Sarkozy, dinero o república
El expresidente francés se debate entre encabezar un goloso fondo catarí o volver a la política
Su esposa, Carla Bruni, que estos días regresa a la música, rechaza esta última opción
El estadista ha contemplado desde la barrera el derrumbe de su partido y el descrédito de Hollande
Sarkozy y Bruni en Paris, en 2009. / ALEXANDRE MARCHI (ZUMAPRESS)
Desde que perdió las elecciones presidenciales y las legislativas de
2012, dejando a la derecha francesa en su peor situación en varias
décadas, Nicolas Sarkozy ha vivido lejos de los focos un retiro de oro y
brillantes. Recluido en la elegante mansión de su esposa, Carla Bruni,
en el glamuroso distrito XVI de París, con la barba cuidada de tres días
y una sonrisa perenne que muestra a un hombre mucho más relajado,
Sarkozy ha vuelto a la vida civil. Algún partido de su amado Paris
Saint-Germain (PSG); una cena con David Beckham y Victoria; algún paseo
con su hija; visitas casi diarias a su despacho de expresidente en la
calle Miromesnil, 77; reuniones con el Club de Amigos de Nicolas Sarkozy
creado por sus seguidores; ocasionales sesiones del Consejo
Constitucional, y, sobre todo, conferencias internacionales, estilo
Clinton, Gorbachov o Aznar, en Catar, Abu Dabi, Brasil y Nueva York.
La ausencia de Sarkozy de la vida política francesa ha sido tan notable que durante una reciente visita a una feria de agricultura, su sucesor en el Elíseo, el socialista François Hollande, bromeó con un niño que le preguntó por su antecesor diciendo: “Ah, no le volverás a ver”.
Sumido en un mutismo inédito para un individuo tan verboso, durante estos meses pasados lejos del escaparate político en el que había vivido los últimos 25 años, Sarkozy ha visto desde la barrera la crisis que partió en dos a su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), tras las primarias convocadas para elegir al nuevo líder, y solo ha sido noticia de verdad un día de diciembre, cuando tuvo que declarar durante 12 horas ante los jueces que investigan el escándalo L’Oréal. Logró librarse, gracias a la ausencia de pruebas materiales, de las acusaciones de haber abusado de la debilidad y cobrado fondos ilícitos de la multimillonaria anciana Liliane Betancourt.
Pero en los últimos días el nombre del único presidente que no logró repetir victoria en la V República vuelve a sonar con fuerza. La razón es que, según ha desvelado la web Mediapart y ha confirmado el Financial Times, Sarkozy está sopesando la idea de ponerse al frente de un fondo de inversión que quiere crear el primer ministro de Catar, su amigo íntimo el jeque Hamad ben Jassem ben Jaber al Thani.
Los dueños de Al Yazira y patrocinadores del FC Barcelona, que se compraron tirando de influencias y cheques, según ha contado la revista France Football, la organización del Mundial de 2022, quieren invertir 500 millones de euros en España, Marruecos y Brasil, tres de los países donde el ex presidente francés mantiene sus mejores contactos.
“No me sorprende nada que Catar quiera que Sarkozy sea la persona
clave de ese fondo”, dice Nabil Ennasri, investigador del Instituto de
Estudios Políticos de Aix-en-Provence y autor del libro L’enigme de Catar,
que acaba de publicar la editorial Armand Colin. “Sarkozy tiene una
agenda muy amplia, conoce a políticos de medio mundo y sería un
representante muy útil, una apuesta segura para Catar”, prosigue. “Y si
acepta ser su intermediario, sería sin duda muy bien remunerado, a la
altura de su estatus y de las conferencias que cobra a 115.000 euros
cada una”.
El 21 de enero, Mediapart informó de que Sarkozy estaba planeando con su asesor y amigo íntimo Alain Minc la idea de poner en marcha un fondo de inversión. Y parece lógico que Catar sea uno de los principales activos de esa cartera financiera. Nabil Ennasri recuerda que el expresidente y los jeques del país con el mayor PIB per cápita del planeta (67.570 euros) forjaron una gran amistad mientras Sarkozy estuvo en el Elíseo (2007-2012): “Sarkozy y el primer ministro Ben Jassem comparten los mismos delirios de grandeza, la misma ambición para sus países y la misma actitud sin complejos hacia el dinero. La relación bilateral vivió una aceleración espectacular durante el quinquenio de Sarkozy. Desde que los cataríes pagaron el rescate de las enfermeras búlgaras secuestradas en Libia, el expresidente se puso a organizar el desembarco de los Al Thani en Francia”.
