lunes, 10 de enero de 2011

Amores cibernéticos, mi caso.

Por una cuestión de principios éticos he rechazado varias veces sostener una relación amorosa por internet. Haciendo la aclaración de inmediato que se ha tratado de casos en donde la dama es una perfecta desconocida para mi. No digo que eso no pueda ser un posible camino de la seducción, inclusive sé de parejas que se han conocido así y hasta se han casado. Los caminos del amor y de la seducción, afortunadamente, son infinitos.

El caso que quiero relatar ahora es el romance que sostuve por cuatro meses con Aura Marina, una chica mexicana, periodista y economista, que labora en el mismo diario que yo contribuí a fundar en 1984, La Jornada, y que ahí la conocí hace 20 años. Después de mi paso por el periódico como funcionario del mismo, dejé de ver a Aura Marina muchos años, hasta que en septiembre del año pasado ella me descubrió casualmente en el facebook y decidió comunicarse conmigo, y de ahí nació la idea de esta relación amorosa.

Es decir, si había un conocimiento mutuo, desactualizado si, pero nos dimos la oportunidad de ponernos al día en nuestras historias de vida. Pese a ello, logramos establecer una relación amorosa y un compromiso de formar una pareja duradera.

En los últimos veinte años, y un poco más, mi vida sentimental ha sido prolífica en relaciones permanentes con distintas parejas, pero no es correcto mencionar el número de ellas, no solamente porque los caballeros no tenemos memoria, sino porque la estadística no importa mucho, para este caso.

Mi idea de iniciar algo con Aura Marina, algo que fuera serio y permanente, era el deseo de ensayar una nueva fórmula o esquema amoroso de pareja. Lo que yo denomino: "el amor maduro".

Ella siempre estuvo de acuerdo con mis ideas teóricas, y muy dispuesta a llevarlas a la práctica junto a mi. Lo que yo le planteé desde el principio fue una relación basada en los criterios de honradez, libertad, cooperación, solidaridad y franqueza. Estuvo de conforme con esos criterios y así empezó la relación a caminar a la distancia.

Yo siempre he radicado en la ciudad de México, con algunos intervalos en el extranjero, como es el caso actual en que me encuentro temporalmente en la ciudad de Guatemala, la tierra de mis ancestros, para restablecerme de los efectos nocivos de la radio y la quimioterapia que me aplicaron para erradicar un cáncer en la próstata.

Aura Marina vive en la ciudad de México y sigue trabajando para el mismo periódico del cual salí hace muchos años. Mi propósito era, originalmente, llegar el próximo mes de febrero a la casa de ella y empezar una relación en vivo, real, que nos permitiera a ambos realizar una evaluación in situ del otro. Y de ahí obtener un acuerdo o contrato de convivencia por un cierto tiempo, y renovable, por supuesto.

Ella prometió visitarme en Guatemala, el pasado mes de diciembre, lo que cual fue imposible de lograr, ya que son fechas saturadas en las cuales millones de guatemaltecos retornan a su patria para celebrar las fiestas navideñas. Aura Marina no tenía pasaporte, y mucho menos una reservación anticipada de un boleto de avión para esas fechas. Total que no se pudo concretar esa visita que era clave en la relación, porque era nuestro primer encuentro real.

La decepción y la frustración de ese viaje prometido y cancelado a última hora, hicieron que me decepcionara de todo. Dejé de creer en sus promesas, que es algo muy importante en toda relación, y es la credibilidad en la pareja.

Aura Marina labora demasiadas horas al día, porque está empleada en dos centros de trabajo. Vive para trabajar y no tiene tiempo disponible ni para ella y mucho menos para atender una relación tan demandante como la nuestra.

Ella desaparecía largas horas, donde no era posible localizarla ni por el teléfono móvil, ni por el fijo, ni por el correo electrónico. Eso me angustiaba mucho, quería escuchar su voz y no lo podía conseguir casi nunca.

La relación empezó a entrar en un bache complicado, ella sin tiempo para mi, y yo demandando más atención, eso hizo crisis de inmediato.

La gota que derramó el vaso fue algo simple.

Pensaba que como era mi novia podía yo perfectamente creer que podía llegar a su departamento en la ciudad de méxico y alojarme ahí con ella, algunos días, sabiendo ella que no dispongo de una casa en la ciudad de México todavía. La respuesta fue un rotundo NO.

Entonces, las ideas acerca de nuestra relación era todas ficticias e irreales. Estaban sostenidas por hilos muy delgados y frágiles.

Así que mi visita a México, sin tener un lugar donde llegar a pernoctar, perdió sentido absolutamente.

Y ponía en riesgo total la relación de pareja con Aura Marina, como sucedió efectivamente.

Yo dispuse que en vista de que las cosas eran poco claras entre ella y yo, dispuse abrir un compás de espera, hasta que nos pudieramos encontrar frente a frente y poder discutir las cosas nuestras.

Para mi era importante darme de baja como su pareja para que dejara ella de sentirse presionada por mi presencia lejana y por mis demandas de alojamiento, que estaban de plano canceladas.

Todos los planes de la boda tuvieron que suspenderse en forma definitiva, porque no eran tiempos propicios para ello, cuando ni siquiera ella podía alojarme en su casa siendo yo el novio.

Así termina esta historia que comenzó en forma linda y hermosa, y muy prometedora, y que acabó en un naufragio total, peor que el del Titánic. Nadie se salvó.

Epílogo: Iré a México en fecha próxima para conocer a la verdadera Aura Marina, y saber de primera mano quién es esa mujer que osó rechazarme de fea manera.

La historia continuará...

2 comentarios:

  1. Bolívar:
    Te transcribo a continuación un artículo mío de "Follarismos" que apareció publicado el 03 de enero del 2009:

    Amores virtuales

    Raúl de la Horra / Follarismos

    La ventaja del papel sobre la realidad es que aguanta con todo. El papel constituye la pantalla más poderosa que hay para convertir las palabras en realidades subjetivas, en vivencias experimentadas internamente como verdades. De allí la potencia inaudita que tiene el chat escrito en Internet, pues en esa pantalla que hace de papel, uno es capaz de construir universos virtuales que desafían las leyes de la realidad y la cordura.

    Viene esto al caso, porque he conocido a varias personas que se enamoraron por chat, es decir, empezaron a intercambiarse propósitos cada vez más íntimos que potencializaban en ellos el deseo del encuentro. Y cuando éste se dio, a menudo fue un fiasco: la realidad social, la realidad de los cuerpos, la realidad de los gestos más allá de las palabras, vino a despedazar el castillo que se había construido palabra a palabra, frase a frase, cuento a cuento.

    Y es que a menudo, liberadas de las cadenas de lo material, las palabras nos invitan a vivir en imaginación, y a compartirlo, el ideal de lo que quisiéramos ser o hacer. De allí su fuerza y su peligro, pues esas conversaciones suelen catapultarnos a un mundo sin barreras ni autocensuras. Es lo que sucede también cuando se leen novelas (de allí su alto poder sugestivo): la mente da forma a lo leído y uno se hace su propia película. Pero luego viene el escenario de la realidad con sus hechos concretos, y descubrimos apesarados el abismo que había entre la representación y lo representado.

    ¡Qué rápido se engaña uno a sí mismo cuando faltan los elementos que deberían sostener el discurso: el gesto, la mirada, el contexto! Pero el imaginario aguanta tanto como el papel y es así como andamos por la vida, enamorándonos locamente y confundiendo deseos con realidades.

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  2. Yo quiero conocerte cuando vengas a México :D!

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