domingo, 30 de junio de 2013

Del Bosque, un caballero

A Iker no le he dado ni bola, la verdad”

Vicente del Bosque, elegante en el campo y en los banquillos, se desquita del disgusto de ver desaparecer al Salamanca con la ilusión de jugar una final en el mítico Maracaná

Del Bosque, durante un entrenamiento. / jasper juinen (getty images)

Vicente Del Bosque (Salamanca, 1950) creció en la calle y fue más de futbolines que de escuela, pero si en los hijos se reconoce a los padres, por su humildad y educación viene de buena cuna, aunque su progenitor, Fermín, fuera ferroviario. Elegante en el campo, lo ha sido siempre en los banquillos. Al salmantino le han dado un disgusto con la desaparición de la Unión Deportiva Salamanca, pero en algo le consuela ver a España jugar hoy contra Brasil con la Copa Confederaciones en juego. Le ilusiona Maracaná, en tanto que sus recuerdos infantiles evocan al gran Brasil de los 50, más de oídas que por verlo jugar. En la noche del viernes, ya madrugada del sábado en España, se le ve distendido en la sala del hotel, en la playa de Tijuca de Río de Janeiro, donde da sus charlas y maneja una pizarra que ante los periodistas está inmaculada, todo borrado.
Pregunta. ¿De qué jugaba en el futbolín?
Respuesta. Manejaba las cuatro líneas, ya era entrenador.
P. ¿En este campeonato ha sido más intervencionista que nunca?
R. Qué va, compartimos muchas cosas, pero al final el que toma decisiones es el entrenador. Pero comparto ideas con los jugadores. Hemos cambiado cosas por la lesión de Cesc y por el calendario.
P. Su libreto fue tachado de antiguo, pero resulta que alineó de ariete ante Italia a Javi Martínez, un defensa recolocado a mediocentro que nunca fue delantero.
R. Era un momento del partido que requería presencia física. Xavi e Iniesta aguantaron bien, pero... Necesitábamos cuajo, parar sus embestidas y alguien de tranco largo que se incorporara de área a área y que nos diera oxígeno en los balones largos. Ellos querían sacar sustancia a balón parado y nosotros somos un equipo muy bajo: Xavi, Jordi Alba, Iniesta... No fue una locura, fue algo racional, tampoco innovador. Los cambios son lo más fácil. El problema es que son una virtud cuando ganas y una locura cuando pierdes.
Del Bosque hace malabarismos con un balón durante un entrenamiento de la selección. / VINCENZO PINTO (AFP)
P. ¿Por qué se quedó en el banquillo, derrengado, en la tanda de penaltis con Italia?
R. Estaba cansado y no podía hacer nada en los penaltis. Los designó Toni [Grande, su segundo]. A partir de ahí ya no puedes intervenir.
P. ¿Son los propios futbolistas los que piden la vez a partir del sexto?
R. Supongo. Al final, pensé que les iba a tocar a todos. Tenía miedo de que le tocara a Arbeloa, porque estaba tieso perdido. Miren, me acuerdo de Kubala, que era maravilloso, y en las charlas como seleccionador hablaba de los penaltis. Yo no pierdo un segundo, porque me parece que tira el que se atreve. Quedaría muy bien decir que lo tenemos todo controlado, pero no es verdad. ¿Qué te garantiza? Al final, los mejores tiradores de la historia siempre han fallado alguno: Platini Baggio, Raúl, Zico… Es un asunto menor.
P. ¿Hasta qué punto jugar contra Tahití terminó por ser una complicación?
R. ¿Por qué una complicación?
P. Por la dificultad de motivarse, por la animadversión que generó en la afición brasileña…
R. Les vi contra Nigeria y no me parecieron tan malos. Contra nosotros me parecieron inocentes, salieron a presionar muy arriba y facilitaron las cosas, porque con la línea tan adelantada, al final te trincan. Pero estuvimos 31 minutos sin marcar, ¡me cago en la leche! Luego es verdad que tres llegaron muy rápido, pero… He oído a un periodista decir que les pudimos meter 30. ¡Pero cómo es posible! Eso es imposible.
