viernes, 31 de mayo de 2013

La terca recesión

La recesión no cede

La profundidad de la crisis desborda de nuevo las esperanzas de una pronta reactivación

Sería engañoso entender la tasa de crecimiento del primer trimestre de 2013 como la confirmación de una mejora significativa de la economía española. Es cierto que tras una contracción trimestral del 0,8% en los últimos tres meses de 2012, una del 0,5% representa un avance. Pero este periodo recesivo no va a desaparecer así como así. La evolución de los tres primeros meses implica dos evoluciones probables delicadas a corto plazo. La primera es que ya es prácticamente imposible que se cumpla la predicción de PIB del Gobierno (-1,3%). Para que eso sucediera, durante los tres trimestres restantes al menos dos deberían registrar una tasa cero de crecimiento; y el tercero tendría que presentar un crecimiento positivo. La probabilidad de que eso suceda es baja.
De hecho, un cálculo prudente indica que el cierre del PIB este año estará en torno al -1,6%. La cuestión es si, al menos, España ha acabado de tocar fondo y a partir de este momento se volverá paulatinamente a una senda de crecimiento, bajo primero y moderado después. En términos de probabilidad, es difícil que la evolución lógica de la economía durante 2014 alcance ese 0,5% de crecimiento que defiende el Gobierno. Casi todos los factores que influyen en la evolución del PIB son negativos, incluidos los de comercio exterior, un distante clavo ardiendo al que quiso agarrarse el Gobierno durante los últimos meses de 2012 y los primeros de este año.
Pero lo más doloroso de los números de Contabilidad Nacional importante hay que buscarlo en las proyecciones del mercado laboral. Si se confirma para este año una contracción del PIB en torno al 1,6%, eso implicaría un descenso aproximado del empleo del 4%. Más paro, más costes para el erario público y una presión acentuada para proceder a nuevos recortes sociales.
El dato de Contabilidad Nacional del primer trimestre indica, por supuesto, que estamos tres meses más cerca del final de la recesión; pero no despeja las dudas sobre cuándo se producirá este final con cierta precisión. Tampoco aclara la eficacia de las medidas adoptadas por el Gobierno que, por cierto, deberían ser evaluadas periódicamente para comprobar su grado de acierto. En todo caso, la persistencia tenaz de la recesión y, sobre todo, los costes que acarrea, es un nuevo motivo para contrastar la política económica con la realidad.

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