La escritora francesa Marguerite Duras dijo que nunca escribió una sola línea que no hubiese vivido. Ahora se reedita en castellano uno de sus libros tempranos, La siesta de M. Andesmas, una joya poética donde ya están sus obsesiones, las dependencias pasionales, la enajenación o el olvido.
Así lo valora la española Amelia Gamoneda, traductora de La siesta de M. Andesmas, que saldrá en España editado por Demipage a finales de este enero, y en México, Colombia, Chile, Argentina y Perú a finales de febrero.
Amelia Gamoneda conoce y ama este libro desde su adolescencia, cuando se lo regaló su padre, el poeta leonés y premio Cervantes Antonio Gamoneda, para quien esta novela es emblemática y fascinante.
Duras narra en esta obra una tarde en la vida de monsieur Andesmas, un anciano que compra una casa para su hija Valeria. Pero este hombre quiere añadir una terraza para que su hija pueda observar la llanura y el mar Mediterráneo.
La espera del constructor de esta posible escalera acapara toda la escena del relato lleno de silencios que hablan más que los propios acontecimientos, y que contienen un universo humano lleno de deseos y frustraciones.
El título del libro es un juego, un anagrama y un guiño a los tres hombres que compartían la vida de Duras cuando escribió la novela, en los años sesenta, dos amantes y un amigo: Antelme, Des Forêts y Mascolo (Andesmas).
“Es una especie de relato cifrado y, a la vez, de experimento de escritura, impresión que confirman también las severas condiciones tanto de estilización de la trama como de complejidad de la técnica narrativa”, subraya la traductora.
En cuanto a la narración, Amelia Gamoneda precisa que “tiene toda la sensibilidad discursiva de su temática y sus peculiaridades narrativas; pero es un libro discordante en el conjunto de la obra de su obra”.
Comparte con otras narraciones coetáneas de Duras, como Las diez y media de una noche de verano o Los caballitos de Tarquinia, “la explosión de particulares estados de pasividad que a veces rozan lo patológico”, señala la traductora en el prólogo.
Casi siempre lo que se escribe es autobiográfico, de alguna manera. Se escrbie lo que se conoce más, incluyendo emociones. O principalmente emociones. La vida es así. A veces se encubre ligera o totalmente la vida personal, novelando lo que se escribe o cambiando los nombres de los personajes. Las personas que conocen de cerca a un escritor pueden leer entre líneas, los sucesos que incluso se vivieron juntos o se esta describiendo un pasaje compartido con uno.
ResponderEliminarGenial novela El Amante, única. Es la única obra suya que he leido. Me quedó esa apetencia por más. Consideraré leer La siesta de M. Andesmas cuando pueda conseguirse acá.
ResponderEliminarEn El Amante Marguerite consiguió fundir la literatura con el mundo real. Se sabe que ella era la misma protagonista de la novela. Nos hace partícipes de intensos sentimientos. Una maravilla! Como bien dice Julio, es algo que los que escriben hacen. En su obra dejan algo de si mismos...siempre.