lunes, 28 de febrero de 2011

El suicidio, una obsesión.

Elaine, madre del joven Mark Dybrough, que se suicidó en 2005 a los 32 años, abrió el diario británico The Sunday Mercury el 5 de mayo de 2008 y, ojeando sus noticias, se encontró con un nombre familiar: Li Dao. Era el nombre de la enfermera norteamericana que había entrado en supuesto pacto de Internet con su hijo para suicidarse. Titulaba el diario: "Un monstruo de Internet se hace amigo de los débiles para poder verles morir online".

Escribía la periodista Fionnuala Bourke sobre la experiencia de Sarah Dove [el nombre es un pseudónimo], una ex adicta a la heroína de 35 años a la que William Melchert-Dinkel había intentado incitar al suicidio: "Para ganarse su confianza, Falcon Girl [otro de los nombres que usaba Li Dao] le dijo a Sarah que previamente había ayudado a un hombre de Birmingham de 32 años a matarse en 2005. Dijo que había visto al hombre morir con su cámara y le pidió a Sarah que se comprara una, para poder verla morir también".

A Elaine no le quedaba duda: ese joven de 32 años era su hijo Mark. Ella ya albergaba sospechas de que la tal Lio Dao era una sádica que incitaba a la muerte, no una persona con tendencias suicidas. Como en la información se mencionaba a Celia Blay, maestra jubilada de 65 años que había seguido la pista al enfermero que se escondía tras aquellas falsas identidades, contactó con ella. Por entonces, Celia había podido hablar con el enfermero Melchert-Dinkel, a través de un programa de chat.

Con la guardia baja, ese padre de familia de Minesota había aceptado hablar a través de videocámara. Celia había logrado hacerle una foto a la pantalla del ordenador con su teléfono y que el enfermero le pasara, finalmente, una foto suya. En aquella conversación, que luego pondría en manos de las autoridades norteamericanas, el enfermero le había confesado que había llegado a incitar al suicidio a adolescentes de 15 años. Celia le dio finalmente a Elaine el verdadero nombre de aquel ángel de la muerte, una información que había logrado a través de un registro de conexiones a la Red: William Melchert-Dinkel. Ambas comenzaron una campaña para cazarle en EE UU.

Por aquel entonces, la policía del condado de Ramsey, en Minesota, ya le pisaba los talones a Melchert-Dinkel. Los detectives habían recibido diversos correos de Celia, desde Reino Unido. Uno de ellos provenía rebotado de una dirección de Yahoo que también era propiedad del enfermero de 48 años. Finalmente, el 1 de julio de 2009, el sargento William Haider acudió a su residencia familiar.

"Ya sé por qué viene", le dijo. Según explicó el agente en su declaración jurada: "Melchert-Dinkel admitió haber usado [las direcciones de correo asociadas con Falcon Girl y Li Dao] junto con el nombre Cami para asesorar, incitar y crear pactos de suicidio, típicamente por la vía del ahorcamiento, con diversos internautas... durante los pasados cuatro o cinco años... y estima que ha ayudado o incitado a unas cinco personas a cometer suicidio a través de la Red usando su ordenador".

El enfermero le entregó al agente su ordenador, que se ha usado como prueba en el juicio. Según reveló posteriormente la cadena de televisión canadiense CBC, Melchert-Dinkel acudió esa misma noche al servicio de emergencias de un hospital cercano, con una evidente crisis de ansiedad, diciendo: "Estoy obsesionado con el suicidio". La policía, mientras, encontró sus conversaciones con la estudiante canadiense Nadia Kajouji, que se había suicidado en marzo de 2008 saltando a un río. Los agentes de EE UU contactaron con los de Canadá y con Celia Blay y Elaine Dybrough, en Reino Unido. Recabaron pistas suficientes para abrir un caso. La demanda se presentó el 23 de abril del año pasado.

Se presentaron contra Melchert-Dinkel dos cargos de "asistencia al suicidio", aplicados hasta entonces a casos de eutanasia en enfermos terminales. La pena máxima a la que se enfrenta es de 15 años de prisión y 30.000 dólares [21.800 euros al cambio actual] por cada uno.

"Haciéndose pasar por una joven, amable y simpática mujer que trabajaba como enfermera en una sala de urgencias de un hospital, incitaba a la gente cometer suicidio", dijo el fiscal en su acusación formal. "Admitió que sabía que la asistencia en el suicidio era ilegal, y específicamente que es ilegal en Minesota... Admitió haber entrado en pactos de suicidio con unas 10 u 11 personas de todo el mundo a través de Internet. Admitió haber pasado de asistir en el suicidio a incitar al suicidio".

Melchert-Dinkel, es cierto, no ha negado dar información copiosa sobre el suicidio ni estar fascinado por la muerte autoinfligida. Pero sus abogados han armado una estrategia de defensa que se fundamenta sobre la base de la libertad de expresión. En EE UU, la primera enmienda constitucional ampara cualquier tipo de discurso personal, siempre que no sea una incitación directa y con resultados tangibles a cometer un crimen.

Si eso es lo que hizo el enfermero que se escondía tras las fachadas dulces y amables de Li Dao, Falcon Girl y Cami D, tres ángeles de la muerte, es algo que ahora dirime el juez Thomas Neuville, quien acabó de escuchar los alegatos de los abogados del caso el pasado jueves.

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