jueves, 8 de diciembre de 2011

Chile y el 'asesinato' de Neruda.

Polémica en Chile ante la posible exhumación de los restos de Neruda


La esposa de Pablo Neruda y su chófer habían viajado a Isla Negra, un pintoresco pueblo a orillas del mar, en busca de unas ropas del poeta. Matilde Urrutia y Manuel Araya hurgaban en los armarios, cuando sonó el teléfono. "Era don Pablo…hablaba en susurros pidiendo que regresáramos cuantos antes. Un médico de la clínica le había inyectado algo y se sentía morir", relató Araya a la prensa, repitiendo la declaración que poco que antes prestara ante un juez.

En base al testimonio de Araya, hombre de confianza de Neruda, el Partido Comunista chileno ha pedido que los restos del poeta sean exhumados y sometidos a autopsia.

"Todo apunta a que fue envenenado por la dictadura de Pinochet. Si esto se confirma, el crimen no puede quedar impune", afirma Eduardo Contreras, representante legal de Partido Comunista. Aunque con reservas, la Justicia abrió un expediente y puso al magistrado Mario Carroza al frente de la investigación.

La posible exhumación del Premio Nobel chileno no parece inquietar ni a los directivos del hospital Santa María, donde el poeta estuvo internado hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973, ni a los ex militares que entonces custodiaban el establecimiento.

Curiosamente, es la Fundación Pablo Neruda, a cargo de una parte sustancial del su patrimonio artístico, la que se opone a tal procedimiento. "No creemos que haya habido intervención de terceros en su muerte. Pablo Neruda padecía de un cáncer de próstata y es posible que la conmoción por el golpe militar (del 11 de septiembre) haya precipitado su muerte. Remover sus restos sería un acto de profanación. Dejemos que descanse en paz en su rincón de Isla Negra", opina Juan Agustín Figueroa, presidente de la citada fundación.

Repasemos los hechos. El 19 de septiembre de 1973, ocho días después del golpe militar, Neftalí Reyes Basoalto (Pablo Neruda era su nombre artístico) fue trasladado al hospital Santa María, en Santiago. Manuel Araya sostiene que pese a su enfermedad, el poeta no se hallaba en estado crítico. Y que su ingreso fue una estratagema para evitar que los militares lo asesinaran.

El presidente mexicano de entonces, Luís Echeverría, le había concedido asilo y el embajador en Chile debía ayudarlo a salir, el día 22 de septiembre. Por motivos que se desconocen, el viaje se postergo.

Según el testimonio de Araya, el 23 de septiembre al mediodía, uno de los doctores le encargó que comprase un medicamento en una farmacia bastante alejada del hospital, lo cual despertó en él ciertas sospechas. Unos agentes de civil interceptaron su vehículo y Araya fue trasladado al centro de detención del Estadio Nacional.

En este punto, el relato del chofer presenta algunas inconsistencias. Si bien está comprobado que un grupo de comandos lo atrapó, Matilde Urrutia declaró que ella misma envió a Araya a comprar una loción para hacerle fricciones a su marido. En palabras de la viuda, Pablo Neruda habría muerto esa tarde de un paro cardíaco, como consta en el parte de defunción.

Otra interrogante; ¿por qué Araya esperó 38 años para presentar la denuncia que sustenta el pedido de exhumación?. "Durante ese tiempo golpeé a todas puertas. El Partido Comunista no me prestaba atención. Además temía por mi vida", explicó el denunciante. Cuesta creer que los comunistas hayan desechado una denuncia tan grave, tratándose de un ex camarada -Neruda militaba en el PC- y de un poeta de fama universal.

Los dirigentes del histórico partido, así como Rodolfo Reyes, sobrino del poeta, sostienen que Neruda pensaba organizar un frente opositor a la Dictadura por lo cual los militares decidieron acabar con él, tal y como hicieron, por medio de coches bombas, con Orlando Letelier (canciller en el período de Allende) y con el general Carlos Prats, ministro del Interior en las postrimerías del gobierno de la Unidad Popular.

Al margen de la disputa entre el PC y la fundación nerudiana, Mario Carroza, el juez que instruye la causa, ha tomado declaraciones a varias personas, entre ellas Sergio Draper, el médico que atendió a Neruda. "La última palabra la tendrá el Servicio Médico Legal...Los forenses deben decidir si las pruebas preliminares justifican o no la exhumación. Si la aprueban, no será fácil detectar restos tóxicos en el cuerpo de Neruda, después de tantos años", advierte Carroza.

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