P. ¿Cómo ha llevado la gestión con los porteros?
R. Fue complicado, los tres son muy buenos, muy buenos. Y su comportamiento ha sido fantástico, jamás han puesto una mala cara y les estoy sumamente agradecidos. Diría, incluso, que son demasiado buenas personas. Cualquier decisión hubiera sido injusta, seguramente incluso la que tomamos. Quedar bien con todos es muy difícil. Ya lo decía Woody Allen: quedar bien con todos es el principio del fracaso.
“La vida es un sueño y aquí muchos chicos tienen el sueño de ganar en Maracaná”
P. Entonces, ¿trató de ser respetuoso con Casillas?
R. Aunque no jugara, no hace tanto nos dio mucho. Iker ha hecho muchos méritos para jugar.
P. ¿Le pareció que Mourinho fue irrespetuoso con él?
R. Yo no me he ocupado de Mourinho para nada, tengo mi opinión y no la voy a decir. No tengo por qué opinar, pero yo sé qué debo hacer y cómo tenía que lidiar el toro que me llegaba.
P. ¿Y el toro le llegó muy picado?
R. Hombre, el toro llegó fastidiado. Estaba fastidiado porque se ha visto en una situación insólita. Un hijo del Real Madrid al que de pronto su propia familia le detesta, le odia, le margina, le insulta, le increpa, le repudia… Supongo que al levantarse por las mañanas se diría: “Es imposible que me ocurra a mí”.
P. ¿Le ha mimado mucho?
R. No le he dado ni bola, la verdad. Las palabras van por detrás de los hechos. Puedes ser muy cariñoso y darle una puñalada.
P. ¿Ha notado que los compañeros le cuidaban de forma especial?
R. Sí, eso lo he visto. Tampoco tiene mucho valor cuando les preguntáis y dicen que es nuestro líder. ¿Qué van a decir? Pero sí, he visto que le han arropado. Sobre todo es admirable lo de Víctor y Pepe, siempre focalizo mis charlas en ellos.
P. ¡Y decían poco menos que Valdés comía niños!
R. Una letanía. Ya se ha visto la verdad.
P. ¿Hay problemas con Arbeloa en la convivencia?
R. Ni le he preguntado nada. No he tocado ese tema porque creo que no ha habido necesidad. Si tienen algo pendiente es cosa suya. Miren, tengo un amigo sicólogo de la junta de Castilla-La Mancha al que le pregunté, cuando los problemas entre los del Madrid y el Barcelona, cómo creía él que podía gestionar el tema. Él, que ha pisado un vestuario tan poco como yo el diván, me dijo que pusiera una percha en la puerta con la camiseta de la selección y que cuando fueran entrando se la fuera dando para que supieran que la Roja era su camiseta en ese vestuario.
Del Bosque, antes de una rueda de prensa. / FELIPE TRUEBA (EFE)
P. ¿Encontró las perchas?
R. Hombre, las hubiera encontrado, pero no fue necesario. No era mala metáfora pero no me atreví a hacerlo y no fue necesario, lo entendieron solos.
P. Antes de la prórroga le pidió a Arbeloa que se atreviera más. ¿Qué quiso decir?
R. No, no, no le dije que se atreviera, sino que se activara. Estaba parado, como un tenista cuando está tieso.
P. ¿Puede explicar qué les contaba en el túnel antes de salir en la segunda parte ante Italia?
R. Estuvimos hablando en el vestuario del lío que nos estaban montando Marchisio y Candreva por los pasillos interiores. Hablamos de eso y de las bases defensivas. Parecía que estábamos muertos, pero era cuestión de recuperar el balón, porque a estos tíos no les gusta correr detrás de la pelota. Hablamos más de lo que utilizamos la pizarra, era una cuestión posicional defensiva para recuperar la pelota. El cansancio parecía que nos agobiaba.
P. ¿No cambiar antes a Silva fue para no señalarle?
