miércoles, 30 de marzo de 2011

Niñas modelo, la polémica.

Carine Roitfeld y el diseñador Tom Ford, los editores de Vogue París, parecen no tener límites. En una búsqueda frenética por el impacto –y el consecuente aumento en las ventas- han sido capaces de todo. Y más. Ésta es su última jugada.


En el número de diciembre/enero 2011 de la revista aparecen ellas, Thylane, Lea y Prune. Son chicas, nenas. La más grande tiene 8 años; las otras dos, menos. Lejos de la inocencia y la frescura de la infancia, se las ve sexys, misteriosas, intentando parecer grandes. Eso, precisamente, es lo que choca de las fotos captadas por la lente de la artista Sharif Hamza: posiciones, cuerpos, entornos glamorosos y miradas adultas en la piel de niñas.

Maquilladas en exceso y con peinados altos, en vez de jugar a vestir a sus Barbies son ellas las que lucen prendas de Versace, Gucci y Saint Laurent. Todo engalanado con joyas de Cartier, Boucheron, Bvlgari y Van Cleef&Arpels e increíbles y altísimos stilettos de Balmain y Christian Louboutin.

La polémica no tardó en instalarse y en pocas horas las imágenes dieron vuelta al mundo. ¿Qué busca la producción además de este escándalo? No queda claro. Para algunos es una nota más que se destaca por la calidad y la belleza de las tomas de la fotógrafa. Para otros, refleja la obsesión del universo fashion por la juventud, las lolitas y los cuerpos mínimos. El que fue más lejos en esta discusión fue el reconocido ilustrador Alexsandro Palombo. Duro en sus crÍticas, afirmó que este es “es el regalo ideal para los pedófilos”.

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