viernes, 14 de enero de 2011

Guatemala, la vida con temor./L. de Palomo.

Y ¿Cómo amaneció la ranita? Engusanada; y todos echábamos a correr. Estuve recordando la ronda que solíamos jugar cuando niños, ya que la circunstancia se me presenta como la actual. Todos los días le preguntamos al país ¿Y cómo amaneció Guatemala? Y cuando se nos contesta, echamos a correr, esperamos que no nos agarre a nosotros el engusanado. No pasa un día en que no nos saquen de nuestras casillas las noticias, que cada vez son peores. Esto se ha convertido en una ronda que jugamos todos, todos los días, esperando no nos agarre la rana.

Para tener un panorama claro del engusanamiento a nuestro alrededor, debemos escuchar a quienes están cerca de nosotros. Poner atención a lo que nos cuentan los protagonistas y con ello nos daremos cuenta de que seguimos corriendo sin querer enfrentar el problema. Quisiera compartirles dos conversaciones sostenidas con amigas próximas.

Doña Adelina, con quien trabajé en un interesante proyecto para prevenir la violencia en barrios marginales y que ya no fue del interés del Gobierno, me contaba que ahora en su colonia no hay tiendas y parece pueblo fantasma; no se puede salir a las calles, pues las extorsiones están en cada esquina. “Compro tortillas para dos o tres días con ello evitó salir de casa; si lo hago debo hacerlo con la peor ropa que tengo para pasar desapercibida.

Mis hijos no han salido en todas las vacaciones. Estamos presos en nuestra casa”. Mencionó que todos conocen a los extorsionistas, son personas de allí, de la colonia; posiblemente allí nacieron y se conoce a sus familias. Pero mejor ni hablar del tema, porque se puede aparecer descuartizado.

Una compañera de trabajo, todos los días comenta: “Otra vez hoy, en la misma calle, el mismo hombre, pidió la extorsión de la camioneta donde venía. Me da miedo, pues en cualquier momento se sube y arma un zafarrancho”. Todos los días, el mismo, en el mismo lugar, al mismo piloto.

Las historias de dos mujeres trabajadoras que viven una sicosis diaria y saben que no hay solución; tan solo esperan que las agarre la rana. Ellas conocen quiénes son las personas que extorsionan pero no pueden hablar, también saben que si se quisiera acabar con el problema se podría hacer pues, los malos no se esconden —los buenos sí. Cuando extorsionan por celular hasta dan un número de cuenta de banco, fácil de rastrear; cuando lo hacen en persona, dan la cara y muestran sus armas con gran impunidad. Al escuchar esto, no queda lugar a duda; no ha existido voluntad política de acabar con la situación de terror y pavor que hoy estamos viviendo.

Hoy de nuevo, escuchamos a los candidatos a la Presidencia y alcaldía que nos dan un diagnóstico de lo que ya todos conocemos, lo estamos viviendo y, critican a las autoridades actuales, pero no nos dicen cómo ellos pretenden cambiar las cosas. Este es un año crítico en el cual se deben pedir respuestas a quienes lamen las mieles del poder. Indaguemos, no hay preguntas tontas, hay tontos que no preguntan; exijamos, pues cada día es mayor la enfermedad mental que se provoca y trasmite a las generaciones chapinas.

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