R. Son cosas sicológicas. Cuando las cosas van mal, si vas cinco cero te jodes y que cada palo aguante su vela. Pero no me gusta señalar. Le cambié por buscar algo más.
P. ¿Xavi hace las alineaciones?
R. No.
P. Lo ha dicho Toni Grande.
R. Este tema lo resuelvo rápido. Si veo un problema defensivo hablo con la gente de atrás. Lo lógico es que hable con mis jugadores. Y con los veteranos, más. Y con Xavi si hablas, hablas de fútbol. Xavi es un capitán, veterano… ¿De qué voy a hablar con Xavi? Tratar a todo el mundo por igual es una de las mayores injusticias. Hablar con Xavi es un síntoma de fortaleza.
P. Hay quien dice que Iniesta es brasileño...
“Tratar a todos por igual es una injusticia. Hablar con Xavi es un síntoma de fortaleza”
R. Iniesta es mejor si jugamos organizados y juntos. Para ser mejor tiene que hacer las cosas individualmente y nos es fácil. Mientras que Xavi necesita a todos, Iniesta tiene el don del regate. Es un regate con profundidad y en vertical, y cerca del área, donde es más difícil. El regate en el centro del campo es de seguridad.
P. ¿España le ha ganado el trono del estilo a Brasil?
R. Tengo mala memoria, pero recuerdo un Brasil muy criticado en el Mundial del 94 por su estilo y salió campeón del mundo con Dunga y Mazinho. Brasil tiene cinco títulos mundiales. Sí, claro, yo recuerdo de oídas al gran Brasil de Garrincha, Didí, Pelé, Vavá y Zagallo pero verle le vi poco porque no había televisión. Y tuve de entrenador a Vavá, por cierto. Era maravilloso, no podía ser más bueno. Un día recriminó a un jugador, a Causanilles, por llegar tarde a un entrenamiento y el jugador se rebotó con Vavá… Vavá se echó a llorar. Era extraordinariamente bueno.
P. ¿Este Brasil gana más que juega?
R. Parece que es un equipo que hace poco, pero es muy poderoso. Hulk es una bestia y le pega muy violentamente a la pelota. Óscar es un interior distinto, tienen laterales muy buenos, Fred conocer el oficio. Y está Neymar…, pero Brasil es más que Neymar. Nosotros no podemos tener miedo y olvidar nuestra identidad, pero hemos de ser conscientes de contra quién jugamos sin perder nuestra sustancia.
P. ¿Qué supondría para usted ganar en Maracaná?
R. Cumplir con mi responsabilidad y un paso más en el camino de este grupo. ¿Saben lo que más me anima? Saber que siguen teniendo la ilusión de jugar en Maracaná y jugar contra Brasil. Además de la ilusión, está la responsabilidad, saber que tenemos que ganar. La vida es un sueño y aquí hay muchos chicos que tienen el sueño de derrotar a Brasil en Maracaná. Ganar es cada vez más difícil. Al rival le estimula vencernos. Y nosotros, cuando bajemos un poco estamos sentenciados.
P. Acaba contrato tras el Mundial de 2014 y la junta directiva está segura de que le convencerán para que renueve.
R. Un año da para mucho.
P. Usted siempre ha sido una persona con conciencia social. ¿Le preocupa que el fútbol empiece a generar rechazo social? En las protestas en las calles de Brasil hay muchas pancartas del tipo “Nosotros no comemos y Neymar gana 22 millones de euros”.
R. Creo que no quieren hacer daño al fútbol, sino que se utiliza como altavoz. Habrá gente que no coma, pero que no le quiten el fútbol. El fútbol no va a perder la esencia social. Son mínimos los futbolistas que ganan ese dinero en relación a la masa que vive del futbol, un 0,1%. Parece que los futbolistas sean los malos. También hay otros deportistas, cantantes, etc., que ganan mucho. Las revueltas sociales son en todo el mundo, no solo en Brasil, y no contra el fútbol.

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