lunes, 17 de junio de 2013

Un sismo en las redes sociales.

Los mexicanos hacen temblar las redes después de un sismo de 5.8

Ciudadanos y políticos inundan Twitter con mensajes sobre el terremoto, una tradición ya



“Por culpa del temblor recaí en mi adicción a las pasitas con chocolate”, “México tiembla porque va a jugar contra Italia”, “— Oye EPN ¿Qué opinas del 5.9 Richter? — Pues, ese tal Rick Ter debería de mejorar sus calificaciones”. Los anteriores son solo tres de los cientos de mensajes que bajo el hastag #tenemossismo circulan desde la madrugada de este domingo por la red social Twitter, después de que un terremoto de 5.8, con epicentro en el sureño Estado de Guerrero, despertara a buena parte de la población del país.
Desde la llegada al mundo de los teléfonos móviles inteligentes, el fenómeno “sismo” se vive de forma distinta. En los últimos tiempos las bromas se replican a través de internet cada vez que, como en este caso, el temblor queda solo en susto, pero incluso durante los primeros segundos, cuando todo aún se está moviendo, las redes sociales juegan un papel fundamental. Para los más amantes de las nuevas tecnologías, antes de la fuerte sacudida, una señal un tanto apocalíptica alerta en los celulares de lo que está por llegar. De inmediato, el Servicio Sismológico Nacional, políticos, instituciones, medios de comunicación y cualquier ciudadano común, inundan las redes con mensajes que dan cuenta del suceso, un acto convertido ya en tradición y que cada vez más sirve a la población para orientarse en plena crisis. “En la #Narvarte se sintió muy fuerte”, comentaba uno, “Antes de tuittear#TenemosSismo o algo parecido chequen instalaciones de gas y eléctricas así como las de agua y reporten a autoridades”, recomendaba otro.
Como en su día hizo costumbre Marcelo Ebrard –inventor de #tenemossismo-, cada vez que la ciudad cruje, su sucesor al frente del Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, informa al minuto sobre las labores del Ejecutivo. Este domingo, a través de su cuenta, envió a los ciudadanos un total de nueve mensajes: desde el escueto y a la vez solemne “está temblando” –que confirma de forma oficial que la sacudida no es un mareo de cada quién-, hasta el más técnico “también sin reporte de emergencias en la revisión de la Zona Centro del País realizada vía Matra desde el C-4”. Pero Mancera no es el único político que se apunta a esta práctica. El secretario de Gobernación federal, Miguel Ángel Osorio Chong, narró el fenómeno en tiempo real con consejo incluido: “Está temblando en estos momentos, mantengan la calma”.
El 19 de septiembre de 1985 un temblor de más de ocho grados en la escala Richter transformó la Ciudad de México y destrozó a familias enteras, dejando en torno a 10.000 muertos -aunque se desconoce la cifra exacta- y más de 30.000 estructuras derruidas. Desde entonces, cada pocos meses se repiten los temblores de entre 4 y 5 grados, muchos de ellos imperceptibles para la mayor parte de la población. Sin embargo, el año pasado, el Distrito Federal vivió un nuevo susto al registrarse un sismo de 7.4 que sacudió muy fuerte a toda la urbe. El recuerdo de lo sucedido hace casi treinta años provoca crisis nerviosas en buena parte de la población cada vez que vuelve a temblar. En este sentido, las redes sociales funcionan hoy día como herramienta de catarsis colectiva.
Así, la presencia inmediata de las autoridades, así como la publicación constante de datos, y las historias de millones de ciudadanos a lo largo y ancho de la República ayudan a configurar en un primer momento el mapa del suceso. Pero con el paso de las horas, a medida que las placas tectónicas se tranquilizan, Twitter se vuelve un hervidero de frases ingeniosas: “Según los reportes, las iglesias del DF hoy estuvieron llenas desde temprano”, se leía esta mañana. En otro tono, los más románticos reclaman atención: “Mientras tú me ignoras el #temblor me sacudió toda la noche”, “#Tenemossismo pero no tenemos novio. L” , o “Si no te llama después del temblor para ver cómo estás, es que no te ama”, esta última muy repetida.
Durante la noche varias colonias de la capital, una ciudad con 20 millones de habitantes, continuaban sin luz. Aunque apenas eran las dos de la mañana, muchos bares de la zona céntrica habían cerrado ya, y en los que permanecían abiertos, los jóvenes tomaban cerveza sentados en torno a una mesa iluminada solo por la luz de una vela. Nadie podía usar los baños, pero la música sonaba aún a través de una computadora y las instantáneas de la noche ya estaban colgadas en Facebook. Mientras el mundo se derrumba, internet observa.

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