viernes, 11 de marzo de 2011

Astor Piazzolla, el otro tango.

Astor Piazzolla I diota, eso es Piazzolla. Como el ¡¡¡Eureka!!! de Arquímedes o tal vez como el imperativo griego Conócete a ti mismo escrito en la puerta del templo de Apolo en Delfos, la compositora francesa Nadia Boulanger (1887-1979) gritó su gran descubrimiento en la cara del propio Astor. El lo cuenta así en una entrevista concedida en Chile en 1999: "'Usted me dice que no es pianista, ¿qué instrumento toca, entonces?'" Y yo no quería decirle que tocaba el bandoneón, porque pensaba 'Ahí ésta me tira por la ventana del cuarto piso con bandoneón y todo'. Finalmente se lo confesé y me hizo que le tocara unos compases de un tango mío.

De repente abre los ojos, me toma la mano y me dice: 'Pedazo de idiota, ¡esto es Piazzolla!'. Y agarré toda la música que había compuesto, diez años de mi vida, la tiré al diablo en dos segundos".

Sí, en toda vida hay un instante de revelación cuando uno comienza a creer en sí mismo. "Ella me enseñó a creer en Astor Piazzolla, a creer que mi música no era tan mala como yo pensaba. Pensé que era algo así como un pedazo de mierda porque tocaba tangos en un cabaret, pero yo tenía algo llamado estilo.

Sentí una especie de liberación del tanguero-vergüenza que era yo".

Por eso, tal vez no importe citar su fecha biológica de nacimiento, el 11 de marzo de 1921 en la ciudad de Mar del Plata, porque Piazzolla, el genio que revolucionó la música popular de Buenos Aires, nació aquel día de 1953 en París, después que Nadia pronunciara sus mágicas palabras.

Desde entonces, la música de Astor comenzó a provocar al sensible mundo del tango. La verdadera causa de ese desorden fue su identidad estética que rompió con la tradición tanguera apostada en el territorio rioplatense, al incorporar a su música complejidades rítmicas de otros géneros y de otras territorialidades aunque sin perder
"Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".

la esencia urbana que está en la naturaleza misma del tango. En síntesis, Piazzolla logró crear un nuevo territorio para expresar la música tradicional de Buenos Aires, mucho antes de que Martin Stokes -etnomusicólogo de la Universidad de Oxford- enunciara que el hecho musical evoca y organiza las memorias colectivas y presenta las experiencias de un lugar, con una intensidad, un poder y una simplicidad no igualada por ninguna otra actividad social. En ese sentido, Astor creó una nueva relación de identidad entre su música y el espacio urbano de la ciudad.

"Mi música es una música de cámara popular que viene del tango". Tal es la concepción textual de cómo Piazzolla definía su estilo. El secreto estaba en la audacia puesta en las armonías, en los ritmos, en los tempos, en los contrapuntos y en modo especial en la construcción musical fugada, proveniente del barroco, consistente en el desarrollo estructurado de temas superpuestos. "Mi audacia está en la armonía, en los ritmos, en los contratiempos, en el contrapunto de dos o tres instrumentos, que es hermoso, y buscar que no siempre sea tonal, buscar la atonalidad".

¡Qué lejano parecía entonces el tango tradicional que Buenos Aires veía languidecer en la década de 1950! Y cómo no iba despertar enconos y polémicas la música y las opiniones de Piazzolla. Qué porteño aceptaría dócilmente que sentenciara, como lo hizo en 1989: "El tango ya no existe. Existió hace muchos años atrás, hasta el '55, cuando Buenos Aires era una ciudad en que se vestía el tango, se caminaba el tango, se respiraba un perfume de tango en el aire. Pero hoy no. Hoy se respira más perfume de rock o de punk. El tango de ahora es sólo una imitación nostálgica y aburrida de aquella época".

Este contrapunto de opiniones desafiantes, terminó por darle trascendencia y repercusión en todo el mundo a la música de Astor y produjo el nacimiento de una generación de nuevos tangueros que producirían el milagro de la resurrección cuanto todo anunciaba la muerte del tango.

