domingo, 26 de mayo de 2013

Rajoy tolera a Aznar

Rajoy aguanta el órdago de Aznar

El presidente exhibe su control del PP y del poder y deja solo a su mentor y exjefe

La ofensiva es seria, coinciden aznaristas y marianistas, pero sin peso orgánico real

Rajoy y Aznar se abrazan en el XVII Congrseo del PP en Sevilla, en 2012. / Julián Rojas

En agosto de 2003, cuando José María Aznar llamó a Mariano Rajoy a su despacho para designarle como sucesor, nunca imaginó que 10 años después estaría lanzando un órdago contra él. Siempre pensó, dicen los que le conocen, que podría controlar a su disciplinado vicepresidente. No fue así. Rajoy aguanta ahora el pulso de su mentor y recoge lo que sembró en estos 10 años, de forma discreta pero imparable: el control del PP, del poder regional, y ahora del Gobierno.
Prácticamente todos los dirigentes regionales, diputados, eurodiputados y por supuesto ministros están ahí porque Rajoy, que de eso sabe más que nadie —lleva casi 25 años en la cúpula— quiso que estuvieran. Con eso, sin necesidad de hablar, el presidente ha mostrado la enorme soledad de Aznar, analizan varios dirigentes. Y ha exhibido una vez más que poner a prueba su resistencia implica un fracaso casi seguro.
Rajoy es un hombre de poder. Tiene clarísima la jerarquía. Manda el que tiene el puesto. Y él lo tiene. Antes en el PP, donde eligió poco a poco a toda la cúpula regional —solo Madrid se le resiste—. Y ahora en La Moncloa, donde controla el Presupuesto y la legislación, lo que implica también influir sobre el poder económico.
Ministros y exministros, aznaristas y exaznaristas, barones regionales, dirigentes clave... Todos los consultados coinciden en algo: el órdago de Aznar ha caído muy mal en el PP aunque haya gustado mucho a una parte de la derecha en la calle y en los medios.
No está previsto que ningún ministro escuche mañana a Aznar, un gesto claro
Muchos creen que en plena crisis económica no es momento para debilitar al presidente. “Hay cierre de filas. Cuando se está atrás sentado en el coche no se molesta al conductor”, resume uno de los barones. “Los empresarios, los presidentes autonómicos, la gente de poder no está ahora como para hacer operaciones contra el Gobierno. Todos necesitan ayuda. Hay autonomías intervenidas. Empresarios y banqueros necesitan más que nunca el apoyo del Gobierno para salvar sus deudas. Les guste o no lo que hace Rajoy, nadie está en condiciones de montar una operación de derribo”, analiza otro.
Aznar ha cometido un grave error. Ha quedado como un desleal, anatema en el PP, pero, además, fuera de sitio. Los expertos dicen que para analizar un debate televisivo lo mejor es quitar el sonido, ver los gestos. Haz la prueba: quita la voz a la entrevista. Da miedo, es un tipo sin temple”, analiza una persona próxima a Rajoy.
Muchos creen que Aznar está muy molesto porque ni Rajoy ni el PP le han defendido del caso Gürtel. Pero hay más, señalan los aznaristas. Un deseo claro de influir en el PP, una enorme decepción política con Rajoy y la convicción de que hay que hacer reformas mucho más duras. “Muchos empresarios y gente próxima al PP llevan meses quedando con Aznar para llorarle, para decirle que así no vamos a ninguna parte”, analiza alguien próximo. “Hemos logrado evitar el rescate y superar lo peor, el precipicio de 2012, sin un estallido social de verdad, como en Grecia. Y eso es mérito de Rajoy. Aznar y otros quieren forzar la máquina, pero la paz social es un gran valor”, contesta un marianista.

