o no, no me importa tanto el dato de veracidad. Yo pienso que era real el relato, eso me dice la experiencia de muchos años como psicoanalista.

La literatura que suelo escribir se nutre de estos magnìficos relatos fictìcios o no, lo estoy relatando ahora de un modo que parece real y convincente.