Pero la historia de Astor Piazzolla no podría comprenderse de modo cabal, sin una mirada biográfica porque su vida no fue la de un muchacho porteño, aquerenciado en alguna barriada marginal oyendo tangos desde la cuna. Astor creció oyendo otra música, el jazz, en un barrio pobre de Manhattan, en la calle St. Marks Place cuyos habitantes y costumbres en nada se parecían a los arrabales porteños.

Astor había nacido en Mar del Plata, el 11 de marzo de 1921, hijo de Vicente y Asunta Manetti. Su otro nombre, Pantaleón, lo recibió por su abuelo paterno, Pantaleone Piazzolla, marinero y pescador que había emigrado a la Argentina desde su Trani natal, una pequeña ciudad situada en la región de la Apulia, a orillas del Adriático.

La niñez de Astor transcurrió en Nueva York, donde su familia se radicara en busca de mejores horizontes cuando él tenía sólo 4 años.

Y en esa gran ciudad, tan lejos de su tierra, descubrió el lenguaje de la música, su amor eterno, como él mismo dijera: "La música es más que una mujer, porque de la mujer te podés divorciar, pero de la música, no. Una vez que te casás, es tu amor eterno, para toda la vida y te vas a la tumba con ella encima".

La música le llegó desde las misteriosas entrañas del bandoneón que le regalara su padre y que Astor aprendió a ejecutar tomando clases con Andrés D'Aquila, un músico argentino que fuera también maestro de Gabriel "Chula" Claussi. A los diez años realizó su primera grabación, Marionete Spagnol, un acetato no comercial, tomado en los estudios de Radio Recording de Nueva York el 30 de noviembre de 1931.

Dos años después inició estudios de piano con el maestro húngaro Bela Wilda, discípulo de Rachmaninoff, con quien descubrió a Bach, al mismo tiempo que conoció a Carlos Gardel, amigo de su familia, quien lo incluyó en el reparto de la película El día que me quieras en un breve papel de "canillita".

Me he preguntado muchas veces cuánto influyó la presencia de Gardel en la vida de Piazzolla. Aunque el mismo Astor confesara que su contacto con Gardel fue muy pasajero no eludió mencionar "el placer que tuve fue filmar con él algunas escenas de El día que me quieras y acompañarlo, en ciertas oportunidades, con el bandoneón que yo recién empezaba a estudiar.

Pero también acepta que para entender y amar a Gardel, uno tiene que haber pasado por Buenos Aires, conocer el mercado de Abasto, y yo sólo era un chico de trece años que vivía en New York".

Hasta aquí, esta historia neoyorquina no pareciera ser presagio de lo que ocurriría después, porque vuelta la familia a la Argentina en 1936, Astor y su bandoneón comenzaron a frecuentar el tango.

Piazzolla se deslumbró al escuchar, una tarde-noche en Mar del Plata, al Sexteto de Elvino Vardaro, el mejor violinista de toda la historia del tango pese a que fue "un artista casi secreto", según el acertado cuño del crítico Jorge Andrés.

En 1938, con sólo 18 años de edad, Astor se radicó en Buenos Aires y al año siguiente ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, su otro gran maestro. Pero Astor sigue ávido de encontrar otra música y ya en 1941 comenzó sus estudios musicales con Alberto Ginastera.

Son los años donde la goma de borrar de Pichuco quitó las audacias piazzollianas de los arreglos que Astor hacía para la orquesta, la que dejó finalmente en 1944, para seguir al cantor Francisco Fiorentino como director de la formación que lo acompañaría.

En 1946, Astor crea su primera formación no muy distinta de las convencionales de ese tiempo aunque sus orquestaciones y el desarrollo armónico que confiere a los temas, ya dan cuenta de un talento innovador. Ese mismo año compone El desbande. Durante tres años mantuvo esta orquesta que disolvió en 1949, casi apartándose del tango y del bandoneón.

Es allí donde comienza su búsqueda obsesiva de un nuevo estilo que aún no pudo definir. Sus obras despiertan perplejidad y rechazo; la presentación de Buenos Aires, Tres movimientos sinfónicos en la Facultad de Derecho tiene un escandaloso final. Pero al año siguiente viaja a París beneficiado por una beca del gobierno francés y ahí se produce su encuentro con Nadia Boulanger.

Nadia le abre su corazón y proclama, después de oírle ejecutar Triunfal, su gran descubrimiento: Idiota, esto es Piazzolla.

Por Ricardo Ostuni.

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