La entonces diputada federal, y actual secretaria ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES), María Elena Álvarez Bernal, recuerda con una sonrisa que fue más complicado convencer a algunas mujeres, porque sentían que iba a ser una discriminación inversa, que las mujeres tendrían su propio coto y realizarían acciones en las que no todas estaban de acuerdo.
Y es que algunas pensaban que trabajar por el derecho de las mujeres era recordar el feminismo inicial, donde era pelear contra los hombres, decir quítate para ponerme yo, “entonces para mí fue más difícil convencer a algunas mujeres, porque los varones lo veían un poco distante y como que se resignaban, decían: si ustedes quieren, adelante”.
Sin embargo, una vez que se convencieron las mujeres se dieron cuenta de que lo que se buscaba era la igualdad y no los resabios del feminismo, es decir la lucha frontal contra el hombre, de ocupar su lugar y una competencia.
De esa manera, el 24 de octubre de 2000 se presentó en la Cámara de Diputados la inicativa para la creación del Instituto Nacional de las Mujeres. El 29 de noviembre de ese año, el pleno de la Cámara votó dicha iniciativa y la aprobó con 407 votos a favor y una abstención.
Posteriormente, el 21 de diciembre, el Senado de la República también daría su visto bueno con 97 votos a favor. De tal manera, la Ley del Inmujeres se publicaría en el Diario Oficial de la Federación el 12 de enero de 2001.
María Elena Álvarez Bernal detalla que lo más difícil después de la creación del Instituto fue la elección de quien lo iba a encabezar, porque el PAN nunca había tomado ese tema como prioritario, pero llevaba ventaja porque un presidente priista le rechazó la iniciativa a las priistas.
Así que la primera ley que se aprobó con la administración de Vicente Fox fue la del Inmujeres, “entonces las priístas se sentían agredidas, humilladas y comenzaron a pelear por que la presidenta fuera de su partido, hicieron mucho cabildeo, propaganda entre los grupos de la sociedad, pero finalmente como la ley quedó en que era decisión del Presidente de la República elegir de la terna, escogió a Patricia Espinosa, aunque llegó con la oposición de todas”.
Después se mantuvo la batalla, ya que era necesario conformar los Consejos. Las priistas querían un Consejo Social y un Consejo de Control, para que vigilara cuentas, acciones y las panistas querían sólo un Consejo Social. Después de negociaciones se acordó que hubiera un Consejo Social y un Consejo Consultivo.
De esa manera, relata, los tres primeros años de Patricia Espinosa fueron de reacomodo, de entendimiento, “tuvimos mucho cuidado en que los Consejos fueran plurales y se acordó que a las Juntas de Gobierno del Instituto asistieran diputadas de cada partido en la proporción que tenían en la Cámara de Diputados, con voz pero sin voto, lo cual hacía que las Juntas fueran terriblemente difíciles porque duraban cinco o seis horas y tomaban la palabra para oponerse a todo”.
Rememora que fueron tres años muy difíciles que Patricia Espinosa pudo sortear y después llegó la primera batalla porque la Ley del Inmujeres establecía que el Presidente podría ratificar o cambiar a la presidenta, por lo que fue una lucha tremenda.
Se logró que el presidente Fox ratificara a Patricia Espinosa y los siguientes tres años fueron menos difíciles, no sin las posturas de confrontación, supervisión y fiscalización a todo, pero fue menor y se encontró la forma de llevar una relación más constructiva.
La institucionalización de la perspectiva de género implica garantizar, en el tiempo y en el espacio, la atención a las necesidades y el respeto a los derechos de las mujeres, es decir, independientemente de qué partido gobierne en nuestro país siempre habrán programas que apoyen a la mayoría de la población, las mujeres, con lo que se garantiza el pleno ejercicio de sus derechos, asegura María Elena Alvarez Bernal, secretaria ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).
Para la funcionaria federal, las leyes pueden estar promulgadas, pero si no se institucionalizan no se garantiza su cabal cumplimiento y el Inmujeres cumple esta función.
Considera que el Instituto Nacional de las Mujeres, a diez años de su creación, representa uno de los logros más importantes para las mexicanas. Significa el reconocimiento del gobierno a la situación de desigualdad en la que viven las mujeres; el reconocimiento de las mujeres como sujetos de intervención pública, representa una meta lograda, una batalla ganada.
Señala que el hecho de que exista un Instituto Nacional de las Mujeres es una respuesta a la necesidad de impulsar, promover y fomentar las condiciones que posibiliten la no discriminación, la igualdad de oportunidades y de trato entre los géneros; el ejercicio pleno de todos los derechos de las mujeres y su participación equitativa en la vida política, cultural, económica y social del país.
En la actualidad, apunta, el mayor reto para lograr la institucionalización de la perspectiva de género es modificar una cultura patriarcal milenaria, en la que el hombre es el que decide. Lograr que el hombre vea a la mujer como su igual, con las mismas capacidades y con las mismas necesidades de apoyo mutuo, no de quitarle el puesto al varón sino de complementarse. Lograr que hombres y mujeres se conciban como iguales.
Un reto muy importante, agrega, es optimizar las políticas públicas en los municipios, ya que es en las comunidades donde están más arraigadas las tradiciones de desigualdad y dominio del hombre sobre la mujer.
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