domingo, 27 de marzo de 2011

Las monjas y las jóvenes embarazadas.

Las monjas les lavaban el cerebro a las chicas. Les decían que era una deshonra tener un niño siendo soltera. Y les prometían trabajo. Yo siempre pensé que ahí había algo oscuro". María Pilar Angelines Fuertes Sánchez, hoy es ATS en una prisión vasca, pero muchos años atrás fue religiosa de la congregación de las Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús. Entre 1981 y 1984 estuvo haciendo una suplencia en el nido de la clínica Nuestra Señora de Loreto, en Madrid. "Quisiera ayudar con mi pequeña aportación por si sirve para algo", explica. En ese sanatorio nacieron el príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina.

"A esa clínica acudían muchísimas jóvenes acompañadas de unas religiosas que, según decían estas, no querían hacerse cargo de sus bebés. Nos decían que teníamos que colocarlas aparte, separadas de las otras madres y del nido, para que no oyeran el llanto de los niños y se echaran atrás [a la hora de entregar el bebé]". "Cuando daban a luz, aparecían los padres adoptivos. Era gente pudiente. Cuando se llevaban a los niños, se les veía muy contentos y los vestían con ropas caras".

A María Pilar y a otros trabajadores se les había ordenado que no hablaran con las jóvenes embarazadas que las monjas llevaban a la clínica para dar a luz y entregar a sus hijos a otras familias. También se les había dicho que los padres adoptivos abonarían los gastos del parto y de la clínica hasta que las parturientas fuesen dadas de alta.

"Yo sé que uno de aquellos niños fue entregado al hermano de sor Pura, que era la jefe de enfermeras del sanatorio. Otro bebé fue dado a una familia de Canarias, que regaló al personal del nido unos cartones de tabaco procedentes de esas islas", detalla.

Esta exreligiosa no ha olvidado cómo las monjas más antiguas comentaban que a aquellos niños se les inscribía en los registros como si fueran hijos biológicos de las mujeres a las que se los daban en adopción.

Pero el conocimiento de María Pilar sobre este presunto tráfico de bebés arranca de muchos años antes. Porque en 1958, siendo una novicia de solo 16 años, fue enviada a Óbidos (Portugal) y allí fue testigo de hechos similares. "Vi cómo una niña era dada en adopción a un matrimonio de Quart de Poblet (Valencia), a la que pusieron el nombre de Asunción en honor a la fundadora de la congregación de religiosas que la entregó. También recuerdo a otras dos niñas hermanas, una de dos años y la otra de tres. Fueron dadas en adopción a dos familias de Valencia, y separadas".

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