Altagracia es una de las mujeres más bellas que he conocido en mi vida, además de tener un físico impresionante era espiritualmente profunda. Destacan en ella sus ojos verdes, penetrantes y transmisores de paz y de felicidad. Era un bálsamo estar con ella.
Estaba en Costa Rica cuando ella decidió ir a buscarme, ella radicaba en Nicaragua en ese entonces. Hizo un largo viaje abordo de un autobús destartalado, se tardó miles de horas en llegar a San José, la capital de Costa Rica, donde ya la esperaba en la terminal camionera, pletórico de emoción y alegría.
En cuanto nos vimos nos abrazamos cariñosamente y nos dimos un beso largo, con el cual nos dijimos todo lo que habíamos callado durante tanto tiempo sin vernos.
Fue un encuentro divino para dos seres que se amaban con intensidad.
Salimos a recorrer la ciudad en un auto prestado, ella solo anhelaba estar juntos, vernos y conversar tranquilamente. Después de tremendo y agotador viaje desde Nicaragua, le propuse que descansáramos para reponer las energías, ella solo me miró con esos ojos verdes y me sonrió, y comprendí que sus deseos eran otros.
Hoy quiero recordarla con el cariño y la pasión de antes, la última vez que nos vimos era el año 2004.
Seguimos en contacto por la vía del internet, pero ya no fue lo mismo. La relación se fue diluyendo en forma lenta pero inexorable.
Altagracia fue el amor de mi vida, le propuse matrimonio varias veces y ella me rechazó la oferta de un modo sutil, sin querer herir mis sentimientos de hombre enamorado.
Hoy domingo tuve deseos de rendirle un tributo a esa bella mujer que me hizo vivir y vibrar como nadie en la vida.
Tengo entre mis manos las únicas dos fotos que nos tomamos juntos, ella impactántemente bella y serena, y yo desbordante de pasión sensual por ella.
Nos despedimos en San José, Costa Rica, con la promesa del nuevo encuentro en cualquier parte del mundo. Nunca se dio. No supe más de ella, nadie me da razón de su existencia ni de su ubicación geográfica.
Altagracia tenía raíces italianas, de Nápoles precisamente, por eso era tan hermosa y delicada como una flor.
No he podido olvidarla, siempre hay algo que me la evoca en la memoria y la disfruto aunque sea en la imaginación.
Anoche no dormí pensando en que quizás murió, y ese pensamiento me hizo estremecer de tristeza, no era una mujer tan mayor, pero si delicada de salud. Es probable que sucumbiera a sus dolencias crónicas. No lo sé, ni quiero imaginármelo.
Hoy domingo amanecí con esa extraña sensación en el pecho. Ojalá esté viva y bien de salud.
Pero mi presentimiento me indica otro rumbo.
La amé, la amo, quisiera verla otra vez y abrazarla con ternura. Y mirar la profundidad del mar en esos ojos verdes.
Altagracia, gracias por haber existido en mi corazón tanto tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario