A Portugal no le salen las cuentas
El déficit derrapa pese a las medidas de austeridad aplicadas por el primer ministro portugués, el conservador Passos Coelho. La oposición socialista se endurece
Los miembros de la troika llegan a Lisboa:
el del FMI, Abebe Selassie; el del Banco Central Europeo, Rasmus
Ruffer; un traductor, y Juergen Kroeger, de la Comisión Europea. / MANUEL DE ALMEIDA (EFE)
La troika volvió de vacaciones antes que los políticos en Portugal. Los representantes del FMI, el BCE y la UE (conocidos en España como los hombres de negro)
desembarcaron en Lisboa la semana pasada para llevar a cabo el quinto
control exhaustivo de las cuentas públicas portuguesas. De su examen —y
su aprobado— dependerá que esas instituciones viertan los 4.300 millones
de euros de este tramo (que se sumarán a los 57.000 ya entregados) a
fin de alimentar la asistida máquina estatal lusa desde que esta
solicitó el rescate en mayo de 2011. Así, mientras ya la troika
examinaba y decidía, el primer ministro, el conservador Pedro Passos Coelho, y el líder del principal partido de la oposición, el socialista António José Seguro,
daban comienzo el domingo a este curso político portugués condicionados
por los baremos y con el aliento y los cálculos de estos especialistas
en el cogote. Ese día, ambos dirigentes se citaron en el telediario de
la una de la tarde en sendos mítines geográficamente distantes, uno en
Évora (Seguro) y otro en Castelo de Vide (Passos Coelho), para dar las
pistas de por dónde discurrirá el futuro político portugués.
Passos Coelho, aferrado desde su elección, hace más de un año, a un decidido seguimiento de las tesis alemanas de austeridad, contención y recortes, anunció que va a seguir por la misma vía “hasta el final”. “Hemos cumplido y dado sentido a los sacrificios hechos por los portugueses”, añadió, “unos sacrificios que están valiendo la pena y que muestran a un país que sabe gobernar y que sabe para dónde tiene que ir, un país que cada vez es menos citado por malas razones y más por las buenas”.
Esto es solo la mitad de la verdad. Es cierto que Portugal ha desempeñado desde que fue rescatada el papel del alumno ejemplar y ha cumplido escrupulosamente y sin protestas las exigencias de la troika para diferenciarse de la convulsa Grecia. Pero también lo es el que la economía lusa se descompone: el paro sube sin parar y ya ha alcanzado el 15,7% y el objetivo del déficit del 4,5% para este año (la tabla de medir para los que siguen los designios de la troika) se antoja sencillamente imposible. En los primeros seis meses este déficit escaló hasta el 6,9%. Los ingresos del Estado no han estado a la altura de lo esperado debido a que el consumo se arrastra estrangulado de mano de una población que pierde día a día poder adquisitivo. Así, lo más seguro, según diferentes cálculos, es que Portugal llegue a fin de año con un déficit por encima del 5,5%. Es decir: el alumno aplicado no aprueba. ¿Qué hacemos ahora con él?
Passos Coelho ignoró estos datos en su discurso. El socialista Seguro no. Tachó la gestión del Gobierno de simple fracaso. Se preguntó después: “¿Para qué tanto dolor, tanto sacrificio, si al final no se han cumplido las metas de la troika?”. Y añadió: “Que no cuenten con nosotros para más austeridad”. El Partido Socialista portugués (PS), que gobernaba en mayo del año pasado y que fue al fin y al cabo con quien negoció con la troika, se abstuvo el año pasado en la votación del presupuesto en otoño, cuando ya había perdido el poder, en un gesto conciliador. Ahora, un año después, parece liberado y amenaza con votar en contra y dinamitar el consenso con el que hasta ahora había contado Passos Coelho y que ayuda mucho a su imagen de país bueno y aplicado en Europa.
“En el fondo, ni Passos ni Seguro hablaron a los portugueses,
dirigiéndose a otros”, interpretó el perspicaz expolítico y analista
Marcelo Rebelo de Sousa. “Passos Coelho se dirigió a la troika, y le
vino a decir, implícitamente, que el país ha hecho todo lo posible y lo
exigido y que si el déficit derrapa no es por su culpa sino por la
coyuntura internacional y que deben de darle más tiempo para cumplir sus
compromisos. Y Seguro se dirigió a su propio partido, dividido desde
hace un año, anunciándole que ya ha terminado su particular travesía del
desierto y que pueden empezar a dejar de sentirse culpables por lo
acaecido en Portugal”.
Pronto, a final de esta semana o a principios de la semana que viene, hablarán los representantes de la troika. Entonces, la particular partida de billar a tres bandas de la animada vida política portuguesa, Gobierno, oposición y hombres de negro, estará completa.
Passos Coelho, aferrado desde su elección, hace más de un año, a un decidido seguimiento de las tesis alemanas de austeridad, contención y recortes, anunció que va a seguir por la misma vía “hasta el final”. “Hemos cumplido y dado sentido a los sacrificios hechos por los portugueses”, añadió, “unos sacrificios que están valiendo la pena y que muestran a un país que sabe gobernar y que sabe para dónde tiene que ir, un país que cada vez es menos citado por malas razones y más por las buenas”.
Esto es solo la mitad de la verdad. Es cierto que Portugal ha desempeñado desde que fue rescatada el papel del alumno ejemplar y ha cumplido escrupulosamente y sin protestas las exigencias de la troika para diferenciarse de la convulsa Grecia. Pero también lo es el que la economía lusa se descompone: el paro sube sin parar y ya ha alcanzado el 15,7% y el objetivo del déficit del 4,5% para este año (la tabla de medir para los que siguen los designios de la troika) se antoja sencillamente imposible. En los primeros seis meses este déficit escaló hasta el 6,9%. Los ingresos del Estado no han estado a la altura de lo esperado debido a que el consumo se arrastra estrangulado de mano de una población que pierde día a día poder adquisitivo. Así, lo más seguro, según diferentes cálculos, es que Portugal llegue a fin de año con un déficit por encima del 5,5%. Es decir: el alumno aplicado no aprueba. ¿Qué hacemos ahora con él?
Passos Coelho ignoró estos datos en su discurso. El socialista Seguro no. Tachó la gestión del Gobierno de simple fracaso. Se preguntó después: “¿Para qué tanto dolor, tanto sacrificio, si al final no se han cumplido las metas de la troika?”. Y añadió: “Que no cuenten con nosotros para más austeridad”. El Partido Socialista portugués (PS), que gobernaba en mayo del año pasado y que fue al fin y al cabo con quien negoció con la troika, se abstuvo el año pasado en la votación del presupuesto en otoño, cuando ya había perdido el poder, en un gesto conciliador. Ahora, un año después, parece liberado y amenaza con votar en contra y dinamitar el consenso con el que hasta ahora había contado Passos Coelho y que ayuda mucho a su imagen de país bueno y aplicado en Europa.
El objetivo del déficit del 4,5% para este año se antoja imposible: solo en los primeros seis meses escaló hasta el 6,9%
Pronto, a final de esta semana o a principios de la semana que viene, hablarán los representantes de la troika. Entonces, la particular partida de billar a tres bandas de la animada vida política portuguesa, Gobierno, oposición y hombres de negro, estará completa.
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