“El jeque fue el primer mandatario extranjero que visitó el Elíseo, y desde entonces los cataríes han invertido cerca de 9.200 millones de euros en Francia”, prosigue el politólogo. “Sarkozy aceleró las exenciones fiscales al dinero catarí, y la familia real ha comprado palacios e inmuebles en París; el PSG, equipo del alma de Sarkozy; los derechos televisivos del fútbol; grandes paquetes de acciones en empresas como Lagardère, además de encargar la fabricación de 80 aviones Airbus”.
El periodista de Le Figaro Georges Malbrunot, coautor con Christian Chesnot del libro Qatar, les secrets du coffre-fort
(ediciones Michel Lafon), que salió a la venta el jueves, cree que
“Sarkozy se pensará dos veces convertirse en la cara visible de ese
fondo porque eso complicaría su vuelta a la política”. Pero añade que en
este momento el expresidente “está ya trabajando para Catar,
gestionando como abogado de negocios la entrada del emirato en el
capital de Maroc Telecom, participada por la francesa Vivendi”.
La investigación de Malbrunot y Chesnot revela la simbiosis de Sarkozy con el surrealista universo catarí, que el libro define como “la diplomacia de la chequera”. “Sarkozy y Ben Jassem se parecen mucho”, dice Malbrunot. “Son dos jugadores de póquer, son hiperactivos y tienen la misma concepción personalista de la política y los negocios. El jeque se compró un palacio a dos pasos del Elíseo en 2008 y visitaba a Sarkozy cuando quería, sin que el Quai D’Orsay (Exteriores) supiera nada. Ben Jassem es el Gran Manitú del dinero catarí. Insulta a los miembros de la Liga Árabe, y un día intentó comprar con dinero un veto ruso en la ONU”.
El entorno de Sarkozy, su mano derecha Claude Guéant y el propio Alain Minc (París, 1949; miembro del consejo de PRISA, editora de este diario), ha reconocido que las conversaciones sobre el fondo existen, aunque Minc ha matizado que la información del Financial Times es “inexacta en lo que se refiere a la exclusividad de Catar”, lo que parece corroborar la versión de Mediapart, que afirmó que la idea de crear el instrumento financiero es de Sarkozy y no de los Al Thani.
El dilema es, en este momento, la pasta o la patria. Sarkozy sabe que
si acepta ser el embajador de los petrodólares, quedaría inhabilitado
para volver a la presidencia, y difícilmente podría acceder a otras
ambiciones eventuales, como ocupar un cargo de responsabilidad en la
Unión Europea. Y las encuestas no le están poniendo fácil aceptar la
oferta. Por primera vez desde 2011, los sondeos estiman que los franceses prefieren a Sarkozy que a Hollande.
En un sondeo reciente, el 53% de los franceses elige a Sarkozy. Y un
44%, a Hollande, cuya popularidad se ha hundido hasta cotas inéditas,
incluida la del Sarkozy de la última época.
La llamada del emirato, en todo caso, no será fácil de rechazar. La vena bling bling de Sarkozy —término jergal que se puede traducir por nuevo rico u hortera y que procede del tintineo de las cadenas de oro de los raperos— y su afición por los ricos, los yates y los relojes caros constituyen un rasgo de carácter del exalcalde de Neuilly-sur-Seine.
El debate entre patria y dinero tortura a Sarkozy y a su pareja. Bruni-Tedeschi, que ahora rompe un silencio discográfico de cinco años —según ha dicho su marido, tuvo que dejar de cantar por la intolerancia de los socialistas—, quiere que su marido abandone su carrera política, según reconoció Sarkozy durante un almuerzo con su consejero áulico, el periodista ultraderechista Patrick Buisson, y otros amigos que publicaron sus cuitas en la revista Valeurs actuelles.
En el reportaje, Sarkozy afirmaba que no le apetece volver a la política,
pero que si Francia le necesita, “tendría que hacerlo”. Y explicaba que
su regreso dependerá mucho de su “credibilidad económica, ya que los
franceses tienen sed de ella”, y que en caso de gobernar de nuevo
tomaría “medidas económicas fuertes”, sin precisar cuáles. Irónicamente,
París lleva meses bajo intensa presión de Berlín para hacer las
reformas estructurales que Sarkozy no hizo en su día.
