viernes, 18 de febrero de 2011

El ballet, una obsesión.

Dicen todos los pronósticos que en poco más de una semana se incorporará al selecto grupo de las actrices que han ganado un Oscar. Es que si algo queda claro al ver Cisne negro es que Natalie Portman ha logrado transformarse físicamente en la bailarina neurótica, obsesiva y con serios problemas de autoestima que convierte el filme de Darren Aronofsky en uno de los mejores estudios cinematográficos que se han hecho sobre el arte del ballet.

Si todas las asociaciones de críticos han consagrado a Portman como la actriz del momento, ha sido porque desaparecer en la pantalla para dar paso a su Nina requirió un año de intenso trabajo previo.

¿Encontró alguna forma para conseguir ese aspecto de bailarina clásica?
Hay ciertas cosas que uno puede hacer, como ponerse unas almohadillas de gel o de lana en los tobillos pero las verdaderas bailarinas no hacen nada de eso. Ellas dicen que les gusta sentir el piso, por lo que hay una cierta cultura de aceptar el dolor que es parte de su arte. Lo mismo me pasó a mí.

Muchas bailarinas viven sólo para su arte...
Es cierto. Algo que me pareció muy interesante mientras hacía mi investigación para este papel leyendo las biografías de bailarinas como Suzanne Farrell y Allegra Kent, descubrí que todas tienen una relación cuasi religiosa con la danza, de la misma manera que una monja siente que está casada con Dios. Yo creo que uno puede ser un gran artista sin estar casado con tu arte, pero en el ballet me parece que hay una naturaleza mucho más religiosa que en otras disciplinas, que en otras artes.

Este parece el personaje más intenso de toda su carrera. ¿Lograba desconectar después del rodaje?

La verdad es que no me gusta llevarme el personaje a mi casa. Prefiero ser una persona normal una vez que me voy del plató y dejar el trabajo en el trabajo pero en este filme me resultó mas difícil de lograr.

No es que me fuera a mi casa ymepusiese a rascar frenéticamente, pero definitivamente me llevaba un rato sacarme a Nina de la cabeza. Además, mientras rodábamos, no era un plató divertido.Muchas veces cuando estás rodando una película muy dramática te la pasas haciendo bromas para sacarte de encima la energía negativa, pero en este caso no teníamos margen para nada. No teníamos dinero ni tiempo para malgastar, y cada escena era importante, por lo que para Darren y para mi fue como estar en el ejército.

Su trabajo, además, no concluía con el rodaje, ¿no es así?
Exactamente. Me entrenaba antes y después de rodar. Antes de ir al plató tenía que hacer mi entrenamiento en ballet, ir a nadar y hacer un buen rato de gimnasia para mantener un cuerpo que pareciera el de una bailarina. Durante todo el rodaje dormía cinco horas.

¿Sus estudios en psicología le ayudaron en la película?
Sí, desde luego. Un buen número de personas muy exitosas y muy productivas son obsesivos compulsivos por la disciplina que tienen y su capacidad para compartimentar. Suelen ser muy precisos, pero tienen serios problemas. Lo positivo es que son capaces de practicar algo hasta que les sale perfecto, y eso es lo que les lleva a ser virtuosos.

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