miércoles, 12 de enero de 2011

Aura Marina, la esfinge muda.

Desde que me descubrió Aura Marina en el facebook, y hace muchos años en el periódico La Jornada, siempre ha existido una especie de atracción fatal entre nosotros. Pese a su conservadora manera de vestir, como abogada clásica: traje sastre gris Oxford, blusa blanca de seda, zapatos de tacón alto de charol, y la elegante bolsa de mano de Dolce&Gabbana, y discretas joyas de plata y oro. Ella siempre ha tenido una actitud seductora dentro de su aparente rigidez moral.

Aura Marina no es capaz de ponerse una blusa escotada, pese a que tiene un busto generoso, más su estilo es un tanto aseñorada ,o monjil diría yo, cubierta hasta el cuello y hasta el tobillo también. Quizá eso la hace aparecer más provocadora, más antojable a los deseos de los hombres con los que trabaja en el despacho de abogados.

Ella nunca se atrevió a embarazarse, porque no quería truncar su ascendente carrera profesional en el despacho de abogados más prestigioso de la Ciudad de México, y eso de tener hijos, decía ella: "es una verdadera chinga para la mujer que trabaja". Por lo mismo, tampoco se casó, porque sus prometidos le exigían un hijo a fuerza, así era la costumbre en su época de jovencita. Aura Marina se opuso a la maternidad y por consiguiente también al matrimonioo, era otra carga insoportable para una mujer trabajadora como ella.

Hoy a sus 47 años cumplidos, al menos quería probar eso del matrimonio, porque el tema de los hijos ya se canceló hace mucho tiempo, por una menopausia precoz. Se ilusionó cuando me mostré dispuesto a casarme con ella, inclusive por el rito religioso que practica su familia materna. Son cristianos.

Yo he sido un hombre curioso, y por ello me he casado por diversos ritos religiosos, hasta por el rito prehispánico de los antiguos meshicas del Valle del Anáhuac. He soportado largos discursos de pastores, sacerdotes, shamanes, rabinos, con tal de agradar a mis esposas.

Esta ocasión iba a ser diferente, nos habían dicho que sería una especie de bautizo en un río, porque así nos ibamos a purificar en las aguas del río Tuxpan. En fin, eso quedó como idea nada más, afortunadamente, porque el río Tuxpan es uno de los más contaminados de todo México. !! De la que me salvé ¡¡

Los preparativos de la boda los estaba haciendo desde Guatemala, y ella se estaba ocupando de las cosas de su iglesia cristiana allá en México.

La logística de la boda la llevaba yo, lista de invitados, negociar con el de los banquetes nupciales, los fotógrafos, el conjunto musical, las damas de honor, los pajecitos, la luna de miel, etcétera.

Como las bodas posmodernas son verdaderas "producciones", como si se tratara de una representación teatral, debe haber un director de escena, técnicos en iluminación, sonido, vestuario, etcétera. Eso cuesta una fortuna, pero consideraba que Aura Marina se merecía ese enorme gasto por ser su primera vez.

La dicha y la felicidad ante tal acontecimiento nos consumía a los dos mucho tiempo para conversar cada asunto, siempre invertíamos varias horas al día para ponernos de acuerdo en todos los detalles, y lograbamos conciliar intereses de ambas familias.

Hasta que llegó el día fatídico. Aura Marina enmudeció para siempre. La chica entusiasta, positiva, alegre, llena de ideas novedosas que deseaba realizar en la boda, se esfumó por arte de magia.

Ya no quiso contestar mis insistentes llamados telefónicos, ni los cientos de correos electrónicos que le escribía en forma desesperada ante su misterioso silencio total.

¿Qué sucedió? Nunca lo sabré. Mi desconcierto es mayúsculo, no porque hubiera invertido grandes capitales en preparar la boda, sino porque ella desapareció sin dejar rastro de su existencia.

He hecho algunos esfuerzos por tratar de establecer una comunicación con ella, y todo ha sido infructuoso para mi.

Las dudas y las hipótesis vuelan por mi cabeza a toda velocidad, no quiero atormentarme más con eso, es inútil querer establecer a la distancia los porqués de su actitud, simplemente dejaremos que el tiempo ponga las cosas en su sitio.

Me suena más la hipótesis, o la posibilidad, de un amante oculto. Porque de pronto desaparecía horas y horas enteras durante el día , o bien días completos que nos sabía nada de ella y su paradero, sin mediar ninguna explicación verosimil.

A todos los interrogatorios a los que la sometí, en mi desesperación de amante traicionado, no pude sacarle ni media palabra. Fue una esfinge...muda.

1 comentario:

  1. Qué rayos, parece mi historia (la que viviría si continuara viviendo bajo algunos parámetros) :S pero yo no tengo 47 aun. Me encantó la parte en que hablas de salvarte de un bautizo en el Río Tuxpan, no paro de reir! Un beso

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