jueves, 4 de noviembre de 2010

Los apellidos paternos, marcan el linaje.

Cambiar por Ley la prevalencia del apellido paterno en los hijos, no es un asunto menor y sin importancia, se está hablando de una revolución social en el sentido más amplio del término.

Me parece que como antropólogo puedo advertir serias dificultades en este nuevo ordenamiento mediante el cual el recién nacido puede tener en primer lugar el apellido materno y después el paterno, por decisión convenida entre los progenitores.

Casi por regla general en el mundo contemporáneo los linajes se forman por la línea masculina, son sistemas patriarcales; aunque existen algunos sistemas de parentesco que se denominan matriarcales, donde los tíos maternos ejercen como padres de esos críos que en la realidad son sus sobrinos.

Todo el andamiaje del patriarcado se sustenta en el poder del hombre, en el control del grupo familiar, y en la vigilancia estricta de sus reglas.

Además, los linajes patriarcales se constituyeron para reconocer la descendencia por la vía paterna solamente.

Lo más importante estriba en que esos sistemas de parentesco tradicionales, sirvieron para poder trasmitir los bienes, para heredar patrimonios solo a aquellos que se reconocen con el apellido paterno. Este es el meollo de la cuestión que ahora se debatirá con la entrada en vigor de la nueva Ley; romper el esquema tradicional y "funcional", llevará muchos años para poder ser implantado a cabalidad.

El país, nos entrega esta situación polémica por decir lo menos.
Se acabó la prevalencia de los apellidos del hombre sobre los de la mujer. El proyecto de ley de Registro Civil determina que los padres deberán especificar qué apellidos lleva su hijo. Ya no se dará por supuesto que priman los del varón.

Si la pareja no se pone de acuerdo o no precisa nada, los apellidos del bebé se decidirán por orden alfabético. La nueva ley, aprobada en Consejo de Ministros el pasado julio y que inicia ahora su trámite parlamentario, pretende incorporar el principio de igualdad también al simbolismo que suponen socialmente los apellidos. También facilitará su modificación e incluso contempla el caso especial, y por procedimiento urgente, para víctimas de la violencia familiar.

La norma agiliza el cambio de apellido para víctimas de violencia doméstica
Hasta ahora (desde 1999) una modificación en el reglamento de la actual ley -de 1957-permitía a los padres decidir el orden de los apellidos de los hijos; si no había acuerdo primaba el del padre. Siempre. También si no se especificaba claramente lo contrario. Alterar después el orden de los apellidos podía suponer, además, un auténtico calvario burocrático. Algo que la nueva ley también pretende flexibilizar. "Se facilitará la modificación de los apellidos siempre que sea por causas justificadas, y teniendo en cuenta que los apellidos son elementos de identificación de la persona".

Con la norma actual, se puede solicitar el cambio tramitando un expediente ante el Registro Civil o el Ministerio de Justicia solo en unos pocos casos. Las modificaciones, además, son complicadísimas. Mónica Castellanos lo ha experimentado. Hace un año tuvo una hija. Su deseo y el de su pareja es que llevara sus apellidos primero. Todavía no lo han logrado. "Mi marido fue a inscribir al registro a la nena y le dijeron que por ley, para cambiar el orden debía presentarme yo en persona", cuenta por teléfono. Como no pudo hacerlo porque se estaba recuperando del parto, se impusieron los apellidos paternos. "Cambiarlos está resultando dificilísimo", se queja esta mujer, quien afirma que la ley actual discrimina a las mujeres.

Para alterar el orden de los apellidos de su hija, Castellanos -que ha interpuesto varios recursos de queja- debe esperar cinco años para solicitar la modificación por el llamado "sistema de uso y costumbre". Es decir, deberá alegar que por costumbre su hija utiliza en primer lugar sus apellidos. Para ello, siempre que puede inscribe a la pequeña con el apellido Castellanos primero. "Es una forma de buscar pruebas que luego me sirvan para interponer la reclamación", explica. "Para otros puede suponer una tontería, pero para mí era muy importante que mi hija tuviera mis apellidos primero", afirma.

Los apellidos tienen un alto contenido simbólico. No hay que olvidar que hasta que se permitió la alteración de orden de los apellidos, tener un varón era la única manera de garantizar la continuidad y pervivencia del apellido. Sin embargo, se solicitan cambios o alteraciones en ellos no solo por estas cuestiones. O por el propio hábito de haber dejado de utilizar un apellido de uso común en aras de otro más llamativo o con el que uno se identifica más.

Se han dado casos de hijos de mujeres que han sido asesinadas por sus parejas que han buscado por todos los medios eliminar el rastro del maltratador, extirpando, incluso, sus apellidos. "Se impone el sentido común. Para algunas pesonas acciones como estas son importantísimas. Para algunos hijos de mujeres asesinadas o maltratadas es un auténtico drama llevar el apellido de ese hombre".

La decisión de dejar al orden alfabético la elección de los apellidos en caso de conflicto genera cierta polémica. Justicia sostiene que se ha buscado ese criterio como el más objetivo para que no prevalezca, y se fomente la igualdad, ni el apellido del padre ni el de la madre. Para ello, explica, se ha estudiado la legislación de otros países en los que se puede elegir el orden de los apellidos. En Alemania, por ejemplo, se lanza una moneda al aire para tomar la decisión, en caso de que los padres no se pongan de acuerdo.

Pero al margen de la intensidad de la reforma y sus consecuencias sociales, la nueva ley deja un fleco suelto en espera de un desarrollo normativo posterior: no reglamenta qué hacer con las mujeres solas que, en algunos registros, se siguen encontrando con la exigencia de cumplimentar el apartado del padre. Una norma que nació con la intención de evitar a los hijos el posible estigma de no tener padre conocido, planteamiento hoy en día superado.

El proyecto de ley sí regula claramente uno de los elementos discriminatorios que no recogió la reforma de la ley del 1957: la mención de hijos matrimoniales e hijos no matrimoniales. La norma que ahora inicia su trámite parlamentario no permitirá ninguna referencia al estado civil de los padres. "Con esto ahondamos en el tratamiento igualitario y adaptamos más la ley a los tiempos", dice una portavoz de Justicia.

Cambiar el orden de los apellidos de un individuo es algo que se antoja complicado, o eliminar uno de los apellidos, o cambiarse el nombre propio, pueden resultar trámites algo kafkianos. Inténtelo, y verá lo que le digo...

1 comentario:

  1. Yo intente cambiar el orden de mis apellidos y no lo logre por mas que lo intente, y fui a muchos lugares y abogados, esta ley permitirá que se haga este tramite? adnbrad@yahoo.com

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