martes, 9 de agosto de 2011
Los motivos de Cristina/cuento corto
La noche anterior a la puesta en marcha de su plan, Cristina sufrió el dolor de dejar a sus pequeños hijos en el hogar, al cuidado del padre. La situación era ya insufrible. Golpes en todo el cuerpo, intentos de estrangulamiento, maltrato psicológico, y lo peor: supresión del habla, del dinero y del afecto físico por parte del marido.
No pudo conciliar el sueño en la habitación que ocupaba desde hace seis meses, desde que el marido le pidió que se largara de la cama matrimonial.
Lo más complicado era poder salir de la casa sin que se notara su ausencia de inmediato. Por ello, era lógico que la huída se hiciera al amanecer. Nada de empacar algunos enseres, recuerdos o ropa. había que tener las manos libres para saltar la cerca o correr velozmente.
Cristina observó su reloj de pulso, y vió que eran las 4 de la mañana, la hora había llegado para salir para siempre de ese infierno conyugal.
Se había acostado con la ropa deportiva puesta, inclusive con las zapatillas tennis. Le estrujaba el corazón no haber podido besar a sus hijos antes de partir, pero la sobrevivencia era lo urgente de resolver.
Salió sigilosamente de la casa, por la puerta trasera, por la cocina. La empleada doméstica se percató que la señora Cristina salía, pero no le dio mayor importancia al asunto.
Cristina emprendió una veloz carrera, a unos doscientos metros la esperaba un auto en el cual ella se introdujo en el asiento trasero, se cubrió con una manta gruesa . El auto tenía el motor encendido y salió despació de la colonia y alcanzó la carretera en pocos minutos.
Dejó sobre la mesa de noche el teléfono celular apagado, esa fue una buena idea para evitar ser localizada.
En unas cuantas horas Cristina estaba llegando a la frontera más próxima, ella conducía el auto velozmente.
Cruzó la frontera a pie, solo con su documento de identidad en la mano y unos cuantos billetes de baja denominación.
Le pidió a Cecilia que se devolviera a la capital y que no revelara nada de lo sucedido esa mañana. Sellaron ese pacto secreto con un beso y un gran abrazo lleno de ternura.
Cecilia es una joven vecina de Cristina, tiene solo veinte años, y gran valentía y solidaridad de género.
Ella no despierta ninguna clase de sospecha porque suele viajar a Panajachel, todas las semanas, donde realiza sus prácticas de medicina.
Cristina buscó refugio seguro en un país centroamericano, en casa de una compañera suya de la Universidad
Marroquín, donde se graduaron ambas como Administradoras de Empresas.
Su motivo fue salvar la vida, porque su marido la amenazó de muerte, y él es un hombre de palabra.
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