viernes, 22 de marzo de 2013

Las guapas

A las guapas también les dicen "no"

Por: | 21 de marzo de 2013
Tan acostumbradas están las lindas a que les digan siempre "sí" que cuando les dicen "no" sufren el doble que las demás. Temeraria afirmación, claro, que apela a vuestro sentido del humor... aunque, ¿qué hay de cierto en esto de la maldición de las guapas?
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De nuevo, Eros y Psique, por Jacques Louis David (1748-1825). 
Dos películas que hoy recomiendo con énfasis rodean el tema de lo mucho que sufren las lindas por amor. Las cintas que celebro son Blue Valentine, de Derek Cianfrance, y Amor y letras/ Liberal arts, de Josh Radnor, ambas se exhiben en estos días en salas de España. Por supuesto, hablamos de las lindas o lo bello con todos los atenuantes del caso porque, como dice Umberto Eco, en Historia de la fealdad (un libro que ya citábamos aquí), "decir que belleza y fealdad son conceptos relacionados con las épocas y con las culturas (o incluso con los planetas) no significa que no se haya intentado siempre definirlos en relación con un modelo estable".
Todos sabemos que ha habido épocas en que lo feo ha sido equiparado con el mal moral y momentos históricos realmente desgraciados para quien naciera mujer. Eco dedica un jugoso capítulo de su recorrido a las manifestaciones misóginas del arte entre la Edad Media y el barroco, por ejemplo. Transcribo apenas algunas frases del Cultu Feminarum de Tertuliano (siglo III d.C.), quien insta a las mujeres a llevar el velo: "Debéis gustar solo a vuestros maridos. Y cuanto más les gustéis, menos ocupadas estaréis en gustar a los otros. No os preocupéis, benditas, ninguna mujer es fea para su marido, bastante le gustó cuando la eligió por sus costumbres y su belleza (...) Todo marido exige el tributo de la castidad, pero no desea la belleza, si es cristiano, porque no somos prisioneros de esos bienes que los paganos consideran buenos (...) En efecto, pecan contra Dios aquellas mujeres que se torturan la piel con arcillas perfumadas, manchan sus mejillas de rojo y se alargan los ojos con tizne".
Pero sacúdamonos el pecado de ser mujeres, bellas y/o alegres y vitales (porque la luz que irradias es más convincente que el color de tus ojos o los centímetros de tu cintura) y metámonos en esto que el vivir tiene de improvisación (porque guión no hay). En estas está Zibby, el personaje que encarna la radiante Elizabeth Olsen en Amor y letras, de y con Josh Radnor (adorable y enamorón Ted Mosby en Cómo conocí a vuestra madre). La chica propone a sus galanes el juego de no decir jamás que "no", porque de este modo practica la improvisación teatral y la existencia misma. "Sí" es la única respuesta que admite esta chica de 19 años que luce mucho desparpajo y esconde la misma porción de ingenuidad.

'Amor y letras', de y con Josh Radnor (Ted Mosby en 'Cómo conocí a vuestra madre').
La contrafigura es Jesse/Radnor, un adulto-adolescente como casi todos los seres humanos pero con un humor sentimental que recuerda al del joven Woody Allen. Y así es que Jesse da muchas vueltas en torno a la tierna y cándida dama a la que no quiere decirle que "no" pero tampoco que "sí". El paisaje circundante deja al descubierto la frustración de algunos veteranos que, sin embargo, han aprendido a disfrutar de ratitos sin epopeyas (como esas sesiones de sexo exprés sin necesidad de "abrazarse toda la noche leyendo a Wordsworth"), y la difícil adaptación de los más jóvenes, los que todavía esperan ser protagonistas de una gloriosa novela del siglo XIX pero se resignan a la vida verdadera no sin una buena dosis de Blake. Por cierto, Radnor se consolida como un director indie francamente interesante con esta, su segunda peli.
En el otro lado del ring, también perdiendo la inocencia, están Dean y Cindy, la pareja de treintañeros de Blue Valentinede Derek Cianfrance, con el canadiense de Drive, Ryan Gosling, que interpreta a un chico que nos conmueve a todas las demás con su ternura pero es incapaz de enamorar a la triste y hermosa Cindy/ Michelle Williams.
 
Tráiler de 'Blue Valentine'.
"Todas las guapas son locas, porque les han contado tantos chistes malos que han terminado por enloquecer", arriesga Dean en uno de sus primeros acercamientos a Cindy. Lo que sigue tiene la fuerza (incluso el forcejeo corporal) de aquellos desamores con los que nos desgarraban John Cassavetes o Michelangelo Antonioni.
¿Por qué la vida es a veces tan asimétrica como la fealdad?
Por fin, para bajar a la tierra de las asimetrías, traigo a cuento el comentario que, hace unas semanas, Álex, un lector del blog dejó aquí: "la tía fea lo tiene más facil para practicar sexo cuando quiera que el tío bueno (salvo que sea gay)". Quizá estaría bien que nos lo explicase un poco, ¿no?
Expertos todos en esto de subirnos al escenario existencial sin libreto, creo que muchos de nosotros hemos calibrado alguna vez la cuestión de la suerte (o la mala suerte) de los guapos/as. Hay estudios que hablan de la relación que el aspecto físico de una persona tiene con el nivel salarial, por ejemplo, pero... ¿qué hay del amor? ¿y en el terreno del sexo?
¿Cuánta nitidez hay en la propia percepción y cuánta en el espejo que nos brindan los demás? Acabamos con Umberto Eco, porque también la fealdad depende, según él, de "diversidad de reacciones que sus distintas formas suscitan, en los matices conductuales con que se reacciona". De ahí su propuesta de darles la razón a las brujas del primer acto de Macbeth cuando gritan: "Lo bello es feo y lo feo es bello".

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