Las próximas presidenciales son en 2017, y el carismático exlíder mantiene viva la ilusión de los simpatizantes de la derecha. Pero sus palabras demuestran que todavía no se ha recuperado del dolor que le produjo la victoria del “nulo” —según lo catalogó en su día— François Hollande: “El problema es que ya nada es posible entre Francia y Alemania. Hollande ha roto todo lo que yo había logrado construir con Angela Merkel”.
El fastidio chez Sarko se cuela incluso entre los versos del cuarto disco de Carla Bruni, Little french songs (pequeñas canciones francesas). La tonada titulada El pingüino parece directamente inspirada en Hollande y se interpreta ya como la pequeña venganza de Bruni por aquel traspaso de poderes, no por esperado mejor digerido. La letra dice: “Se da airecillos de soberano, pero yo conozco al pingüino, no tiene maneras de comandante. Ay, el pingüino. Si un día vuelves a cruzarte en mi camino, te enseñaría, pingüino, a hacerme el besamanos”. Y continúa: “Ni feo ni guapo, ni alto ni bajo, el pingüino; ni sí ni no”. La referencia parece obvia. Uno de los apodos más populares de Hollande es el de Señor ni sí ni no.
La ausencia de Sarkozy de la vida política francesa ha sido tan notable que durante una reciente visita a una feria de agricultura, su sucesor en el Elíseo, el socialista François Hollande, bromeó con un niño que le preguntó por su antecesor diciendo: “Ah, no le volverás a ver”.
Sumido en un mutismo inédito para un individuo tan verboso, durante estos meses pasados lejos del escaparate político en el que había vivido los últimos 25 años, Sarkozy ha visto desde la barrera la crisis que partió en dos a su partido, la Unión por un Movimiento Popular (UMP), tras las primarias convocadas para elegir al nuevo líder, y solo ha sido noticia de verdad un día de diciembre, cuando tuvo que declarar durante 12 horas ante los jueces que investigan el escándalo L’Oréal. Logró librarse, gracias a la ausencia de pruebas materiales, de las acusaciones de haber abusado de la debilidad y cobrado fondos ilícitos de la multimillonaria anciana Liliane Betancourt.
Pero en los últimos días el nombre del único presidente que no logró repetir victoria en la V República vuelve a sonar con fuerza. La razón es que, según ha desvelado la web Mediapart y ha confirmado el Financial Times, Sarkozy está sopesando la idea de ponerse al frente de un fondo de inversión que quiere crear el primer ministro de Catar, su amigo íntimo el jeque Hamad ben Jassem ben Jaber al Thani.
Los dueños de Al Yazira y patrocinadores del FC Barcelona, que se compraron tirando de influencias y cheques, según ha contado la revista France Football, la organización del Mundial de 2022, quieren invertir 500 millones de euros en España, Marruecos y Brasil, tres de los países donde el ex presidente francés mantiene sus mejores contactos.
Si acepta representar al fondo catarí, sería muy bien remunerado, a la altura de su estatus y de las conferencias que cobra a 115.000 euros"
El 21 de enero, Mediapart informó de que Sarkozy estaba planeando con su asesor y amigo íntimo Alain Minc la idea de poner en marcha un fondo de inversión. Y parece lógico que Catar sea uno de los principales activos de esa cartera financiera. Nabil Ennasri recuerda que el expresidente y los jeques del país con el mayor PIB per cápita del planeta (67.570 euros) forjaron una gran amistad mientras Sarkozy estuvo en el Elíseo (2007-2012): “Sarkozy y el primer ministro Ben Jassem comparten los mismos delirios de grandeza, la misma ambición para sus países y la misma actitud sin complejos hacia el dinero. La relación bilateral vivió una aceleración espectacular durante el quinquenio de Sarkozy. Desde que los cataríes pagaron el rescate de las enfermeras búlgaras secuestradas en Libia, el expresidente se puso a organizar el desembarco de los Al Thani en Francia”.
“El jeque fue el primer mandatario extranjero que visitó el Elíseo, y desde entonces los cataríes han invertido cerca de 9.200 millones de euros en Francia”, prosigue el politólogo. “Sarkozy aceleró las exenciones fiscales al dinero catarí, y la familia real ha comprado palacios e inmuebles en París; el PSG, equipo del alma de Sarkozy; los derechos televisivos del fútbol; grandes paquetes de acciones en empresas como Lagardère, además de encargar la fabricación de 80 aviones Airbus”.
