martes, 19 de abril de 2011

Casa de muñecas.

'Casa de Muñecas'


Los espectadores que salen del teatro Fernán Gómez de Madrid donde se representa una nueva versión de 'Casa de Muñecas' tienen la sensación de que acaban de asistir a un drama contemporáneo. Y es raro porque la obra que acaban de contemplar en versión de Amelia Ochandiano fue escrita en 1879 por uno de los mejores dramaturgos de todos los tiempos, Henrik Ibsen.

Silvia Marsó, la muñequita que fue de la tele, se mete en la piel de Nora, la muñequita a la que han manipulado, controlado y asfixiado primero su padre y después su marido. Ella y Roberto Álvarez en el papel de Helmer sostienen con intensidad el drama de un matrimonio feliz que encierra un infierno. La obra de Ibsen es un mito del feminismo moderno. La escena final en la que Nora da un portazo a su marido y a su mundo ha pasado a la historia como el primer portazo moderno de las mujeres a la desigualdad.

Silvia Marsó sufre un desgaste físico y psicológico encima de las tablas, por lo que le cuesta trabajo sonreir cuando tiene que responder a los aplausos. Muchas mujeres han ido a verla al camerino después de la obra para decirle que se han sentido identificadas con el personaje de Ibsen, humilladas y heridas, pero que no son capaces de pronunciar las últimas palabras de Nora. “Toma, aquí tienes mi anillo. Devuélveme el mío, ahora todo ha concluido, ahí dejo las llaves”.

Dos siglos después de su estreno, el patriarcado ha pasado a mejor vida y las mujeres tenemos igualdad de derechos. Pero si las conciencias de los espectadores del teatro de Madrid en el Siglo XXI se conmueven de la misma forma que las de los espectadores del teatro de Copenhague donde se estrenó en el Siglo XIX es por algo. Porque tal vez existan todavía muchas Noras y muchos Helmer que viven en dos mundos distintos dentro de la misma casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario