viernes, 14 de enero de 2011

Aura Marina, el amor perverso.

Aura Marina es muy aficionada a las maquinaciones truculentas. Le encanta experimentar los juegos perversos, como los de fingir el enamoramiento y hasta aparentar que está locamente apasionada por alguien. Lo increíble de esta historia, es que la abogada Rivera, por su trabajo de litigar casos complicados y enredados, ella también ha incorporado a su existencia, y a su vida privada, un estilo retorcido derivado de su práctica profesional.

Por su paranoia permanente, en su trabajo nunca deja datos de su ubicación durante el día, siente que la persiguen todo el tiempo, nunca realiza las mismas rutinas de transitar las mismas calles o rutas de su casa al trabajo. Come en lugares distintos cada día; y nunca da la espalda a la puerta de entrada, siempre está alerta, vigilando los movimientos de las personas que están a su alrededor, tanto en la calle como en los sitios que frecuenta de vez en cuando por motivos de trabajo.

Aura Marina sufre el acoso imaginario de enemigos ficticios. No descansa nunca, siempre hay algún motivo de preocupación para amrgarse la vida.

En las largas conversaciones nocturnas que teníamos frecuentemente al principio de la relación, yo la notaba tensa, irritada, malhumorada, ríspida en el trato, a veces hasta grosera o majadera. Se lo hacía notar, y más se enojaba conmigo. Lo único que deseaba era ayudarla a resolver sus asuntos y problemas, con ideas o comentarios, le exigía que me dijera qué le sucedía, y el silencio era su respuesta común.

Yo me enamoré de su escritura más que de su persona, ya que a mi me seduce más la inteligencia que la belleza física, pero tarde descubrí que su inteligencia era perversa.

Reconozco mi error de haber aceptado la invitación inicial de una perfecta desconocida y enferma, que me solicitó tener una relación amorosa de carácter virtual. Yo nunca había experimentada nada igual y decidí aventurarme a lo desconocido. La propuesta era atractiva. ¿Qué podía pasarme?

Al principio la relación se estableció a través de correos electrónicos, frecuentes, y después yo le planteé que utilizaramos el sistema del Skype, que además de ser barato nos permitiría vernos a través de la cámara. Y asi fue como pude conocerla físicamente y dárme cuenta del sitio donde decía vivir.

Tuvimos varias sesiones de conferencias con el Skype, fueron algunas agradables y otras abominables. Ella tenía la costumbre de hacer varias cosas a la vez mientras conversaba conmigo, o lavaba ropa, o comía enfrente de mi, o chateaba simultáneamente con otras personas. Era espantoso el querer conversar amenamente y ella en la distracción total. A muchas preguntas mías, las respuestas las evadió francamente con argumentos inverosímiles.

La opacidad, la oscuridad, y lo tortuoso de su ser, eran sus características. Y yo que deseaba encontrar en ella a un ser de luz, me topé de frente con la realidad opuesta.

Siempre abrigué temores acerca de nuestra futura boda, siempre tuve la sensación de que me casaría con una extraña mujer, pero que podríamos superar esas desconfianzas suyas y mías con amor y ternura.

El tiempo avanzaba pero no el conocimiento de su persona. En la desesperación que me invadió por su cerrazón y misteriosa conducta, le pedía insistentemente que me dijera quién era ella en realidad y qué quería de mi y de la relación. El silencio total fue la respuesta.

Yo hace algunas semanas previas al rompimiento, decidí que no me casaría con ella jamás, y que se lo habría de decir en la próxima conferencia vía Skype, cosa que nunca sucedió ya.

Hoy me siento aliviado de haberme sacudido a un ser misterioso y perverso, que jugó conmigo porque yo lo permití, aunque fuera en el terreno virtual. El daño está hecho de cualquier modo. Encontraré las formas adecuadas para recobrar mi salud mental alterada por la relación de cuatro meses exactos con la indescriptible Aura Marina.

La solidaridad de mis amigas ha sido algo maravillosa para mi. Sigo creyendo en el amor y en la pareja madura...

No hay comentarios:

Publicar un comentario