El expresidente y la exmodelo, en una salida nocturna, paseando por las calles de París, en 2009. / EFE
La investigación de Malbrunot y Chesnot revela la simbiosis de Sarkozy con el surrealista universo catarí, que el libro define como “la diplomacia de la chequera”. “Sarkozy y Ben Jassem se parecen mucho”, dice Malbrunot. “Son dos jugadores de póquer, son hiperactivos y tienen la misma concepción personalista de la política y los negocios. El jeque se compró un palacio a dos pasos del Elíseo en 2008 y visitaba a Sarkozy cuando quería, sin que el Quai D’Orsay (Exteriores) supiera nada. Ben Jassem es el Gran Manitú del dinero catarí. Insulta a los miembros de la Liga Árabe, y un día intentó comprar con dinero un veto ruso en la ONU”.
El entorno de Sarkozy, su mano derecha Claude Guéant y el propio Alain Minc (París, 1949; miembro del consejo de PRISA, editora de este diario), ha reconocido que las conversaciones sobre el fondo existen, aunque Minc ha matizado que la información del Financial Times es “inexacta en lo que se refiere a la exclusividad de Catar”, lo que parece corroborar la versión de Mediapart, que afirmó que la idea de crear el instrumento financiero es de Sarkozy y no de los Al Thani.
Sarkozy y el jeque catarí son dos jugadores de póquer, con una idea personalista de la política y los negocios"
La llamada del emirato, en todo caso, no será fácil de rechazar. La vena bling bling de Sarkozy —término jergal que se puede traducir por nuevo rico u hortera y que procede del tintineo de las cadenas de oro de los raperos— y su afición por los ricos, los yates y los relojes caros constituyen un rasgo de carácter del exalcalde de Neuilly-sur-Seine.
El debate entre patria y dinero tortura a Sarkozy y a su pareja. Bruni-Tedeschi, que ahora rompe un silencio discográfico de cinco años —según ha dicho su marido, tuvo que dejar de cantar por la intolerancia de los socialistas—, quiere que su marido abandone su carrera política, según reconoció Sarkozy durante un almuerzo con su consejero áulico, el periodista ultraderechista Patrick Buisson, y otros amigos que publicaron sus cuitas en la revista Valeurs actuelles.
Carla Bruni canta a "el pingüino"
Decía la exsupermodelo en una entrevista reciente a 'Le Nouvel Observateur' que su postergado cuarto álbum —que ve al fin la luz el 1 de abril— bebe de sus cinco años en el Eliseo. La canción 'Mon Raymond', inspirada en su marido, dice “aunque vista corbata, mi Raymond es un pirata”. Hay quien ve una andanada a François Hollande bajo otro elocuente título, 'El pingüino'. Ella misma, para dar más pistas, ha dicho que “quien piense que es una canción dirigida a los periodistas se equivoca. Está dedicada a alguna persona desagradable, con muy malos modales”.Las próximas presidenciales son en 2017, y el carismático exlíder mantiene viva la ilusión de los simpatizantes de la derecha. Pero sus palabras demuestran que todavía no se ha recuperado del dolor que le produjo la victoria del “nulo” —según lo catalogó en su día— François Hollande: “El problema es que ya nada es posible entre Francia y Alemania. Hollande ha roto todo lo que yo había logrado construir con Angela Merkel”.
El fastidio chez Sarko se cuela incluso entre los versos del cuarto disco de Carla Bruni, Little french songs (pequeñas canciones francesas). La tonada titulada El pingüino parece directamente inspirada en Hollande y se interpreta ya como la pequeña venganza de Bruni por aquel traspaso de poderes, no por esperado mejor digerido. La letra dice: “Se da airecillos de soberano, pero yo conozco al pingüino, no tiene maneras de comandante. Ay, el pingüino. Si un día vuelves a cruzarte en mi camino, te enseñaría, pingüino, a hacerme el besamanos”. Y continúa: “Ni feo ni guapo, ni alto ni bajo, el pingüino; ni sí ni no”. La referencia parece obvia. Uno de los apodos más populares de Hollande es el de Señor ni sí ni no.
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