miércoles, 19 de junio de 2013

La cárcel de Assange

Assange, doblemente atrapado

Demasiadas opiniones solventes desacreditan al fundador de Wikileaks

MARCOS BALFAGÓN

El australiano Julian Assange, fundador de Wikileaks, cumple 12 meses de estancia en la Embajada de Ecuador en Londres. En su intento de huir de la justicia de Suecia, que le reclama por supuestos abusos sexuales, y por miedo a caer eventualmente en manos de la norteamericana (por difundir documentos confidenciales de Irak y Afganistán y los cables del servicio diplomático) Assange, en libertad vigilada por la justicia británica, se refugió en esa embajada hace hoy un año.
Durante todo este tiempo, lo peor para Julian Assange quizá no sea su propio encierro, duro para una persona aventurera. Lo peor ha sido, probablemente, la definitiva pérdida de su reputación para una parte importante de la opinión pública mundial. Cuando negoció con cinco grandes rotativos, entre ellos EL PAÍS, los famosos cables diplomáticos del Departamento de Estado en 2010, Assange aparecía como el paladín de la transparencia. Hoy acumula, sin embargo, demasiadas opiniones solventes que le desacreditan.
Su idilio con la gran prensa se rompió cuando Assange insistió en no aplicar las mínimas cautelas a la publicación de los documentos secretos. Su colaboración con Rusia Hoy, la cadena pública anglohablante de un país que no se destaca por su transparencia informativa, le ha merecido duras críticas. Ahora, el ministro de Exteriores de Ecuador trata de arrancar a Londres un salvoconducto para llevárselo al país suramericano en el que su presidente, Rafael Correa, planea establecer el original delito del “linchamiento mediático” que permitirá al Gobierno acallar a la prensa cuando esta le incomode demasiado.
Julian Assange está, en fin, doblemente atrapado: por la justicia (Suecia y quizá EE UU) y por su descrédito. Con razón o sin ella, es lo que les suele ocurrir a los perdedores, como a esas 11 personas (dos periodistas entre ellas) ametralladas en 2010 desde un helicóptero norteamericano en Bagdad. Assange difundió el vídeo de la matanza. Hoy día nadie ha dado explicaciones por ello; esas personas están olvidadas y el militar que filtró el vídeo corre el riesgo de ser condenado a muerte.

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