Con la cantidad de oferta que hay (y tan buena), ¿Cómo puede alguien ver sin ruborizarse una serie titulada De culo y cuesta abajo? ¿Cómo puede uno recomendársela a los amigos, a los compañeros del trabajo y a los lectores de este blog?
Estas son mis razones.
Un producto más de la prolífica fábrica HBO, De culo y cuesta abajo es una comedia negra que probablemente nunca gane un Emmy ni pase a la historia de la televisión, pero su retrato irónico, desmitificador y amargo del sueño americano enganchará a quienes se atrevan a adentrarse en la vida de su protagonista, el impresentable Kenny Powers.
Kenny, interpretado por un fantástico Danny McBride, es una estrella del béisbol profesional cuyo rendimiento cae en picado por culpa de las tentaciones que acechan a todo deportista de éxito. Expulsado del equipo y con su carrera hecha trizas, Kenny vuelve al pueblo de Carolina del Norte donde nació y se pone a trabajar como entrenador en su antiguo colegio.
De culo y… (Eastbound & Down es su título original) parodia una figura clásica de la cinematografía estadounidense: el perdedor que trata de ponerse en pie. Kenny no se rinde a su suerte y decide entrenarse para fichar de nuevo por un equipo profesional. Él sigue empeñado en que es una estrella y se comporta como tal pese a que todo a su alrededor indica que está acabado (¿recuerdan a la Norma Desmond de El crepúsculo de los dioses?). Machista, grosero y egoísta hasta el extremo, Kenny es un ser despreciable y patético que -sin saber muy bien por qué- acaba cayéndonos bien. Quizá sea porque todos conocemos algún Kenny Powers o porque llevamos un Kenny Powers dentro.
Danny McBride (Tropic Thunder, Up in the Air…) es uno de los secundarios más solicitados en EEUU. Nacido y criado en el sur, estudió en la Escuela de Arte de la Universidad de Carolina del Norte con Ben Best y Jody Hill, los otros dos creadores y guionistas de la serie. Juntos firman todos los guiones de De culo y... Quizás de esa camaradería universitaria venga el aire de película gamberra made in USA que destila la serie. El personaje de Kenny Powers es, sin duda, la mejor creación de McBride hasta ahora.
Solo un detalle feo: Will Farrell, productor ejecutivo de la serie, hace una aparición desafortunada en un capítulo de la primera temporada, interpretando al dueño de un concesionario de coches de lujo que contrata a Kenny como reclamo publicitario. Se lo podía haber ahorrado.
Los actores secundarios, por el contrario, son excelentes. En la primera temporada, de solo seis capítulos, Katy Mixon interpreta a April Buchanon, novia de adolescencia de Kenny. Ambos vuelven a encontrarse en el colegio, donde ella trabaja como profesora. Steve Little es Stevie Janowski, amigo, secretario personal y única persona que sigue viendo a Kenny como una estrella.
Algo así como el Sancho Panza del quijotesco protagonista. Steve es también el único personaje que salta de la primera a la segunda temporada, recién emitida en EEUU. Con siete episodios, la nueva entrega está ambientada en una ciudad costera de México, donde Kenny busca otra oportunidad como beisbolista.
En España solo hemos visto, por ahora, dos capítulos en Digital Plus. Quizá no sean tan originales como los de la primera, pero en EE UU han tenido éxito de audiencia y HBO prepara ya una tercera temporada.
Un detalle más: las bandas sonoras son excelentes, tanto en la primera como en la segunda temporada.
Por Juan Pedro Velázquez-Gaztelu.
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