Aznar trata de montarse así en la ola de presión a Rajoy en la que está Esperanza Aguirre —aunque últimamente sus relaciones con el expresidente no parecen buenas—, medios de comunicación conservadores y una parte del poder económico.
La ofensiva es seria, coinciden varios. “Aznar no es de amagar y no dar”, resume uno que le conoce bien. “Yo creo que solo quería dar un aldabonazo a las conciencias del PP y del Gobierno, se conformará con eso”, matiza otro.
El expresidente ha programado una serie de actos clave que mostrarán hasta dónde quiere llegar. El primero, mañana, la presentación de unos libros de FAES, en el Congreso. Un acto presidido por Jesús Posada, que estuvo durísimo con él el miércoles: “Las cosas se van para no volver”.
La indignación del marianismo es de tal calibre que ningún ministro tiene previsto acudir. Un gesto de hostilidad claro. Aunque los aznaristas confían en que alguno se anime al final para apaciguar la enorme tensión interna de estos días. “Espero que no nos obliguen a elegir entre dos lealtades”, señala un dirigente que fue fiel a Aznar y no quiere dejar de serlo pero también apoya a Rajoy.
Después de la presentación de mañana vendrá otro discurso en FAES el jueves, y el 10 de junio un esperado acto en el club Siglo XXI, presidido por Eduardo Zaplana, un aznarista que sin embargo fue muy amigo de Rajoy y uno de los que empujó para que él fuera el sucesor y no Rodrigo Rato. Una prueba más de que entre Aznar y Rajoy las lealtades se entrelazan. El presidente, de hecho, fue un fiel aznarista.
"Cuando se está atrás, no se molesta al conductor", dice un barón del PP
Para completar esta ronda, Aznar tendrá la primera semana de julio el Campus FAES que clausurará el 7 con el propio Rajoy, un encuentro anual siempre delicado y esta vez de alta tensión.
Pero entre una aparición y otra, Aznar viaja constantemente. Nada más terminar la entrevista en Antena 3 se fue a EE UU. Esta semana tiene otra cita en Hungría. Y se dedica a sus negocios, como su reciente fichaje por el bufete al que su Gobierno contrató en 2003 para que le dieran una medalla en EE UU. Eso, explican muchos, le inhabilita como alternativa. No está, no se mueve, no llama. “La política no se hace en la tele, se hace moviendo a gente”, sentencia otro dirigente.
Hay un malestar de fondo casi personal, que tiene que ver con la historia reciente. “El PP es un partido monolítico. Él lo hizo así. Aznar y Francisco Álvarez Cascos lograron, machacando a los veteranos de la derecha, un partido cuasi militar. Le apoyamos en todo. Llegamos incluso a votar en urna en el Congreso todos a favor de la guerra. De su guerra. Fue una exhibición de unidad. Lo hicimos por disciplina, a mucha gente le parecía un despropósito. Y nadie dijo nada cuando montó esa locura de boda de su hija. Le aguantamos todo. Decidió el sucesor que quiso, sin que nadie le tosiera. ¿Y ahora viene a darnos lecciones? Rajoy, que fue fiel, no se merece esto”, resume un veterano. Rajoy nunca ha hablado mal de su mentor en público, ni siquiera ahora, y en privado aún le llama “presidente”, y no por su nombre.
Su influencia internacional se diluye también: Bush, Blair... están fuera
Otros creen que Aznar puede ser un referente para la militancia, pero en los cuadros, ya muy renovados, no es ni la sombra de lo que fue. “Si se presentara ahora a un congreso no sacaría ni los avales. La política es así, si te vas, te vas. Además, Aznar nunca cayó bien. Se le temía más que se le admiraba”, dice uno. “¿Qué se cree, De Gaulle?”, se indigna otro al recordar el regreso del general francés, aunque en circunstancias muy distintas a las españolas.
Muchos ven a Aznar fuera de la realidad del PP, demasiado solo, anclado en esa nostalgia de la que hablaba Cristóbal Montoro, otro exaznarista. Uno de ellos da un dato. El mismo día de la entrevista visitó España Bill Clinton. Se vio con Rajoy y con Zapatero. No con Aznar. Su gente, los Bush, Blair, algunos presidentes latinoamericanos, van saliendo del poder. Su influencia internacional también se diluye. Y él no se adapta a su nuevo estatus, explican. “España jubila a sus políticos muy pronto. Es un derroche. Aznar es joven y le cuesta mucho más adaptarse. A Felipe González también le costó. Pero ya parece mucho más sereno”, resume otro.
Rajoy nunca habla mal de su mentor. Y en privado aún le llama presidente
Rajoy ahora es imbatible, coinciden casi todos. “Fenomenal, aceptemos que tiene razón Aznar. ¿Y qué hacemos? ¿Cuál es el paso siguiente? ¿Adónde vamos? ¿Cómo se provoca un congreso en el PP? No se puede. Si el Gobierno estuviera en descomposición... Pero no lo está. Rajoy tiene mayoría absoluta, controla el partido y todos los resortes del poder”, analiza un dirigente.
La situación económica es la clave, coinciden casi todos. Y dará la pauta. Los marianistas creen que empezará a haber datos positivos y el ataque de Aznar se diluirá. En mayo las cifras de afiliación a la Seguridad Social van muy bien, señalan. Si se encadenan cinco meses la economía se animará.
Pero otros creen que hay que esperar para ver cómo acaba esta batalla. “Todo el mundo está expectante, confiando en que la economía despegue. Las grandes empresas ven que la financiación está mejorando. Pero si a finales de año no empieza a levantar, habrá muchos nervios”, augura uno. “Aznar no va a lanzarse ahora a nada. Está midiendo. Rajoy está fuerte. Pero si la economía no mejora, si hay que hacer un segundo rescate a los bancos como se teme, todo puede pasar. Rajoy controla el aparato, pero si la calle te pasa por encima no hay aparato que valga. Esta historia no ha acabado”, analiza otro. Está claro que el primer órdago lo ha ganado Rajoy, el resistente, apenas sin moverse. No está claro si habrá un segundo. Pero nadie lo descarta.

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