LAS OBSESIONES DE FRANZ
Conocì a Franz Galich a finales de los setenta. Era de caràcter tìmido, cordial y sencillo; alto,
rubio y de mirada traviesa. Nos hicimos amigos porque nos hermanaba la pasiòn rastrera por
las letras. A pesar que èl habìa terminado la licenciatura y yo apenas era un peòn, en sus
clases siempre me pedìa refrendar alguna intervenciòn suya.
Una eminente profesora de Inglaterra en una entrevista, expresò que Franz era uno de los màs
connotados escritores guatemaltecos de esos dìas. Con un amigo fuimos de inmediato hasta
donde se encontraba y, sorprendièndolo, le reclamamos por no habernos contado sobre esa
gracia suya. Con su timidez cracterìstica nos respondiò que nunca le habìamos preguntado si
escribìa.
Al enterarme de su publicaciòn en la revista Alero, busquè el cuento que se volviò clàsico despuès,
llamado "El Ratero". No era lo que uno se imaginaba al leer el tìtulo, pero sì trataba sobre un ser
marginal y sociòpata, que tenìa la manìa de comer ratones; para lo cual llevaba grandes las uñas.
larga la barba por si lo arañaban al devorarlos vivos. Se camuflaba tirado en el piso en la oscuridad
como un gato para atraparlos, con un trozo de comida en la boca. Tambièn conservaba un cuadro de
San Martìn de Porres su patrono, porque este frailecito hasta hablaba con los ratones segùn le
contaron. Esta compulsiòn segùn el cuento, al personaje le provocò demasiadas tragedias en su vida,
inclusive lo condujo a matar. Al verse sorprendido y amonestado por un sacerdote con el que
trabajaba lo asesinò.
Por los dìas que se agudizò la represiòn contra los intelectuales en Guatemala, una mañana me enterè
que, como el personaje de una de sus historias Franz se refugiò en el tapanco de una iglesia. Pedìa
asilarse en una embajada, porque unos hombres armados lo perseguìan para matarlo. México le negò
el salvonconducto por dudar de su versiòn; Costa Rica finalmente lo acogiò. Se estableciò en Nicaragua
donde muriò recientemente.
Allà escribiò entre otras obras la novela Managua Salsa City (Devòrame otra vez), premiada, y catalogada
por muchos, como una de las mejores novelas sobre la posguerra de ese paìs.
Con su exilio Guatemala echò de menos un gran literato y yo un gran amigo, pero lo ganò Nicaragua y por
ende Latinoamèrica. En el paìs de los dimes y diretes no falta quièn afirme todavìa que, cuando buscò
refugio, solo sufriò una crisis paranoica por la muerte violenta de muchos de sus amigos. Puede uno
imaginarse a que persona no le agobiarìa, como el mismo Franz dijo en el tìtulo de un cuento suyo, "viajar
con la pelona".
Por Juan José Lara.
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