jueves, 5 de mayo de 2011

La Bailarina/cuento corto.

LA BAILARINA

Por Juan José Lara


Anita se llamaba; procedía de un padre codicioso y una madre de moral laxa. Su personalidad
histriónica en ciernes, fue evidente como a los once años, cuando en los concursos de declamación,
oratoria, canto y, todo lo que significaba protagonismo barato, participaba completamente
desinhibida.

Durante algùn tiempo no supe sobre ella. Hasta el día inusitado, cuando tropecé en la pàgina de un
periódico de gran circulación, con un anuncio de grandes dimensiones con
una foto suya, participando de su llegada triunfal como una famosa bailarina.

La última vez que había tenido noticias suyas, fue cuando desde el oriente del país al viajar
a Quetzaltenango, pernocté en la capital. Con unos amigos para acortar el tiempo de espera de
la hora de partida, fuimos al renombrado cabaret de la época llamado “Casa Blanca”. Cuando la
reconocí entre las bailarinas, ella me llegó a saludar y, me dijo casi en secreto:
-Aquí no me llamo Anita, puedes llamarme Lina Woman.

Por eso cuando vi el anuncio de su llegada del extranjero, no me resistí air a verla. Le dije a un
par de amigos que me acompañaran. A uno de ellos no me resultó difícil de convencer, porque
se alborozó mucho con el acontecimiento, ya que junto a mi otro invitado siempre intimaron con
ella mejor que yo.

El segundo: Alex se resistió a ir hasta el ultimo momento. El caso es que sus padres tenían una
moral pacata y, para colmo de males, lo mandaron a un colegio de religiosos fundamentalistas.
Temía que al verlo Anita, quien siempre a la menor oportunidad solìa provocarlo, cometiera
uno de esos deslices en publico. Ademàs no querìa tener un disgusto con su novia.

Finalmente Alex fue con mi amigo y yo, pero tal como sus miedos previan, Anita se derritió en
halagos al verlo. La verdad es que esa noche, mi impávido amigo despareció junto a la bailarina, con
el chofer y la limusina en la cual había arribado la supuesta diva.

Ni que decir del escándalo de su familia, al no saber de él durante tres días. Cuando lo volví a ver
no quiso contar detalles sobre su misteriosa huida. Solo quedaron como cauda de aquel suceso, la
ruptura con la novia y, sin que lo pudiera evitar, el sobrenombre de soldadito de plomo, por aquel
enamorado de la bailarina.

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